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sábado, 15 de febrero de 2014

EL CAMBIO CLIMÁTICO HACE ESTRAGOS EN EL AGRO COLOMBIANO.




Bogotá_
No cabe duda de que la mano del hombre ha precipitado profundos cambios ambientales durante los últimos 50 años. No escapa de esa realidad el campo colombiano, que sufre por la variabilidad del clima.
La mayor afectación directa ocurre sobre la producción de los cultivos y, por ende, en la remuneración de los pequeños cultivadores. Y la situación tiende a empeorar. Según estudios del Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat), para el 2050 es probable que se presenten aumentos significativos de la temperatura, precipitaciones más erráticas y mayor prevalencia de plagas y enfermedades. 
Daniel Jiménez, ingeniero agrónomo, científico del Ciat y doctor en Agricultura de la Universidad de Ghent (Bélgica), dice que la evidencia permite establecer cuáles departamentos y sus cultivos se van a ver más afectados por cambios climáticos. Ocurrirá en zonas de Vichada, Casanare, Magdalena, Meta, Cesar y algunas regiones la Costa Caribe y los Llanos Orientales. 
“El escenario más positivo es que departamentos como Nariño, Boyacá, Norte de Santander y Putumayo se perfilan como zonas que contarán con mayor adaptabilidad a cultivos que comúnmente se siembran en Colombia”, señaló. 
La afectación de cultivos  
Jiménez explica que en cuanto a los cultivos, según los informes recolectados, plátano, café, algodón, caña de azúcar, sorgo, frijol y yuca son los más amenazados por la variabilidad climática. En cambio, la palma tendría más áreas dónde ser sembrada. 
Las proyecciones del Ciat indican que para el 2050 en la mayoría de las áreas actualmente utilizadas se verán impactados hasta 80% de los cultivos, siendo los de mayor valor los que más sufrirían. “Estas proyecciones tienen implicaciones socioeconómicas significativas: el sector agropecuario es responsable del 40% de las exportaciones colombianas y el 21% de la población depende directamente de la agricultura como fuente de empleo”, indicó el ingeniero agrónomo. 
Por su parte Jeimar Tapasco, economista ambiental y experto científico del Ciat, manifestó que ha encontrado una gran incidencia de los fenómenos del Niño y de la Niña sobre la producción agropecuaria, lo que ha ocasionado pérdidas de cultivos e infraestructura en regiones particularmente vulnerables. En su opinión los productores se encuentran “desconcertados” frente a regímenes climáticos desconocidos y ya no saben cuándo es la mejor época para sembrar. 
“Cada etapa del cultivo tiene demandas específicas de luz y agua y cuando eso no ocurre los rendimientos se ven afectados y por ende los ingresos de los productores. Exceso de agua, lluvias en épocas habitualmente secas e inicio de época de lluvias antes o después de lo habitual, hacen que los productores pongan en riesgo sus cosechas”. 
El experto también advirtió que los efectos del cambio climático tendrán su mayor impacto en los productores de pequeña escala, que hacen la gran mayoría de los productores de alimentos en Colombia. “Entre los cultivos de exportación, solo la caña de azúcar se cultiva principalmente en grandes plantaciones. Entre el 50% y el 90% de los productores de cereales, café, cacao, banano y plátano, son pequeños agricultores, cada uno con fincas de menos de 10 hectáreas”. 
Pérdidas económicas 
Todas esas afectaciones al final se resumen en millonarias pérdidas para el sector agropecuario, que a su vez tienen eco en la subsistencia de quienes viven del cultivo y recolección de sus productos. Ambos expertos coincidieron en que si no se adoptan medidas de choque contra la problemática en los próximos años, la situación puede ser catastrófica. 
Las últimas cifras en que se apoya Jiménez hablan de pérdidas por 100 mil millones de pesos, durante el último periodo de La Niña. 
Entre tanto, Tapasco recuerda un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), según el cual el sector agropecuario colombiano perdió más de 760 mil millones de pesos debido al fenómeno de La Niña 2010-2011, de los cuales 90% fueron del sector agrícola. 
En ese sentido, los campesinos que más afectados resultaron por esa ola invernal fueron los de Valle del Cauca, Córdoba, Sucre y Santander. 
Partiendo de esos estudios, proyecciones realizadas por el CIAT muestran que los pequeños productores de los departamentos de La Guajira, Antioquia, Cauca, Tolima, Huila, Nariño los santanderes y el Eje Cafetero serán los más afectados para el año 2020, especialmente en lo que se refiere a producción de maíz, yuca y plátano. 
Un plan de choque  
El Ciat asegura que ya trabaja, junto con campesinos y entidades de control, para formular planes de mitigación y adaptación, buscando que los cultivos resulten afectados lo menos posible con la variabilidad climática. La entidad tiene un convenio con el Ministerio de Agricultura por 17 mil millones de pesos para este diseño de estrategias. 
Una de en las que trabajan es para adaptación al cambio climático y la otra sobre mitigación. En cuanto a la primera, según la entidad, se realiza un diálogo cercano con los gremios del agro. 
En términos de adaptación revisan todas las plantas de frijol y arroz que han sido de desarrollo durante años, para ver cuáles ofrecen resistencia a los fenómenos de variabilidad climática. Hay otro componente orientado a buscar cuáles son los factores de clima, suelo y manejo del cultivo que pueden ayudar a los productores a adaptarse mejor. 
“Buscamos hallar esos factores de la producción que pueden ser manejados para una mejor adaptación. Otro factor es algo que se llama 'pronósticos estacionales', el cual consiste en modelos que predicen lo que va pasar en el corto plazo”, explicó Jiménez. Esos modelos pueden revelar si en los próximos 90 días va a haber precipitaciones por encima o por debajo de lo normal. 
El científico cree que con el cruce de todos los factores habrá un “matrimonio” para tener una estrategia de adaptación muy concreta hacia la variabilidad. 
De nuevo sobre mitigación, los expertos están tratando de medir la contribución de los cultivos a los gases de efecto invernadero. Por ejemplo cuál es la huella hídrica, qué tanta agua utilizan los cultivos y qué afectaciones deja. Asimismo miden cuánto consumen y cuánto evaporan, para ver qué tan eficientes son con el manejo del agua. 
Una vez los gremios reciban toda esa información, podrían contar con herramientas que permitan el uso más responsable de los recursos del ambiente, trazando un panorama más viable económicamente y más justo con la sociedad.

FUENTE: La  República, 14/ 02/ 2014

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