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martes, 27 de junio de 2017

PARA SALVAR EL VINO CHILENO DEL CAMBIO CLIMÁTICO, LOS PRODUCTORES SE ESTÁN YENDO AL SUR


El ritmo del cambio climático en las próximas dos décadas obligará a las bodegas del centro de Chile a tomar importantes decisiones respecto del futuro de su negocio, dijo el profesor Meza.

Para salvar al vino chileno de cambio climático, los productores se están yendo al sur


Ante condiciones de cultivo cada vez más inhóspitas, la industria vitivinícola chilena se está trasladando al sur y experimentando con nuevas cepas.

En lo profundo de los bosques lluviosos de la comuna chilena de La Unión, 790 kilómetros (490 millas) al sur de Santiago y accesible sólo con vehículos 4x4, se halla un viñedo poco común. Viña Trapi produce chardonnay, sauvignon blanc, pinot noir y riesling de vides plantadas en el barro de las colinas. La región recibe un promedio de 1,33 metros de precipitaciones por año, frente a sólo 37 centímetros en la región de Valparaíso, donde se ubica la mayoría de los viñedos chilenos.

Los propietarios, Luis Moller y Rodrigo Romero, decidieron experimentar con la viticultura en La Unión en 2010 tras descubrir una variedad de vides silvestres que crecía “fabulosamente” en el bosque junto al río Bueno. Se cree que las vides fueron plantadas por los españoles en algún momento del siglo XVIII. El experimento se ha convertido en un viñedo boutique de 18 hectáreas que ahora abastece de uvas silvestres a bodegas más grandes del centro de Chile. Nada de esto habría sido posible sin las condiciones meteorológicas extremas de la región.

“El cambio climático es muy evidente”, dijo Moller, cuando se le preguntó por qué eligió cultivar en una ubicación tan inusual. “Ahora todo el mundo en la industria vitivinícola está mirando hacia esa frontera”.

Trapi este año produjo 5.000 botellas de vino con 28.000 kilos de uvas. La más barata, la de chardonnay, cuesta US$20 y la más cara, la de pinot noir, unos US$23. Es tan exclusiva que sólo se vende en tres vinerías especializadas y tres restaurantes de Santiago.
Chile tuvo temperaturas máximas récord este verano, lo que provocó los peores incendios que se recuerden. Las plantaciones forestales, los viñedos y los bosques nativos sufrieron daños.

Este año hubo “una primavera calurosa y un verano de calor intenso”, dijo Francisco Meza, profesor de Agricultura de la Universidad Católica de Santiago. El calor hizo que los cultivos atravesaran su ciclo de crecimiento un 10 por ciento más rápido que lo habitual, agregó.

La cosecha de las uvas se adelantó tres semanas este año como resultado de las temperaturas abrasadoras y la producción se redujo más de un 10 por ciento con respecto a la del año anterior, de acuerdo con un informe emitido por el Ministerio de Agricultura de Chile en abril.

Sin embargo, Viña Trapi no se vio afectada por el calor gracias a las fuertes lluvias, dijo Moller.
Un número creciente de viñedos ubicados en los históricos valles de Colchagua, Casablanca y Leyda también han empezado a analizar mudarse al sur, señaló Christian Porte, propietario de la viña Coteaux de Trumao de la región lluviosa de Los Lagos.

“Las viñas del centro de Chile están invirtiendo más y más en esta zona, escapando del cambio climático”, dijo Porte. “Hay oportunidades reales de elaborar un gran pinot noir aquí… Necesita la acidez del sur”.

El ritmo del cambio climático en las próximas dos décadas obligará a las bodegas del centro de Chile a tomar importantes decisiones respecto del futuro de su negocio, dijo el profesor Meza.

“Una decisión de inversión es tremendamente importante para las bodegas, razón por la cual la mayoría prefiere esperar a que haya más evidencias y certeza sobre la magnitud y el alcance antes de mudarse”, añadió.

FUENTE: El Mostrador, 26 / junio / 2017

LA INDUSTRIA RESPONDE AL CAMBIO CLIMÁTICO


La temperatura del planeta se incrementa con el cambio climático en dos grados cada siglo.   


Cuando, el pasado 2 de junio, el presidente de EE UU Donald Trump decidió que su país dejaba de ser un aliado del planeta contra el cambio climático —“es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”—, muchos ejecutivos se revolvieron en sus sillas. La industria, aunque solo sea por pura necesidad, reaccionó contra el demoledor anuncio del segundo país emisor de gases efecto invernadero del globo, y lo hizo para tomar partido por un futuro donde las energías renovables cambien el inquietante curso actual de los acontecimientos. Exxon Mobil, Chevron, General Electric, Apple, Google, Microsoft, Intel, Nike, Gap, Levi’s o Starbucks se posicionaron ante el “error colosal” de Trump. A este lado del Atlántico, Europa se mantuvo firme: “No habrá una renegociación del acuerdo de París”, fue el mensaje unánime.

Al fin y al cabo es una elección entre susto o muerte. “Tenemos que cambiar el modelo del desarrollo. Las perspectivas demográficas hablan de que la población va a crecer hasta los 9.500 millones de habitantes en 2050 y el 70% va a vivir en ciudades. La presión sobre los recursos será enorme…, la demanda de energía va a crecer más de un 30% para satisfacer las necesidades. Pero si seguimos consumiendo al ritmo actual nos harán falta tres planetas. Necesitamos desvincular el crecimiento de las emisiones”, pronostica Daniel Calleja. El director general de medio ambiente de la Comisión Europea fue uno de los participantes en el desayuno de redacción sobre el cambio climático patrocinado por Acciona y organizado por EL PAÍS en un momento de zozobra política y de grandes decisiones, también en España. El Gobierno prepara la ley de cambio climático, una norma que, según Valvanera Ulargui, directora general de la Oficina Española de Cambio Climático y Transición Energética, debería enfocarse con una gran ambición, para que permanezca en el tiempo. “La cumbre de París [COP21] fue una llamada a todos los agentes. El compromiso del Gobierno es la elaboración de esta ley; tenemos que apostar por reducir un 40% las emisiones de aquí a 2030”.

¿Cómo? Joaquín Mollinedo, director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad de Acciona, centró el debate en los esfuerzos que se necesitan para ese cambio de modelo: “El nuevo paradigma de energía limpia exige la electrificación y la descarbonización de la economía. Las renovables son ya competitivas, no son necesarios modelos clásicos de impulso. Las Administraciones públicas pueden aparecer como prescriptores de su uso e introducir criterios renovables en procedimientos de licitación de sus propios consumos. O establecer fórmulas que promuevan el consumo responsable por parte de sus consumidores a través de beneficios en los impuestos de la electricidad”.

Los Gobiernos tienen en su mano iniciar ese cambio, por ejemplo con la modificación de tarifas eléctricas “de modo que se estimule el consumo de renovables en determinados periodos de tiempo: extendiendo las tarifas supervalle para recarga de vehículos eléctricos o incluir información mucho más detallada en la factura eléctrica y no, como se venía haciendo hasta ahora, señalar los impuestos a las renovables para demonizar esa energía”. Según Mollinedo son necesarios, a la vez, incentivos a la demanda e impulsos a la inversión. Y en lo segundo, las empresas piden que se eliminen trabas —“estamos llenos de cánones, autonómicos, locales, impuestos…”— y se reforme el sistema tributario para penalizar a las entidades más contaminantes.

Porque, como ocurre con el paso del tiempo, algunos acontecimientos son inexorables, y el cambio climático tiene su propia inercia. Javier Martín, climatólogo y catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona, alertó sobre sus consecuencias. “La cuenca del Mediterráneo, incluida la Península, está mostrando una elevación de la temperatura algo superior a la media planetaria. Los últimos datos hablan de 0,24 grados por década desde 1950 hasta la actualidad. Más de dos grados en un siglo.

Y eso es mucho”. Lo que le preocupa es la urgencia en la acción. “El sistema climático no solo es la atmósfera, sino los océanos, la biosfera… Todos tienen una gran inercia en sus comportamientos. Lo que hicimos mal décadas atrás en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero seguirá ahí las próximas décadas. El mundo ha de saber que, hagamos lo que hagamos —y en esto los modelos climáticos son bastante concluyentes—, el planeta todavía verá elevar su temperatura unas décimas más”. Eso, en el mejor de los casos. El pesimismo o la resignación, sin embargo, no son una alternativa.

Soluciones urgentes

Álvaro Polo, director gerente de Accenture Strategy, enfocó el problema anteponiendo las soluciones: el desarrollo tecnológico ha provocado una reducción del 66% en los costes de instalación de la energía eólica y de un 85% para la solar, y “eso plantea un escenario muy favorable para las renovables”. El incremento de la eficiencia energética está consiguiendo limitar el crecimiento del consumo per capita.

Pero hay que atacar los tres pilares del problema: la generación eléctrica, que, según sus cálculos, en Europa es responsable del 26% de las emisiones; la industria, a la que se le atribuye el 21% del peso, y los consumidores, el 19%. “Hay que actuar sobre el mix de generación para conseguir emisiones cero. Es importante que esa transición sea ordenada, lo que significa definir el papel que jugará cada energía. La industria no es el sector que más emite”. Uno de los retos, señala, es hacer que esa misma industria reduzca emisiones sin perjudicar su competitividad.

La Comisión Europea, explica Calleja, está trabajando en medidas muy importantes para consolidar el mercado interior de la energía y garantizar la seguridad de abastecimiento. También diseña políticas que encaminen al continente a la economía circu­lar. “Tenemos que cambiar el modelo de producir, consumir, usar y tirar por otro mucho más eficiente.

Con ello ahorraríamos hasta 600.000 millones anuales y se crearían cuatro millones de empleos, al tiempo que reducimos las emisiones de CO2”. El plan comunitario abarca a todos los sectores y consiste en desarrollar la propuesta Energía limpia para todos los europeos, también llamada paquete de invierno. “Es una gran oportunidad desde el punto de vista económico. Trabajando en la sostenibilidad podemos ser más competitivos. No hay contradicción: las empresas más competitivas son las más sostenibles”.

Para 2030, el horizonte temporal del plan, Ulargui explica la dimensión del esfuerzo que deberá hacer España. En sectores difusos (aquellos que abarcan las actividades no sujetas al comercio de derechos de emisión, como el transporte, las actividades agrícolas, comerciales o institucionales), el país debería reducir un 26% las emisiones respecto a las que lanzaba a la atmósfera en 2005. Pero la negociación sigue abierta.

“España busca el reconocimiento de acciones tempranas. Los países con renta per capita más baja de la UE estamos en una senda de cumplimiento mayor que los que tienen mayores rentas”. La ley que elabora el Ejecutivo será el instrumento para conseguir cumplir con Europa. “Queremos que sea una ley global, con vocación de permanencia, y con consenso de todo el arco parlamentario. Queremos el apoyo de todos, no solo de la mayoría. Con estos objetivos hemos lanzado un proceso de participación pública para recabar el mayor número de opiniones”, añade Ulargui.

Para Europa, juzga Polo, las renovables son una oportunidad de añadir un 1% adicional al PIB (190.000 millones) y 200.000 empleos. Con ello, completa Mollinedo, Europa reforzaría su liderazgo en las renovables frente a la decisión de EE UU. “La lucha contra el calentamiento excede el mandato de un presidente de EE UU. Excede de los poderes del hombre más poderoso del mundo. Frente al escapismo norteamericano, es el momento de las alianzas con países importantes “para hacerlo todos juntos”, invita Ulargui.

La mala noticia, juzgan los participantes en el debate, se produce en un momento en el que el concepto de smart nation está de moda. “Que alguien diga que va en contra de eso, que sus ciudadanos van a vivir peor… También va en contra de la propia industria americana”, apuntala el responsable de Accenture.

La eficiencia energética es un arma que puede ayudar a Europa: el continente ya tiene el 35% del mercado mundial de eficiencia y el 40% de las patentes de energía renovable y debe aprovechar esa oportunidad.
“Hay que renovar millones de edificios, ir hacia transportes limpios, electrificación. Trabajar en la mejora del mercado interior, en las relaciones exteriores. Imaginémonos el poder de compra si negociáramos los contratos de suministro de forma común, y no con 28 mercados. España tiene una gran oportunidad”, augura el director de Medio Ambiente de la Comisión. “Con el paquete de invierno se completa el 90% de esa unión de la energía, para que Europa se dote de un sistema más inteligente y competitivo”.

Plan por países

Pero cada Estado comunitario tiene sus propias particularidades y las cosas no marchan tan bien como deberían. La batalla de la negociación del paquete de invierno sigue abierta. “La descarbonización de la electricidad exige medidas de apoyo a las renovables. El mercado [de emisiones] debería funcionar mejor. Que se establezca un sólido modelo de gobernanza para que los objetivos se cumplan”, tercia Ulargui añadiendo que cada país deberá auditarse internamente para conocer sus fortalezas y debilidades con vistas al cumplimiento de los objetivos. “España necesita más interconexiones [con Francia fundamentalmente].

Estamos en una isla energética, los objetivos de interconexión, que no son vinculantes, no se están cumpliendo”. Otras herramientas son necesarias, como un paquete financiero y una norma contable que no compute como déficit las inversiones en eficiencia. “Tal y como se plantean las cosas, ahora nos resulta difícil acceder a los fondos. La descarbonización tiene que venir acompañada de precios claros de mercado y fondos europeos”, pide la representante española.
Porque la normativa por sí sola no impulsará la revolución. “Europa ha duplicado el plan Juncker (vamos a tener hasta 2020 más de 500.000 millones de los 300.000 iniciales). La gran prioridad son los proyectos de unión de la energía, economía circular e infraestructuras.

También está la financiación de fondos europeos (el Conecting Europe y el programa Horizonte 2020 con 80.000 millones)”, señala el director general de Medio Ambiente. “Otro aspecto son las empresas que se ven frenadas por temas administrativos. Hemos abierto una ventanilla para agilizar operaciones sostenibles”. Todo para que Europa lidere el cambio que evitará desastres mayores en el planeta.

FUENTE: El País, 25 / junio / 2017



CADA EURO INVERTIDO HOY, EN MITIGAR EL CAMBIO CLIMÁTICO, AHORRA SEIS EN EL FUTURO


Cada euro invertido ahora en cambio climático ahorra 6 en el futuro

Cada euro invertido en cambio climático en la UE permite ahorrar unos 6 euros en el futuro, ha dicho hoy en Murcia Jochen Müller,  analista político de la Comisión Europea (CE) y representante de esa institución en España.
 
Müller, que intervino mediante video conferencia en las jornadas “Reflexionar sobre Europa”, recordó que en el periodo 2014-2020 la UE destinará un 20 por ciento de su presupuesto, unos 180.000 millones de euros, a medidas relacionadas con la lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones contaminantes

Müller  ha hecho un repaso por las políticas comunitarias en materia de clima y energía para la mitigación del cambio climático, y ha recordado que los objetivos fijados para el año 2030 prevén una reducción del 40% de las emisiones de CO2.

Asimismo, la UE se ha comprometido a aumentar un 27 por ciento el uso de energías renovables y otro 27 la eficiencia energética para esa fecha, lo que, además de mejorar la sostenibilidad, ahorrará entre 7 y 13.000 millones de euros anuales.

Pacto de los Alcaldes

 El analista político, representante de la Comisión Europea en España, Jochen Müller
El analista político, representante de la Comisión Europea en España, Jochen Müller. EFE/Javier Cebollada
Por otra parte, ha apuntado, se ha impulsado una “estrategia de adaptación” en la que el Pacto de los Alcaldes juega un papel fundamental a la hora de promover actuaciones concretas a nivel local y regional.

Para Müler, una de las medidas que debería fomentarse es la inclusión de criterios climáticos y medioambientales en los contratos de las administraciones públicas, favoreciendo la licitación a empresas que cumplan con esas medidas.

En cualquier caso, ha insistido en que los agentes locales y regionales son cruciales para lograr esos objetivos de sostenibilidad ambiental.

La CE, ha insistido, ha integrado su acción por el clima en todas sus instituciones y destinará un 20 por ciento de su presupuesto total del periodo 2014-2020 a acciones relacionadas con el clima, lo que supone unos 180.000 millones de euros.

Fondo de Inversiones Estratégicas

Además, en torno a la mitad de la financiación del Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas, dotado con 315.000 millones de euros, será también para medidas de índole medioambiental ya que alrededor del 20 por ciento de los proyectos que solicitan esos fondos están relacionados directamente con el clima y la energía, ha detallado.

Müler ha insistido en que la UE lidera la lucha mundial contra el cambio climático y así debe seguir haciéndolo, no solo por motivos de sostenibilidad, sino también económicos, ya que se calcula que por cada euro invertido, por ejemplo, en prevención de incendios o de inundaciones, se pueden ahorrar 6 euros al no tener que paliar consecuencias posteriores de esos casos.

Esta jornada se enmarca en un ciclo general de debates y foros que se están llevando a cabo en todos los países miembros de la UE para reflexionar sobre el futuro de Europa desde distintos ámbitos.

FUENTE:  Efeverde,

lunes, 26 de junio de 2017

LA CLAVE CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO ES "DESCARBONIZAR" EL SISTEMA ENERGÉTICO





El eibartarra Antxon Olabe es un economista ambiental y ensayista que ha publicado 21 ensayos sobre el cambio climático en revistas especializadas, y más de 30 tribunas de opinión en prensa escrita. Además, es autor del libro Crisis climática-ambiental. La hora de la responsabilidad.

¿Cómo se produce el cambio climático?

-El cambio climático de origen humano, para diferenciarlo de los que ocurren de forma natural, se debe fundamentalmente a las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por la combustión por el uso de los combustibles fósiles, principalmente carbón, petróleo y gas. Desde hace más de 250 años estas combustiones fósiles forman, desde la revolución industrial, la base del sistema energético mundial. En la medida en que hemos utilizado masivamente esos combustibles fósiles, las emisiones que se han generado se han ido acumulando en la atmósfera y por este motivo se ha cambiado la química de la atmósfera, generando el problema del calentamiento global.

¿Cómo afecta a la sociedad?

-El sistema climático es uno de los sistemas principales que soportan la vida sobre la tierra. Una gran parte de las cuestiones básicas de la sociedad, empezando por el acceso al agua potable o los alimentos que cultivamos, entre otras cosas, dependen muy directamente del clima. Una desestabilización del clima tiene consecuencias sobre la sociedad humana y sobre el resto de la naturaleza muy importantes. Ahora estamos en un nivel de desestabilización inicial, ya es significativo pero todavía estamos dentro de lo que la comunidad científica considera que es el umbral de seguridad de los 2 grados. Por encima de esos dos grados, el tema comienza a ser más complicado porque se desestabilizan los sistemas alimenticios, la agricultura, tenemos más problemas con el acceso al agua potable, empiezan los cambios climáticos extremos, como las olas de calor, sequías, incendios salvajes, aumento del nivel del mar, que ya ha subido 20 centímetros, con lo que se pondrán en riesgo las ciudades costeras, y otra serie de impactos cada vez más importantes.

¿Qué medidas se van a llevar a cabo para reducirlo?

-Lo más importante, la clave absoluta, es ir descarbonizando el sistema energético. Ahora mismo, a nivel mundial, aproximadamente el 80% de la energía que se consume en 2017 procede del carbón, el petróleo y el gas. Por ello, lo que tenemos que hacer en los próximos 10, 20, 30 y 50 años es que esa proporción vaya disminuyendo de forma continuada. Mientras no saquemos los combustibles fósiles del sistema energético, el problema no tiene solución. A corto-medio plazo, en los próximos 10 y 15 años, lo más importante es sacar el carbón del sistema energético mundial, ya que en muchos países ya se puede sustituir por energías renovables que generan muchas menos emisiones. Después, habrá que ir retirando el petróleo, aunque el proceso va a ir más despacio porque los sustitutos tecnológicos son más complicados. Se estima una transición de 30 a 35 años vista. El gas se utilizará como vector de transición donde no se pueda poner energías renovables.

¿Qué nos espera en los próximos años si esto no cambia?

-Si no somos capaces de reconducir esto y la temperatura media de la atmósfera empieza a sobrepasar de forma continuada los dos grados, nos adentramos en lo que los científicos llamamos un territorio climático desconocido. Estaríamos hablando de una alteración importante donde los efectos sobre las sociedades humanas y la naturaleza serían muy graves e incluso en determinadas circunstancias, catastróficas. Una de las grandes preocupaciones viene porque el sistema climático no es lineal, es complejo y tiene unos efectos de retroalimentación positiva, que si se activan más allá de un determinado umbral de seguridad, pueden coger vida propia. Los grandes problemas de la sociedad van a venir sobre todo del agua y a través de los alimentos, que son las cuestiones básicas por las que sobrevive la sociedad. Otro gran problema es el nivel del mar, que ya se ha elevado 20 centímetros y se elevará medio metro al final del siglo, en el mejor de los escenarios. El cambio climático se está acelerando y, por otro lado, la buena noticia es que la transición energética también.

Como ciudadanos, ¿qué podemos hacer?

-Se pueden hacer muchas cosas y todas muy importantes. Como ciudadanos hay que ser exigentes ante nuestros responsables políticos. Primero, ser conscientes de a quién votamos, qué posición tienen hacia el tema del cambio climático, si les preocupa o no, si es un tema por el que realizan propuestas positivas o si, por el contrario, miran para otro lado. Por otro lado, colaborar con las organizaciones no gubernamentales que defienden el clima y luchan por el cambio climático. Entre otras cosas, priorizar el transporte público, la bicicleta o caminar y, como última opción, compartir coche. Se necesita que haya cierta coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Es muy importante que los gobiernos sientan el aliento de la presión de los ciudadanos, aquellos que se preocupan y les importa este tema porque hay valores morales implicados. El cambio climático es mucho más que una cuestión técnica, afecta a principios de justicia y de equidad en las sociedades, entre otras cosas los que más lo van a sufrir son los que menos han contribuido a generar el problema, las sociedades más pobres.

FUENTE: Noticias  de Gipuzkoa, Emilio Las Heras, 26 / junio / 2017

CAMBIO CLIMÁTICO DESPLAZARÍA A DOS MIL MILLONES DE PERSONAS DE ACA AL 2100





Dos mil millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, podrían convertirse en refugiados para el 2100 a causa del efecto del cambio climático, según estima hoy un estudio académico.
De acuerdo con un reporte elaborado por la Universidad Cornell, en el estado norteamericano de Nueva York, el aumento de los niveles del mar obligará a quienes viven en las costas a enfrentar cuellos de botella de desplazamiento y reasentamiento mientras buscan lugares habitables en el interior.

'Vamos a tener más gente en menos tierra y más pronto de lo que pensamos', manifestó Charles Geisler, autor principal del estudio que se publicará en la edición de julio de la revista Land Use Policy, pero que ya aparece disponible en línea.

Titulado Impedimentos al reasentamiento continental en condiciones de aumento acelerado del nivel del mar, el texto se basa en cálculos de las Naciones Unidas de que la población mundial llegará a nueve mil millones de personas en 2050 y a 11 mil millones en 2100.

Alimentar a esa población requerirá más tierras cultivables, mientras los océanos consumen fértiles zonas costeras y deltas fluviales, lo cual llevará a la gente a buscar nuevos lugares para morar.

Un análisis anterior arrojó que en 2060 alrededor de mil 400 millones de personas podrían convertirse en refugiados debido al cambio climático y Geisler estimó que esa cifra se incrementará a dos mil millones 40 años después.

Tenemos una crisis pendiente, manifestó al diario Huffington Post el profesor emérito de sociología del desarrollo en Cornell.

A decir del académico, existen tres obstáculos o barreras de entrada para reubicar a personas desplazadas hacia el interior de sus hogares por el aumento de los océanos.

El primer problema radica en que el cambio climático no solo afecta a las comunidades costeras, sino que las sequías y la desertificación podrían hacer que las áreas protegidas de la subida del nivel del mar sean inhabitables o incapaces de sostener una gran afluencia de migrantes.

La segunda cuestión consiste en que si los refugiados climáticos acuden a las ciudades, aumenta la expansión urbana en tierras que solían ser utilizadas para cultivar alimentos, y esas metrópolis podrían perder la capacidad de alimentar a sus poblaciones infladas.

Como tercer aspecto mencionó que las regiones y municipios podrían erigir muros y postes para evitar que los migrantes climáticos entren y se establezcan.

El profesor advirtió que la conversación actual sobre la adaptación al clima se centra en la construcción de barreras, aprender a vivir con inundaciones regulares y trasladar las comunidades hacia el interior, como ha sucedido en Alaska.

Pero consideró que estas ideas limitadas dejarían a la humanidad desesperadamente desprevenida para una migración masiva que podría empequeñecer la actual crisis de refugiados en Europa.
FUENTE:  Prensa Latina, 26 / junio / 2017

SEGÚN LA CEPAL SERÁN NECESARIOS DE 3 A 14 BILLONES DE DOLARES PARA COMBATIR EL CAMBIO CLIMÁTICOo climático: Cepal

El director de la división de Desarrollo Sustentable de la Cepal, José Luis Samaniego, explicó que esta inversión permitirá mitigar los efectos del cambio climático hacia el año 2030





La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) dijo que la inversión global que se requiere para mitigar los efectos del cambio climático hacia el año 2030 se calcula entre 3 a 14 billones de dólares.

"Es el dinero que nos permitiría cumplir si orientamos adecuadamente los recursos hacia el futuro", dijo el director de la división de Desarrollo Sustentable de la Cepal, José Luis Samaniego.

Durante el foro de bancos nacionales de desarrollo y bancos verdes, el directivo dijo que para cumplir con la agenda global 2030 para el desarrollo sostenible, los países y sector privado deben voltear a inversiones limpias, de lo contrario se está condenando a futuras generaciones a enfrentar las consecuencias de las malas decisiones de la actualidad.

"Si hoy decidimos invertir en opciones de infraestructura de alto carbono, eso lo estarán sufriendo los nietos y bisnietos y a ellos les estaremos trasmitiendo el costo de corregir", dijo.
El especialista comentó que la decisión del gobierno del presidente Donald Trump en Estados Unidos de no reconocer el cambio climático y abandonar los acuerdos de París, tendrán repercusiones globales en el combate al cambio climático.

"Que Estados Unidos a nivel nacional, niegue la evidencia científica y niegue el cambio climático y mande señales a su economía de que no importa si se invierte en alto carbono es perjudicial y dificulta el cumplimento de las metas climáticas", explicó.

En ese sentido, comentó que el impacto para América Latina provocados por el cambio climático se calcula en 4 puntos porcentuales del PIB de la región.
"Afortunadamente el resto del mundo ha dicho que va a continuar, los europeos, los chinos, los países de América Latina también han hecho declaraciones formales de que continuarán con el Acuerdo de París y el esfuerzo, además de que el esfuerzo estructural se está dando ya dentro de Estados Unidos. Ya es un hecho que se ha detonado gasto estructural hacia proyectos más bajos en carbono", añadió.

FUENTE:  El Universal, 26 / junio / 2017

domingo, 25 de junio de 2017

MONOCULTIVOS FORESTALES Y EL CAMBIO CLIMÁTICO




Nuestro más sincero agradecimiento y nuestro más apenado sentido de impotencia y tristeza” fueron las palabras del botánico Raúl de Tapia junto a la foto de los bomberos portugueses exhaustos sobre un jardín. Las imágenes, tras el paso del incendio, son apocalípticas y muy duras las de los coches, arrojados como dados y calcinados, en la carretera. ¡Nos dejan sin palabras!

Los montes sin gestión, poblados de eucaliptos y pinos, junto a la dispersión urbana portuguesa, han hecho del incendio de Predrogao Grande una catástrofe sin igual en los incendios ocurridos en la Península Ibérica. Un incendio muy violento provocado por un modelo forestal ecocida, un desierto verde en el que confluyen muchos intereses: destacando la venta de madera barata que complementa la agricultura de subsistencia.

Un modelo forestal basado en monocultivos industriales, propio de países subdesarrollados, genera una economía propicia para los incendios. Un polvorín, que a la vista parece un mar interminable de eucaliptos que se plantaron en Portugal, Galicia y Asturias, hace de él un exterminador de recursos hídricos. Especie de crecimiento rápido y grandes densidades consigue que su madera se venda bien al crecer altos, rectos y espigados para la industria de la celulosa o para tableros de aglomerados. Bajo la corteza quemada el eucalipto rebrotará, es una especie pirófita (amiga del fuego), éste no afecta a las raíces y es entonces cuando aprovecha para crecer sin ninguna competencia: en unos años su madera se podrá vender.
Altas temperaturas y vientos junto a la plantación de Eucaliptus globosus que es considerada como especie invasora y más abundante de los bosques portugueses: en el último inventario del 2013 con más de 812.000 hectáreas, un 26% de la superficie forestal total de Portugal. Se plantaron 35.000 eucaliptos con la idea de secar pantanos y reducir la incidencia de malaria en la zona de Coimbra.

Con las pérdidas económicas que tenía Portugal tras perder tres guerras, las leyes proteccionistas se cambiaron para dar paso a la industria maderera. El eucalipto se convirtió en un monocultivo de crecimiento rápido y rotación corta que va consumiendo toda el agua disponible, acidificando el terreno. El fuego no le afecta a las raíces y con sus restos vegetales hacen que la superficie donde está plantado sea extremadamente combustible. Genera fitotoxinas que hacen que sea tóxico para el resto de especies vegetales y apenas pueden alimentarse los insectos de él, por lo que tampoco hay pájaros.

Este ambiente tan seco es propicio para que se produzcan incendios tras una tormenta seca, aunque ésta ocurra tan sólo con un 2% de probabilidad. Los bosques que se queman generan una gran cantidad de dióxido de carbono, lo que contribuye aún más al calentamiento global. Esta cadena imprevisible y catastrófica dibuja un paisaje apocalíptico. “Los efectos del cambio climático hacen que la temporada de incendios dure ahora 78 días más que en 1970”, advertía un informe del servicio forestal estadounidense en 2015. En el mundo se desforesta más de lo que se reforesta: hay 50.000 incendios al día simultáneos en el Planeta.
Dice Joaquín Araujo: “si se plantan llamas entonces lo que emerge son esos monumentos al desánimo que son los troncos muertos. Esa desgarradora tragedia que son los cuerpos de los vecinos, guardas, pilotos calcinados”. ¿Tan difícil es de entender que si destruimos nuestros bosques nos destruimos a nosotros mismos? ¿Y si queremos bosque para qué lo queremos? El calentamiento global y los monocultivos de eucalipto y pinos son una crónica de la catástrofe anunciada, en cambio los bosques autóctonos son tesoros de la biodiversidad en sí mismos porque, entre otras cosas, renuevan el aire, el agua y el suelo, siendo la única barrera  forestal contra nuestra destrucción mundial, porque aunque el bosque lo cuidemos a nivel local nos protege en cualquier parte del Planeta.

FUENTE:  La Voz  de Almería, 24 / junio / 2017