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jueves, 28 de agosto de 2014

ES EL TIEMPO DE LOS BIOCOMBUSTIBLES ?.


En el marco de la crisis energética que atraviesa Argentina, vale reflexionar en torno a la alternativa del biodiesel.
      Hablamos de un éster que puede realizarse a partir de diferentes tipos de aceites: girasol, colza, soja, aceite de palma, grasas animales y hasta aceites usados provenientes de la industria alimenticia. Un combustible de origen biológico capaz de ser utilizado puro o en mezclas de cualquier proporción con gasoil de petróleo.

   Argentina cuenta hoy con el prestigio de ser el primer exportador mundial de aceites, poseer terrenos aptos para ser explotados y un respetable sector agrícola liderado por la soja. En este escenario, ¿el desarrollo del biodiesel constituye una opción válida para el futuro agroindustrial?

    Eugenio Corradini, especialista en energías alternativas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación (SAGPyA), y Antonio Brailovsky, licenciado experimentado en ecología, evalúan la opción:

   Ventajas

    Según el documento “Porqué invertir en biodiesel” de Miguel Almada y Andrés Leone, el biocombustible cuenta con numerosas propiedades que lo hacen muy atractivo en relación a los otros combustibles: posee una producción renovable, no contiene azufre, reduce las emanaciones de CO2, CO, partículas e hidrocarburos aromáticos, se degrada más rápidamente, es menos irritante para la epidermis humana y por si esto fuera poco, resulta más seguro para transportar y almacenar. Las ventajas que brinda en materia ecológica son significativas, entre ellas destaca el ingeniero Corradini que "si se derrama en el agua se descompone diez veces más rápido, no afecta al fitoplacton, tampoco a los peces" y además "en mezclas mejora la combustión de los diesel y baja el tenor de liberación de azufre en el medioambiente".

   En términos de rentabilidad, la alternativa trae ganancias en tanto y en cuanto sea utilizado a pequeña escala, pudiendo favorecer a productores, cooperativas que brinden servicios o grupos de pequeños productores. En este sentido, explica Corradini: “cuando los insumos se usan en productos finales y un productor agropecuario realiza la pequeña inversión del orden de los 40 o 50 mil pesos, ahí la rentabilidad de la soja le aumenta en un 10, 12 % para el área que usa para hacer aceite, mientras que la de girasol puede aumentar a un veinte por ciento debido a que se eliminan los costos de pagos intermedios”.

   Sin embargo, es posible recibir fondos si se gestionan de manera adecuada. “El desarrollo de energías alternativas tiene la posibilidad de recibir bonos de carbono pero depende del tipo de proyecto, cuanto más limpio, más el valor del bono y mayor la posibilidad de recibirlo”, aclara el funcionario.

   Desventajas

    Para el ingeniero agrónomo el mayor obstáculo es el costo de plantear el cambio a gran escala, como consecuencia del precio base del aceite vegetal. A partir de la devaluación y la suba de las commodities en el mercado internacional donde se ubican los aceites, todos los proyectos de biodiesel se volvieron inviables para el mercado interno al que estaban orientados. La suba del precio resulta un obstáculo para las iniciativas de desarrollo sustentable. Eugenio Corradini considera que “el biodiesel a gran escala aumenta el costo del combustible” por eso, mientras “tengamos la soja al precio que tiene hoy, no hay forma de cerrar una ecuación económica”.
   Otro factor negativo a tener en cuenta sería la falta de toma de conciencia ecológica por parte de los argentinos, “es un tema que no prospera entre otras cosas porque desde el común de la gente no se piensa en el largo plazo”, agrega el ingeniero.

    Según el licenciado Antonio Brailovsky, profesor universitario y autor del libro “Ésta, nuestra única tierra”, los inconvenientes se presentan en caso de realizar la transformación sin contemplar la permanencia y la regulación necesaria del proyecto, ya que resulta sólo “en un modelo de planeamiento”. “No tiene sentido hacer la inversión, afinar la tecnología y los mecanismos de control para que en seis meses digamos no lo usamos más”, opina el docente. A menudo en cada crisis energética aparecen todas estas alternativas pero “después vuelven a quedar desplazadas cuando el petróleo baja de precio”. Para que funcione adecuadamente resultaría indispensable una gestión de largo plazo, que descarte tomar medidas cuando “salió en el diario que hay un problema y luego hay que sacar un decreto para salir en el diario con la respuesta”.
   Por otra parte, debido a que el combustible orgánico se hace con azúcar o cereales el licenciado observa que se presenta primero el problema del abastecimiento de alimentos para las personas, ya que para pensar la cuestión energética “hay que tenerla en cuenta dentro del conjunto de urgencia”. Asimismo, “es cierto que el petróleo se va a terminar y hay que ir buscando alternativas tecnológicas, pero antes hay que tratar de compatibilizar los elementos antagónicos desde la política”. De allí que Brailovsky proponga al final “trabajar mucho sobre el combustible de origen biológico teniendo en cuenta todos estos problemas”.

   Qué se está haciendo

    La Federación Agraria Argentina (FAA) en colaboración con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Villa María (Córdoba) ha desarrollado un biodiesel que utiliza como materia prima colza o cánola, una oleaginosa que se siembra a contraestación con la soja para evitar perjudicarla. Actualmente están realizando demostraciones en puntos estratégicos del país a través del montaje de un módulo en un camión trailer. Existen plantas como la desarrollada por Federación Agraria Argentina y la que la Secretaría de Agricultura está montando en el INTA de Sáenz Peña. Así también en la Pampa está la Escuela Agrícola de Tres Arroyos, una escuela líder que ya posee una planta piloto con la que está cubierta la provincia de Buenos Aires.

   Desde la SAGyP se está armando un proyecto con la unidad de refinanciamiento del Ministerio de Economía para trabajar sobre las posibilidades de radicación en producciones alternativas. Asimismo, la Secretaría trabaja en contacto permanente con las provincias, el INTA y apoya los proyectos del diputado Héctor Romero y de Federación Agraria. “Estamos viendo si podemos crear una unidad de energías alternativas en la Dirección de Ingeniería Rural de INTA Castelar, donde pueden manejarse varias energías alternativas, solar, eólica, de gasoil y de gas mediante el aprovechamiento de los desechos”, acota Corradini.

   En paralelo, el especialista invita a la ciudad a desarrollar un proyecto para aprovechar todos los aceites usados y a las ciudades en general a “hacer un proyecto municipal chico aprovechando los aceites locales utilizando las plantas para utilizar grasas animales, en especial la grasa no unificada y estable”.

    Sin duda las incertidumbres en torno al biocombustible seguirán en debate por largo tiempo, pero podemos afirmar que, pese a los vientos desfavorables mencionados por los analistas, el biodiesel continúa siendo un elemento importantísimo a considerar en nuestro crecimiento. No puede ser olvidado si pretendemos construir una Argentina sólida en el mañana. La línea a seguir para Antonio Brailovsky se traduce en trabajar con énfasis en el tema contemplando el contexto, mediante un modelo de planeamiento que no asuma el carácter de respuesta cortoplacista ante el desabastecimiento energético. En igual sentido, Eugenio Corradini invita a su vez a “apoyar los proyectos locales, empezar con pequeñas plantas” y atender “los grandes proyectos que están en cartera de los inversores extranjeros que pretenden exportar 100% de biodiesel para abastecer las posibles demandas del mercado europeo”.



    Un recorrido por las normas que atañen al biocombustible

    En el terreno internacional los tratados referidos al Cambio Climático han hecho una gran presión para instalar la problemática de energías alternativas a los combustibles fósiles. Sobre todo el Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas de diciembre de 1997, que comprometió a los países industrializados a reducir para el año 2012 un 5% de sus emisiones de CO2 respecto de los niveles registrados en 1990. Este documento, contempla establecer mecanismos para el desarrollo limpio y un programa de aplicación que ofrecería créditos para el financiamiento de proyectos que disminuyan las emisiones en los países en desarrollo o con economías de transición. Argentina participó del encuentro y desde entonces asumió el compromiso voluntario de reducir las emisiones de dióxido de carbono.

    Pese a los avances de Kyoto lo acordado aún no ha entrado en vigencia debido a que debe ser ratificado por 155 países que constituyan al menos un 50% de las emisiones de CO2 de 1990.

    También la Unión Europea ha sentado bases. En su Directiva de 8 de mayo pasado relativa al fomento del uso de biocarburantes fijó como objetivo que éstos representen en 2005 el 2% del consumo total de energía en el sector –actualmente inferior al 0,5%- y el 5,75% en 2010.

   A nivel nacional, el Poder Ejecutivo sacó el Decreto 481 en el 2000, a través del cual se establecieron metas de reducción de gases de efectos invernadero para el período 2008-2012 con respecto a 1990 y se tomó la obligación de dar un menor uso a los combustibles de origen fósil en los países desarrollados y con economías de transición, como a su vez desarrollar combustibles de origen vegetal.

   Un año más tarde se sancionó el Decreto 1396, “Plan de Competitividad para el combustible Biodiesel”, por el cual el Gobierno Nacional se comprometió a apoyar todo proyecto de producción desde la intención de fomentar toda la inversión local y extranjera vinculada a la comercialización y exportación del mismo. Con estos propósitos, el 1396 exime al biodiesel del Impuesto a la Transferencia de los combustibles por diez años.

    Otra medida legal a considerar es la Resolución 129/2001 de la Secretaría de Energía que establece los requisitos de calidad que debe tener el B1OO (100% de Biodiesel).

    Finalmente, está el proyecto de ley en espera del diputado Héctor Romero, que propone un corte obligatorio del gasoil y naftas con un mínimo de un 5 por ciento de biodiesel y bioetanol con el fin de crear una demanda inmediata de los biocombustibles y su desarrollo.

FUENTE: Agroparlamento.com, Por Pía Freaza y Manuel Fernández, 28/ agosto/ 2014

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