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jueves, 29 de febrero de 2024

Olas de calor marinas: el efecto devastador del cambio climático en los océanos







Las emisiones de gases de efecto invernadero están calentando el océano con profundas consecuencias en todos los niveles, desde las tasas de los organismos hasta los procesos de los ecosistemas. El factor inmediato es una interacción entre el calentamiento antropogénico y las fluctuaciones naturales en la temperatura local. Ahora, un nuevo artículo que acaba de ser publicado en la Revista Anual de Ecología, Evolución y Sistemática, destaca la interacción entre ambas condiciones.

Estas dos propiedades provocan que se produzcan fenómenos atípicamente cálidos, como las olas de calor marinas, con una frecuencia y magnitud cada vez mayores.

Sin embargo, la interacción entre el clima en constante calentamiento y los picos de las temperaturas locales tienden a subestimarse. Las investigaciones sobre el cambio climático a menudo se centran en la tendencia del calentamiento global.

Pero los organismos en el océano también están experimentando fluctuaciones de temperatura, y eso está menos estudiado y, por lo tanto, menos comprendido. Lo que estamos tratando de hacer es agregar más realidad a los estudios del cambio en el océano considerando tanto la tendencia suave y ascendente del calentamiento climático como así como la variabilidad además de esa tendencia.

El artículo propone un nuevo enfoque para comprender y modelar los efectos marinos, con sugerencias para futuras investigaciones.

El coral es un ejemplo que ilustra la necesidad de una mirada renovada. Aunque un organismo como éste ya está tratando de adaptarse a la tendencia del aumento de las temperaturas, luego sufre una ola de calor que provoca un aumento grande y repentino de la temperatura.

Estos picos tienden a provocar el blanqueamiento de los corales, que ocurre cuando, metabólicamente estresados, expulsan las algas microscópicas beneficiosas que viven dentro de ellos y se vuelven blancos. Si la temperatura se mantiene alta y las algas no pueden regresar a su coral huésped, el blanqueado morirá. Witman señaló que las olas de calor en el Mediterráneo han provocado un aumento del blanqueamiento de los corales y la muerte de corales y abanicos de mar.

Los fenómenos extremos, como las olas de calor, pueden alterar o dañar los ecosistemas marinos de manera que los dejen más vulnerables tanto al cambio climático progresivo como a la próxima fluctuación de temperatura. Un modelo más realista puede ayudar a los científicos a identificar mejor las áreas donde es más probable que los corales mueran en un evento extremo, dejando a los organismos dependientes de ellos en riesgo con el tiempo”.

En otros casos, la variabilidad de la temperatura puede provocar una respuesta opuesta en el organismo afectado: una capacidad de aclimatarse o adaptarse a temperaturas extremas, dependiendo de su frecuencia e intensidad. Estas respuestas a eventos variables recrudecen y se ven agravadas por los efectos causados por el incremento rápido y constante de las temperaturas del océano.

En la investigación colaboró con Andrew Pershing de la organización sin fines de lucro Climate Central, quien estudió biología en Brown; y John Bruno, profesor de biología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, quien obtuvo un doctorado en ecología y biología evolutiva en la misma universidad.

En el trabajo se consideró cómo los organismos y las comunidades se adaptan o ajustan tanto a tendencias suaves como a cambios variables, y luego revisaron los procesos que influyen en la velocidad a la que las comunidades marinas se ajustan a los cambios en su entorno físico, así como aquellos procesos que podrían dificultar la adaptación o la aclimatación. Los investigadores destacaron que todos estos factores ilustran por qué es clave considerar ambos tipos de cambio al estudiar los climas marinos.

Si simplemente estudiamos cómo responden los organismos a la tendencia suave, perdemos toda la variabilidad que está impulsando el cambio ecológico. No se trata sólo de un empeoramiento del estrés fisiológico con el tiempo; también hay eventos variables que tienen sus propios efectos en cadena.

Se creó un modelo global que muestra la variabilidad de la temperatura en relación con la tendencia, destacando regiones donde las temperaturas extremas probablemente tengan efectos particularmente nocivos. En las zonas del Golfo de Maine, el Mar Caribe y el Mar Mediterráneo, existen altas probabilidades de eventos excepcionales de calentamiento y sorpresas ecológicas.

Las especies fundamentales clave en estas regiones, como las algas marinas y los corales, ya han experimentado cambios sustanciales relacionados con el clima. Estas áreas, especialmente, merecen una investigación para mejorar nuestra comprensión de lo que sucederá en el futuro, así como nuestra concepción de lo que llamamos el nuevo océano.

Fuente: Infobae

Objetivos de desarrollo sostenible: 15 de 17

Objetivo 15: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras, detener la pérdida de biodiversidad

El Objetivo 15 pretende conservar la vida de ecosistemas terrestres. Busca proteger y restablecer los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras, y detener la pérdida de biodiversidad.

Los ecosistemas terrestres son vitales para el sostenimiento de la vida humana, contribuyen a más de la mitad del PIB mundial e incluyen diversos valores culturales, espirituales y económicos.

Sin embargo, el mundo se enfrenta a una triple crisis del cambio climático, a la contaminación y a la pérdida de la biodiversidad.

Más de 100 millones de hectáreas de tierras sanas y productivas se degradaron anualmente entre 2015 y 2019, lo que afectó a la vida de 1300 millones de personas.

La expansión agrícola es el motor directo de casi el 90 % de la deforestación mundial. Esta cifra guarda relación directa con nuestros sistemas alimentarios, pues la cosecha de palma de aceite representó por sí sola el 7 % de la deforestación mundial entre los años 2000 y 2018.

Los esfuerzos mundiales y regionales para mantener los ecosistemas forestales, así como sus funciones sociales, económicas y medioambientales, son esenciales especialmente para los países en desarrollo y los trópicos.

Para cumplir el Objetivo 15, es esencial un cambio fundamental en la relación de la humanidad con la naturaleza, y tomar conciencia de que la naturaleza es la base de nuestra vida en la Tierra. El Marco Mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica, recientemente adoptado, ofrece al Objetivo 15 un impulso renovado al esbozar cuatro objetivos orientados a resultados que deben alcanzarse para 2050 y 23 metas que deben lograrse para 2030.

¿Por qué debería importarnos?


Los bosques cubren casi el 31 % de la superficie de nuestro planeta y albergan más del 80 % de todas las especies terrestres de animales, plantas e insectos. Sin embargo, el deterioro de la biodiversidad se está produciendo a un ritmo más rápido ahora que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad.
A escala mundial, una quinta parte de la superficie terrestre del planeta está degradada, un área casi del tamaño de la India y Rusia juntas. La degradación de los suelos empuja a las especies a la extinción e intensifica los efectos del cambio climático.

La biodiversidad y los servicios de los ecosistemas que respalda también pueden sentar las bases de las estrategias de adaptación al cambio climático y reducción del riesgo de desastres, ya que pueden generar beneficios que aumenten la resiliencia de las personas.

¿Qué supone la pérdida de los bosques?


La pérdida de los bosques implica la desaparición de los medios de subsistencia de las comunidades rurales, el aumento de las emisiones de carbono, el deterioro de la biodiversidad y la degradación del suelo. Aunque el ritmo de pérdida neta de bosques sigue siendo elevado, los datos de 2020 muestran que la proporción de bosques en áreas protegidas y bajo planes de gestión a largo plazo aumentó o se mantuvo estable a nivel mundial y en la mayoría de las regiones del mundo.

Un efecto irreversible de la actividad humana sobre el medio ambiente es la extinción de especies, lo que altera el equilibrio de la naturaleza y hace que los ecosistemas sean más frágiles y ofrezcan menos resistencia a las perturbaciones. Según un reciente informe de la ONU sobre biodiversidad, cerca de un millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción, en muchos casos en las próximas décadas, más que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad.

¿Cómo afecta eso a la salud?


Una mayor demanda de proteínas animales, el aumento de una agricultura intensiva e insostenible, el uso y la explotación crecientes de la fauna salvaje y la crisis climática favorecen la aparición de enfermedades zoonóticas ―aquellas que pueden transmitirse entre animales y seres humanos― como la COVID-19.

Unos dos millones de personas mueren cada año a causa de enfermedades zoonóticas desatendidas, la mayoría en países de ingresos bajos y medios. Estos mismos brotes pueden causar graves enfermedades, muertes y pérdidas de productividad entre las poblaciones ganaderas del mundo en desarrollo, un grave problema que tiene sumidos en la extrema pobreza a cientos de millones de pequeños ganaderos. Las enfermedades zoonóticas han generado, solo en las dos últimas décadas, pérdidas económicas de más de 100 000 millones de dólares. Todo ello sin contar el coste de la pandemia de la COVID-19.

¿Qué podemos hacer?


Reciclar, seguir una dieta basada en productos locales de origen sostenible y consumir solamente lo que necesitamos son algunas de las cosas que podemos hacer para ayudar.

Debemos ser respetuosos con la fauna y únicamente participar en actividades de ecoturismo gestionadas de forma responsable y ética para evitar perturbarla. Las áreas protegidas bien gestionadas contribuyen a la salud de los ecosistemas, lo que a su vez contribuye a la salud de las personas. Por ello, es fundamental que las comunidades locales participen en el desarrollo y la gestión de estas áreas protegidas.

Fuente: Naciones Unidas

Objetivos de desarrollo sostenible: 14 de 17

Objetivo 14: Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos

El Objetivo 14 pretende conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos. La existencia humana y la vida en la Tierra dependen de unos océanos y mares sanos.

Los océanos son intrínsecos a nuestra vida en la Tierra. Cubren tres cuartas partes de la superficie terrestre, contienen el 97 % del agua de la Tierra y representan el 99 % del espacio vital del planeta por volumen.

Proporcionan recursos naturales clave como alimentos, medicinas, biocombustibles y otros productos; ayudan a descomponer y eliminar los residuos y a reducir la contaminación; y sus ecosistemas costeros contribuyen a reducir los daños causados por las tormentas. También constituyen el mayor sumidero de carbono del planeta.

La contaminación marina está alcanzando niveles extremos. Más de 17 millones de toneladas métricas contaminaban el océano en 2021, cifra que se duplicará o triplicará para el año 2040, lo que resulta preocupante. El plástico es el tipo de desecho marino más dañino.

En la actualidad, el pH medio del océano es de 8,1, aproximadamente un 30 % más ácido que en la época preindustrial. La acidificación de los océanos amenaza la supervivencia de la vida marina, perturba la cadena alimentaria y socava tanto los servicios vitales que prestan los océanos como nuestra propia seguridad alimentaria.

La gestión responsable de este vital recurso mundial es una de las claves de un futuro sostenible. Esto implica aumentar la financiación de la ciencia oceánica, intensificar los esfuerzos de conservación, y cambiar con urgencia el rumbo del cambio climático para salvaguardar el mayor ecosistema del planeta. Los esfuerzos actuales para proteger los océanos no responden aún a la urgente necesidad de salvaguardar este vasto, aunque frágil, recurso.

¿Por qué?


Los océanos son el soporte vital de nuestro planeta y regulan el sistema climático mundial. Constituyen el mayor ecosistema del mundo, albergan casi un millón de especies conocidas y presentan un enorme potencial científico sin explotar.

Los océanos y la pesca siguen cubriendo las necesidades económicas, sociales y medioambientales de la población mundial. A pesar de lo importante que es proteger los océanos, décadas de explotación irresponsable de los recursos han provocado un nivel alarmante de degradación.

Entonces, ¿cuál es el problema?


Los océanos absorben alrededor del 23 % de las emisiones anuales de CO2 generadas por la actividad humana y contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático. Además, absorben el 90 % del exceso de calor causado por el cambio climático. El calentamiento de los océanos está alcanzando niveles récord, lo que provoca olas de calor marinas generalizadas, amenaza sus ricos ecosistemas y destruye los arrecifes de coral de todo el mundo.


El aumento de los niveles de residuos en los océanos del mundo también supone un importante impacto medioambiental y económico. Se calcula que cada año llegan a los mares y océanos entre 5 y 12 millones de toneladas métricas de plástico, con un coste aproximado de 13.000 millones de dólares anuales, entre los que se incluyen los costes de limpieza y las pérdidas financieras sufridas por la pesca y otras industrias. Cerca del 89 % de los residuos plásticos encontrados en el fondo de los océanos son artículos de un solo uso, como bolsas de plástico.

Cerca del 80 % del turismo se concentra en zonas costeras. Se calcula que la industria del turismo marítimo y costero genera 134.000 millones de dólares al año y, en algunos países, esta industria representa ya más de un tercio de la mano de obra.

De no gestionarse de manera responsable, el turismo puede suponer una grave amenaza para los recursos naturales de los que depende, así como para la cultura e industria locales.

¿Qué relación tienen los océanos con nuestra salud?


La salud de los océanos está intrínsecamente ligada a la nuestra. La biodiversidad marina ofrece oportunidades muy importantes para la industria farmacéutica.

Además, el sector de la pesca marítima da empleo a 57 millones de personas en todo el mundo y constituye la principal fuente de proteínas de más del 50 % de la población de países menos desarrollados.

Entonces, ¿qué podemos hacer?


Para garantizar el desarrollo sostenible de las zonas de alta mar y de aguas profundas y proteger los hábitats más vulnerables, se necesita una mayor cooperación internacional. Para conservar la biodiversidad y garantizar un futuro sostenible al sector de la pesca, deben establecerse sistemas de gestión completos, eficaces y equitativos de áreas protegidas por el Estado.

Un ejemplo es el Acuerdo de Diversidad Biológica más allá de la Jurisdicción Nacional de 2023, que proporciona un marco legal para todas las actividades en los océanos y mares.

A nivel local, al comprar productos o consumir alimentos procedentes de los océanos, deberíamos tomar decisiones respetuosas con los mismos y consumir solamente lo que necesitamos. Reducir nuestro consumo de plástico es fundamental.

Fuente: Naciones Unidas

Objetivos de desarrollo sostenible: 13 de 17

Objetivo 13: Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos

El cambio climático afectará a todas las personas de todos los países de todos los continentes de alguna forma. Se avecina un cataclismo climático y no estamos preparados para las posibles consecuencias.

El cambio climático se debe a las actividades humanas y amenaza la vida en la Tierra tal como la conocemos. Con el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, el cambio climático evoluciona a un ritmo mucho más rápido de lo previsto. Sus efectos pueden ser devastadores y pueden provocar fenómenos meteorológicos extremos y cambiantes, así como la subida del nivel del mar.

De no controlarse, el cambio climático echará por tierra muchos de los avances logrados en materia de desarrollo en los últimos años. También provocará migraciones masivas que derivarán en inestabilidad y guerras.

Para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, las emisiones ya deberían estar disminuyendo y necesitan reducirse casi a la mitad para 2030, dentro de solo siete años. Sin embargo, estamos muy lejos de lograr este objetivo.

Es crucial tomar medidas urgentes y transformadoras que vayan más allá de meros planes y promesas. Esto exige aumentar las ambiciones, abarcar economías enteras y avanzar hacia un desarrollo resiliente al clima, al tiempo que se traza una trayectoria clara para lograr cero emisiones netas. El tiempo se acaba y es necesario tomar medidas inmediatas para evitar consecuencias catastróficas y garantizar un futuro sostenible a las generaciones venideras.

Acción inmediata


La crisis climática no va a parar, y la comunidad internacional rehúye el compromiso necesario para revertirla. El período comprendido entre 2010 y 2019 fue la década más calurosa que se haya registrado jamás y trajo consigo incendios forestales, huracanes, sequías, inundaciones y otros desastres naturales masivos en todos los continentes.

El cambio climático está alterando las economías nacionales y afectando a las distintas vidas y medios de subsistencia de muchas personas, especialmente las más vulnerables.

Entre 2010 y 2020, las regiones altamente vulnerables en las que viven aproximadamente entre 3300 y 3600 millones de personas, experimentaron tasas de mortalidad humana por inundaciones, sequías y tormentas 15 veces superiores a las de las regiones con una vulnerabilidad muy baja.

¿Qué pasa si no se toman medidas?


De no controlarse, los efectos del cambio climático elevarán la temperatura media mundial por encima de los 3 °C y afectarán negativamente a todos los ecosistemas. Ya se puede observar cómo el cambio climático puede intensificar tormentas y catástrofes, así como hacer que amenazas como la escasez de alimentos y agua se conviertan en realidad y desemboquen en conflictos. Quedarnos de brazos cruzados acabará costándonos mucho más que si tomamos acción inmediata.

La solución del problema


Es necesario aumentar la ambición y actuar en todos los niveles para hacer frente al cambio climático. Están sucediendo muchos cambios en todo el mundo, y las inversiones en energías renovables se han disparado. Aún así, queda mucho por hacer. Para limitar el aumento global de la temperatura muy por debajo de los 2 °C, o incluso de 1,5 °C, el mundo debe transformar sus sistemas energéticos, industriales, de transporte, alimentarios, agrícolas y forestales. El mundo dio un primer paso importante en diciembre de 2015 con la adopción del Acuerdo de París, en el que todos los países firmantes se comprometieron a tomar medidas para hacer frente al cambio climático. A pesar de ello, se necesitan más medidas para cumplir los objetivos.

Las empresas y los inversores deben asegurarse de que se reducen las emisiones, no solo porque es lo correcto, sino también porque es conveniente desde el punto de vista económico y empresarial.

¿Hay suficiente inversión para combatir el cambio climático?


Según la CMNUCC, los flujos financieros mundiales invertidos en acciones para combatir el cambio climático alcanzaron un promedio anual de 803.000 millones de dólares entre 2019 y 2020, un aumento del 12 % en comparación con años anteriores. Sin embargo, además de que esta cifra sigue estando por debajo de los niveles necesarios para frenar el calentamiento, los flujos financieros invertidos en combustibles fósiles superaron la financiación destinada a la adaptación y mitigación del cambio climático en 2020.

En 2019, al menos 120 de 153 países en desarrollo habían emprendido actividades para formular y aplicar Planes Nacionales de Adaptación para mejorar la adaptación y la resiliencia frente al cambio climático, lo que representa un aumento de 29 países respecto al año anterior. Además, los avances en el cumplimiento del objetivo para la reducción de los desastres de 2020 han sido lentos.

Fuente: Naciones Unidas

miércoles, 28 de febrero de 2024

Así es la lucha desesperada de los osos polares por encontrar comida en un Ártico que se derrite


En un mundo donde el cambio climático está alterando los hábitats naturales a un ritmo apresurado, los osos polares se han convertido en uno de los símbolos de la lucha por la supervivencia. Los veranos se alargan, las temperaturas del planeta aumentan y cada vez hay menos hielo. Cuando los bloques helados del Ártico desaparecen, los osos pasan más tiempo en tierra, donde es difícil conseguir alimento, pues sus estrategias tradicionales de caza aprovechándose del hielo marino son menos efectivas. Un estudio publicado hoy en Nature Communications presenta un retrato de los desafíos a los que se enfrentan para no morir de hambre los 25.000 osos polares que quedan en el planeta.


En el periodo del final de la primavera y el principio del verano, los osos polares utilizan el hielo marino como plataforma para cazar. Se alimentan principalmente de focas que están pariendo y destetando a sus crías en la misma temporada. Cuando el hielo se derrite, los gigantes árticos tienen que disminuir su actividad lo más posible para conservar energía. Un equipo de científicos, liderado por el biólogo de vida silvestre Anthony Pagano, del Servicio Geológico de los Estados Unidos, observó de cerca a osos polares durante tres semanas del verano. Para lograrlo, colocaron collares equipados con cámaras y GPS en una veintena de osos en la bahía de Hudson occidental, en Manitoba (Canadá). En esta zona la población ha disminuido al rededor de un 30% desde 1987 y el periodo sin hielo ha aumentado tres semanas desde 1979, manteniendo a los osos en tierra durante aproximadamente 130 días en la última década.


Tras analizar las imágenes, descubrieron que los osos intentaron diferentes tácticas para alimentarse y mantener reservas de energía, incluyendo carroñear y descansar a niveles similares que los osos pardos cuando entran en hibernación. El 70% de los que estuvieron activos consumían alimentos terrestres como bayas, hierbas y cadáveres de aves. Tres osos se aventuraron a nadar largas distancias para encontrar comida en el agua y aunque dos de ellos encontraron restos de belugas y focas, no consiguieron comer mientras nadaban ni llevarlos a tierra.


Independientemente de su estrategia de alimentación o descanso, hubo una disminución consistente en la masa corporal y 19 de los 20 perdieron un promedio de 1 kilogramo por día. “Un aumento continuo en la duración del verano en tierra estará asociado con un mayor riesgo de inanición”, dice Pagano. “Ninguna de las estrategias permitirá a los osos polares existir en tierra más allá de cierta cantidad de tiempo. Incluso aquellos osos que estaban buscando comida perdieron peso al mismo ritmo que los que se acostaron”, agrega Charles Robbins, director del Centro de Osos de la Universidad Estatal de Washington y coautor del estudio.


Se ha especulado con que los osos polares podrían adaptarse a las estaciones sin hielo buscando alimento terrestre, pero el estudio demuestra que no es tan fácil encontrarlo y que no les aporta los nutrientes o energía que necesitan, por lo que terminan sufriendo hambruna. David Nogués Bravo, macroecólogo del Centro de Macroecología, Evolución y Clima de Universidad de Copenhague que no ha participado en el estudio, explica que la falta de comida “reduce la probabilidad de mantener el reemplazo generacional” y agrega que “los alimentos terrestres les dieron cierto beneficio energético, pero en última instancia tuvieron que gastar más energía para acceder a esos recursos”.


El hielo que cubre el Ártico llega a su mínimo cada mes de septiembre y cada año es menor que el anterior. Según datos de la NASA, basados en varios de sus satélites, la extensión del casquete polar ha disminuido a un ritmo del 12,6% cada década desde 1980. Un estudio de 2023 apoyado en observaciones de satélites de la NASA y la ESA pronostica que entre 2030 y 2050 llegará el primer septiembre sin hielo. Y si no se reducen las emisiones de efecto invernadero, para 2100 la región ártica pasará hasta medio año sin hielo.


Los hallazgos del estudio tienen importantes implicaciones para la conservación de los osos polares, pero también invitan a indagar en las repercusiones que tiene para los ecosistemas marinos y terrestres del Ártico. La presencia de estos animales cazando durante más tiempo en zonas terrestres tiene impactos indirectos en otras especies como las aves, según explica Nogués. “Los osos son capaces de comer docenas de huevos en poco tiempo y reducen la probabilidad que esas poblaciones de aves tienen para sobrevivir”, agrega.


Que los osos polares están en grave peligro de extinción no es nada nuevo.

Lo sorprendente es la disminución masiva de las crías y la inanición que enfrentan los adultos a causa del derretimiento del hielo marino. “He visto osos polares en el Ártico y es ensombrecedor presenciar el camino de esta especie hacia su probable extinción funcional en un futuro no muy lejano”, relata Nogués, quien hace hincapié en que es importante tener en cuenta que “la crisis de la biodiversidad y la crisis climática no son dos crisis diferentes, sino dos caras de una misma moneda”.


Fuente: El Pais

Objetivos de desarrollo sostenible: 12 de 17

Objetivo 12: Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles

El Objetivo 12 pretende garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles, algo fundamental para sostener los medios de subsistencia de las generaciones actuales y futuras.

Nuestro planeta se está quedando sin recursos, pero el índice de población sigue creciendo. En caso de que la población mundial alcance los 9800 millones de personas en 2050, se podría necesitar el equivalente a casi tres planetas para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los estilos de vida actuales.

Para reducir nuestros niveles de consumo, debemos cambiar nuestros hábitos de consumo, y una de las principales medidas que debemos adoptar es sustituir los sistemas de suministro energético por otros más sostenibles. Las crisis mundiales provocaron un resurgimiento de las subvenciones a los combustibles fósiles, que casi se duplicaron de 2020 a 2021.

Se están produciendo cambios prometedores en las empresas, como la tendencia al aumento de la elaboración de informes de sostenibilidad ―que en apenas unos años se ha visto casi triplicada―, lo que demuestra un mayor nivel de compromiso y concienciación sobre la necesidad de dar prioridad a las prácticas sostenibles en todos los sectores empresariales.

El desperdicio de alimentos es otro indicio del consumo excesivo. Abordar la pérdida de alimentos es urgente y requiere políticas específicas basadas en datos, así como inversiones en tecnologías, infraestructuras, enseñanza y supervisión. A pesar de que una gran parte de la población mundial pasa hambre, cada año se desperdicia la asombrosa cantidad de 931 millones de toneladas de alimentos.

¿Por qué debemos cambiar nuestros hábitos de consumo?


El progreso económico y social conseguido durante el último siglo ha estado acompañado de una degradación medioambiental que está poniendo en peligro los mismos sistemas de los que depende nuestro desarrollo futuro y, ciertamente, nuestra supervivencia.

Para que la transición tenga éxito, es necesario potenciar el aprovechamiento eficaz de los recursos, tener en cuenta todo el ciclo de vida de las actividades económicas y participar activamente en los acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente.

¿Qué tiene que cambiar?


Son muchos los hábitos de consumo que, si se modifican ligeramente, pueden tener un gran impacto en la sociedad.

Los gobiernos deben implantar y poner en práctica políticas y normativas que recojan medidas como el establecimiento de objetivos para reducir la generación de residuos, el fomento de prácticas de economía circular, y el apoyo a políticas de contratación sostenible.

La adopción de una economía circular implica diseñar productos duraderos, reparables y reciclables. También implica promover prácticas como la reutilización, el reacondicionamiento y el reciclaje de productos para minimizar los residuos y el agotamiento de los recursos.

Además, se puede adoptar un estilo de vida más sostenible: consumir menos, elegir productos con menor impacto ambiental y reducir la huella de carbono de nuestras actividades cotidianas.

Como empresa, ¿cómo puedo ayudar?


A las empresas les conviene encontrar nuevas soluciones que permitan modelos de consumo y producción sostenibles. Es necesario conocer más a fondo las repercusiones medioambientales y sociales que tienen ciertos productos y servicios, tanto en lo que respecta a su ciclo de vida como al modo en que se ven alterados por su uso en los diferentes estilos de vida.

Las soluciones innovadoras y de diseño facilitan e inspiran a las personas a adoptar estilos de vida más sostenibles, lo que reduce su impacto y mejora su bienestar.

Como consumidor, ¿cómo puedo ayudar?


Hay dos maneras principales de ayudar:

  1. Reducir los residuos generados 
  2. Pensar bien lo que se compra y elegir una opción sostenible siempre que sea posible.

Evitar tirar comida y reducir el consumo de plástico, una de las causas principales de contaminación de los océanos. Tener siempre encima una bolsa reutilizable, negarse a usar pajitas de plástico y reciclar botellas de plástico son buenas formas de contribuir en el día a día.

Tomar decisiones inteligentes acerca de las compras también ayuda. Comprar productos sostenibles y locales puede suponer una diferencia, además de que presiona a las empresas para que adopten prácticas sostenibles.

Fuente: Naciones Unidas

Objetivos de desarrollo sostenible: 11 de 17

Objetivo 11: Lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles

El Objetivo 11 pretende lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

Las ciudades representan el futuro del modo de vida global. La población mundial alcanzó los 8000 millones de personas en 2022, de las cuales más de la mitad viven en zonas urbanas. Se prevé que esta cifra aumente y que para 2050 el 70 % de la población vivirá en ciudades.

Aproximadamente 1100 millones de personas viven actualmente en barrios marginales, o en condiciones similares en las ciudades, y se espera que en los próximos 30 años haya 2000 millones más.
Sin embargo, muchas de estas ciudades no están preparadas para esta rápida urbanización, y el desarrollo de la vivienda, las infraestructuras y los servicios se ve superado, lo que provoca un crecimiento de los barrios marginales o de condiciones similares.

El crecimiento urbano descontrolado, la contaminación atmosférica y la escasez de espacios públicos abiertos persisten en las ciudades.

Desde la implementación de los ODS en 2015 se han realizado grandes progresos y, a día de hoy, el número de países con estrategias nacionales y locales de reducción del riesgo de catástrofes se ha duplicado. No obstante, siguen existiendo problemas y, en 2022, solo la mitad de la población urbana mundial tenía acceso al transporte público.

No es posible alcanzar el desarrollo sostenible sin transformar significativamente la forma en que se construyen y gestionan los espacios urbanos.

¿Por qué no están las ciudades preparadas para el futuro?


La mayor parte del crecimiento urbano ocurre en ciudades pequeñas y pueblos intermedios, exacerbando las desigualdades y la pobreza urbana.

Se estima que, en 2020, 1100 millones de residentes urbanos vivían en barrios marginales o en condiciones similares y, en los próximos 30 años, se espera que otros 2000 millones de personas vivan en tales asentamientos, principalmente en países en desarrollo.

¿Cuáles son los retos más urgentes a los que se enfrentan las ciudades?


La desigualdad y los niveles de consumo urbano de energía y de contaminación son algunos de los principales retos. Las ciudades apenas ocupan el 3 % de la superficie terrestre, pero suponen entre el 60 % y el 80 % del consumo energético y el 75 % de las emisiones de carbono.

Asimismo, muchas ciudades son más vulnerables a los efectos del cambio climático y a los desastres naturales debido a su elevada concentración de población y a su ubicación, por lo que mejorar la resiliencia urbana es crucial para evitar pérdidas humanas, sociales y económicas.

¿En qué me afecta?


Con el tiempo, estos problemas afectarán a toda la población. La desigualdad puede generar malestar e inseguridad, la contaminación deteriora la salud de la población y afecta a la productividad de los trabajadores y, por tanto, a la economía, y los desastres naturales pueden alterar el estilo de vida de las personas. La contaminación del aire no es solo un problema urbano que perjudica la salud de millones de personas, sino que también afecta a los pueblos y las zonas rurales.

¿Y si dejamos que las ciudades crezcan orgánicamente?


Los enormes barrios marginales, la congestión del tráfico, las emisiones de gases de efecto invernadero y la proliferación de suburbios en todo el mundo son algunas de las consecuencias del desarrollo urbano no planificado.

Al apostar por la sostenibilidad, elegimos construir ciudades en las que todos los ciudadanos tengan una calidad de vida digna y formen parte de la dinámica productiva de la ciudad, lo que genera prosperidad compartida y estabilidad social sin dañar el medio ambiente.

¿Sale caro implementar prácticas sostenibles?


En comparación con los beneficios, el coste es mínimo. El coste de crear una red de transporte público funcional, por ejemplo, es elevado, pero los beneficios en términos de actividad económica, calidad de vida, medio ambiente y éxito general de una ciudad interconectada son aún mayores.

¿Qué puedo hacer para contribuir a lograr este objetivo?


Participe activamente en la administración y gestión de su ciudad. Defienda el tipo de ciudad que cree que necesita.

Defina el concepto general de su edificio, calle y barrio, y actúe en consecuencia para conseguirlo. ¿Hay suficiente trabajo? ¿Pueden caminar sus hijos al colegio de forma segura? ¿Puede salir a pasear con su familia por la noche? ¿A qué distancia está la parada de transporte público más cercana? ¿Es buena la calidad del aire? ¿Cómo son los espacios públicos compartidos? Cuanto mejores sean las condiciones en que se desenvuelve la comunidad, mayor será el efecto sobre la calidad de vida.

Fuente: Naciones Unidas


El cambio climático en América Latina quema montes, arrasa litorales y viola los derechos humanos


Los daños al medio ambiente derivados del cambio climático se extienden a lo largo y ancho de las Américas. El Niño, La Niña y otros fenómenos climáticos extremos asociados, como sequías, heladas y nevadas inusuales, incendios forestales o huracanes, entre otros, se han vuelto habituales en los últimos años. Esto genera impactos en los derechos de las personas y pone en riesgo a las generaciones futuras.

El 25 de octubre de 2023, en la costa pacífica de México, el Huracán Otis dejó un balance de 50 muertos y 30 desaparecidos. Esta tormenta de categoría 5 golpeó Acapulco con unos vientos máximos sostenidos de 260 km/h y rachas de hasta 315 km/h. Las cifras lo convierten en el cuarto ciclón tropical con vientos más rápidos de la historia a nivel mundial y uno de los huracanes más fuertes que se hayan registrado nunca en el Pacífico mexicano.

Otis no solo dejó decenas de personas muertas y desaparecidas, sino que causó graves daños a la infraestructura de la región. Cientos de miles de personas perdieron sus hogares y tienen acceso limitado a agua potable, saneamiento, alimentación y atención sanitaria.

En Chile, la región de Valparaíso ha sufrido uno de los peores incendios de su historia. Hasta principios de febrero de 2024, se han reportado 11 000 hectáreas arrasadas, 112 muertos y más de 3 000 casas quemadas.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, América Latina esuna de las regiones donde los efectos e impactos del cambio climático serán más intensos. Ello se refleja a través de olas de calor, disminución del rendimiento de los cultivos, incendios forestales, agotamiento de los arrecifes de coral y los eventos extremos del nivel del mar.


EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS

Sólo en 2020, más de 30 millones de personas en todo el mundo se vieron desplazadas por desastres naturales, incidiendo directamente sobre su derecho a la vivienda y a la educación.


De acuerdo con UNICEF, más de dos millones de niños y niñas de América Latina y el Caribe se ven afectados cada año por un evento climático extremo o un desastre climático.


En el año 2021, Guatemala, Honduras y Nicaragua fueron los países Latinoamericanos más afectados en relación con el derecho humano a la alimentación, con más de 964 000 hectáreas de cultivos dañadas.


En el año 2022, se reportaron en América Latina y Caribe un total de 1 153 fallecidos y 10 millones de personas afectadas como consecuencia directa de los fenómenos climáticos extremos.

El deshielo de los glaciares, cada vez más pronunciado, amenaza los ecosistemas y la futura seguridad hídricade millones de personas. En el verano de 2022, se produjo una pérdida casi total del manto de nieve en los glaciares de los Andes Centrales. Mientras que la sequía en la cuenca del Paraná-Plata, uno de los principales graneros del mundo, fue la peor desde 1944.

El cambio climático compromete el disfrute de todos los derechos humanos, incluyendo el derecho a la vida, a la vivienda, a la educación, al agua y saneamiento, a la alimentación, a la salud, al desarrollo, a la seguridad personal y a un nivel adecuado de vida entre otros.


EL PAPEL DE LAS INSTANCIAS INTERNACIONALES

¿Pueden hacer algo las instancias internacionales de protección de los derechos humanos para paliar la afección sobre los derechos fundamentales de las personas más vulnerables?


Tanto de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) como de la Corte Europea de Derechos Humanos (ECHR) han puesto de manifiesto el vínculo existente entre el cambio climático, la protección del medio ambiente y el cumplimiento de los derechos humanos.


La Resolución 3001 de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de junio de 2023 “Hacia un mejor financiamiento climático”reconoce los riesgos que afrontan los estados más vulnerables, así como la necesidad de mejorar los esfuerzos para afrontar los daños producidos por el cambio climático.


A nivel universal, en noviembre de 2023 la Asamblea General de las Naciones Unidas realizó una solicitud a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para que aclarara las obligaciones de los Estados con respecto al cambio climático.

La solicitud insta, entre otras cuestiones, a que se evalúe cuáles son las obligaciones de los Estados en virtud del derecho internacional. Esto con el fin de garantizar la protección del sistema climático frente a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Unos meses antes, en enero de 2023, las Repúblicas de Colombia y de Chile solicitaron a la Corte IDH una opinión consultiva con el propósito de aclarar el alcance de las obligaciones estatales, en su dimensión individual y colectiva, para responder a la emergencia climática dentro del marco del derecho internacional de los derechos humanos.

Aunque a las personas no familiarizadas con el sistema internacional de protección de los derechos humanos les pueda parecer que el recurso a estos organismos no sirve para mucho, la realidad es bien diferente. Los documentos que se emiten por estas instancias pasan a formar parte del acervo normativo internacional, lo que guiará las actuaciones a seguir por parte de los Estados que integran la comunidad internacional a este respecto.

¿QUÉ PODEMOS HACER A TÍTULO INDIVIDUAL O INSTITUCIONAL?

Cada uno de nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, podemos contribuir a través de nuestras acciones cotidianas a establecer las bases necesarias para mejorar esta situación.

Desde el grupo de investigación de la Universidad Internacional de Valencia EG-VIU, hemos respondido a la invitación a realizar observaciones sobre la opinión consultiva realizada por la Corte IDH en respuesta a la solicitud de las Repúblicas de Chile y Colombia. Una postura compartida con otras instituciones internacionales.


Se solicita a la Corte IDH que establezca estándares de derechos humanos para la adopción de leyes y políticas de prevención, mitigación y adaptación al cambio climático. También se pide la inclusión de las obligaciones internacionales de los Estados recogidas en el Acuerdo de París sobre cambio climático, con un enfoque desde los derechos humanos y dentro del ámbito interamericano.The Conversation


Fuente: National Geographic

Objetivos de desarrollo sostenible: 10 de 17

Objetivo 10: Reducir la desigualdad en y entre los países

La desigualdad amenaza el desarrollo social y económico a largo plazo, frena la reducción de la pobreza y destruye el sentido de realización y autoestima de las personas.

En la mayoría de los países, los ingresos del 40 % más pobre de la población aumentaron con mayor rapidez que la media nacional. Sin embargo, los últimos datos, aún no concluyentes, sugieren que la COVID-19 puede haber perjudicado esta tendencia positiva de reducción de la desigualdad dentro de los países.

La pandemia también provocó el mayor aumento de la desigualdad entre países en tres décadas. Para reducir la desigualdad tanto dentro de los países como entre ellos es necesario distribuir equitativamente los recursos, invertir en la enseñanza y el desarrollo de capacidades, implementar medidas de protección social, luchar contra la discriminación, apoyar a los grupos marginados y fomentar la cooperación internacional para un comercio y sistemas financieros justos.

¿Por qué hay que reducir la desigualdad?


La desigualdad por razón de ingresos, sexo, edad, discapacidad, orientación sexual, raza, clase, etnia, religión, así como la desigualdad de oportunidades, sigue persistiendo en todo el mundo. La desigualdad amenaza el desarrollo social y económico a largo plazo, frena la reducción de la pobreza y destruye el sentido de realización y autoestima de las personas. Esto, a su vez, puede resultar en delincuencia, enfermedades y degradación ambiental.

Es imposible lograr un desarrollo sostenible y mejorar el planeta si se priva a la gente de la oportunidad de tener una vida mejor.

¿Qué ejemplos de desigualdad hay?


Las mujeres y niños sin acceso a asistencia sanitaria mueren cada día de enfermedades prevenibles como el sarampión y la tuberculosis o durante el parto. Las personas mayores, los migrantes y los refugiados se enfrentan a la falta de oportunidades y la discriminación, un problema que afecta a todos los países del mundo. Una de cada cinco personas afirma haber sido discriminada por al menos un motivo de discriminación prohibido por el derecho internacional de los derechos humanos.

Una de cada seis personas en el mundo ha sufrido algún tipo de discriminación, afectando de forma desproporcionada a mujeres y personas con discapacidad.

La discriminación tiene múltiples formas interrelacionadas, desde la religión y la etnia hasta el género y la orientación sexual. Por ello, es urgente adoptar medidas contra todo tipo de prácticas discriminatorias y discursos de odio.

¿Cómo acabamos con la discriminación?


En el mundo de hoy, todos estamos interconectados. Los problemas y los desafíos, ya se trate de la pobreza, el cambio climático, las migraciones o las crisis económicas, no se limitan nunca a un país o a una región. Incluso en los países más ricos sigue habiendo comunidades que viven en la miseria. Las democracias más antiguas siguen enfrentándose al racismo, la homofobia y la transfobia, así como a la intolerancia religiosa. La desigualdad mundial nos afecta a todos, independientemente de quiénes somos o de nuestro lugar de procedencia.

¿Podemos lograr la igualdad para todos?


La igualdad puede y debe lograrse a fin de garantizar una vida digna para todos. Las políticas económicas y sociales deben ser universales y prestar especial atención a las necesidades de las comunidades desfavorecidas y marginadas.

¿Qué podemos hacer?


La reducción de la desigualdad exige un cambio transformador. Es preciso redoblar los esfuerzos para erradicar la pobreza extrema y el hambre, e invertir más en salud, educación, protección social y trabajo decente, especialmente en favor de los jóvenes, los migrantes y otras comunidades vulnerables.

Dentro de los mismos países, es importante potenciar y promover el crecimiento económico y social inclusivo. Podemos garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad de los ingresos si eliminamos las leyes, políticas y prácticas discriminatorias.

Entre países, debemos garantizar que los países en desarrollo estén mejor representados en el proceso de toma de decisiones sobre los problemas mundiales, a fin de que las soluciones sean más eficaces, más dignas de crédito y más responsables.

Los gobiernos y otras partes interesadas pueden también promover la migración segura, regular y responsable, entre otras cosas mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas, para los millones de personas que han abandonado sus hogares en busca de mejores condiciones de vida debido a la guerra, la discriminación, la pobreza, la falta de oportunidades y otras causas de la migración.

Fuente: Naciones Unidas