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sábado, 10 de agosto de 2013

CAMBIO CLIMÁTICO AUMENTA CONFLICTOS ARMADOS EN EL MUNDO.


Una investigación descubre que la tendencia a los conflictos armados aumenta con el calor o las intensas precipitaciones pluviales en el mundo.


El cambio climático afecta también al comportamiento social.


Investigadores afirman que los niveles en aumento de emisiones de gases de efecto invernadero también pueden desencadenar efectos en las dinámicas de la sociedad humana, como forzar desplazamientos masivos para obtener mayores recursos, aumentos en el precio de los cultivos o bien, reducir la productividad de grupos que centran su modo de vida en la pesca y el pastoreo de algunas regiones.
Sin embargo, estudios recientes e investigaciones periodísticas se han enfocado en una particular consecuencia del cambio climático: un aumento en la frecuencia de los conflictos armados en todo el mundo.
Las tendencias climáticas van a experimentarse temperaturas más calientes en el próximo siglo, mientras que los patrones irregulares de precipitaciones y un aumento del nivel del mar podrían hacer que los conflictos y las guerras sean más comunes en el futuro.
Uno de los análisis más completos en cuanto a la relación entre el aumento de temperatura y los conflictos armados es el efectuado por la Universidad de California en Berkeley, el cual ha encontrado que estas tendencias climáticas, de hecho, pueden aumentar significativamente las incidencias bélicas en general.
De acuerdo con el artículo publicado por la revista Science se examinaron 60 estudios para conjuntarlos con datos agregados con los eventos que abarcan desde el año 8,000 antes de nuestra era, hasta la actualidad, en donde se examinaron las variables climáticas y la incidencia de la violencia en las principales regiones del mundo.
Comparativos cruzados de estos estudios con los mismos métodos estadísticos revelaron patrones que, cuando son proyectados a futuro, sugieren que para 2050 la humanidad podrá ser testigo de 50% más instancias de conflictos masivos debido a efectos del cambio climático.
El equipo encabezado por Solomon Hsiang se enfocó específicamente en la relación histórica entre factores climáticos como la temperatura y la precipitación pluvial, y la incidencia de todo tipo de conflictos detallados en los estudios que sirvieron como fuente, los cuales fueron agrupados en diversas categorías.
Así, desde asesinatos y violencia doméstica, hasta disturbios y el colapso de civilizaciones (como el caso de los Mayas) son examinados para relacionarse con una gran variedad de escalas espaciales como regiones, países e incluso edificios. De igual manera, también se consideran las escalas de tiempo en la que estos conflictos se desarrollan, abarcando días, años e incluso siglos enteros. Los investigadores encontraron que cuando las temperaturas o los patrones de precipitación en determinada área se desvían de de un patrón determinado, la violencia tienden a aumentar, sobre todo los conflictos entre grupos los cuales se incrementan en los períodos más calurosos. En concreto, una región que experimentó un período de calentamiento más allá de las condiciones promedio vio un incremento de 4% de crímenes personales y 14% a nivel intergrupal en el período estudiado.
En otras palabras, la vida se hizo más violenta más o menos en un 32% en las regiones que se desviaron significativamente de las temperaturas medias y las tasas de precipitación normales.
Extrapolando estos datos hacia el futuro, estas tasas indican que si todo el planeta ha experimentado un incremento de de 3.6 grados de calentamiento en promedio, para el año 2050 podría verse un aumento del crimen a nivel personal en un 16% y el aumento de conflictos grupales en un 50%.
Sin embargo, las características que hacen que estos cambios climáticos y precipitaciones erráticas vuelvan violentas a las personas, a pesar de ser variadas y –en la mayoría de los casos– poco claras.
Las estadísticas muestran que, en las ciudades, las temperaturas más altas llevan a más arrestos por delitos violentos, y algunos investigadores creen que la respuesta del ser humano al estrés fisiológico causado por el calor tiene la culpa, pero no está claro si los datos reflejan una causalidad o una correlación.
En un plano social más general, se cree que la reducción de la productividad agrícola, sobre todo en sociedades con gran dependencia agraria pueden conducir a conflictos entre grupos, al igual que los fenómenos meteorológicos extremos y la reducción de recursos como el agua potable y las tierras de cultivo.
En estos casos, todos estos factores desencadenados a raíz de la irregularidad de las lluvias o la elevación del nivel del mar pueden entrar en juego a medida que cambia el clima.
Finalmente, si las temperaturas más cálidas y precipitaciones irregulares conducen a la violencia, la pregunta es: ¿qué se puede hacer al respecto? Los investigadores afirman que es necesario realizar investigaciones para comprender mejor los mecanismos por los cuales esto ocurre, por lo que eventualmente –al igual que la humanidad construye la infraestructura para anticipar y defenderse de la peor parte de los efectos más graves del cambio climático– también se pueden crear innovadoras instituciones sociales y políticas que puedan minimizar la violencia en un mundo que va calentándose cada vez más.
FUENTE: La Opinión, 9/ 8/ 2013




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