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martes, 21 de octubre de 2014

CAMBIO CLIMÁTICO: "CIENCIA Y POLÍTICA".





Que el clima sufre un de­sequilibrio causado por las actividades del sistema socioeconómico es un hecho sabido y contrastado. Se conoce porque el Panel Intergu­berna­men­tal para el Cambio Climático (IPCC), organismo científico que depende de la ONU, lo ­estableció así con extremada seguridad después de innumerables investigaciones en su informe de 2001 –el tercero de cinco, hasta el momento–. En los posteriores informes lo ha confirmardo aportando más solidez a las pruebas.
Si se puede llegar a una conclusión de estos informes es que las proyecciones de los modelos de cada informe empeoran la situación respecto a los anteriores, y que la realidad y sus datos empíricos terminan superando –a peor también– las proyecciones anteriores.
Pero la evolución de la opinión pública sobre el cambio climático ha dependido no sólo de los informes científicos. Mientras que hasta hace poco la percepción social del cambio climático en el Estado español, y en buena parte de la UE, se acercaba en cuanto a importancia a lo marcado por el IPCC, dejando de lado perfiles ideológicos, en otros lugares como EE UU la opinión sobre el clima ha estado históricamente muy vinculada a estos perfiles. Los autopercibidos como progresistas tienden a acercarse al IPCC, y los conservadores/neo­liberales suelen negar la ciencia del cambio climático.
Por otra parte, aunque el proceso de desentendimiento político por el cambio climático coincide con la llamada crisis económica, es más que discutible que ésta sea su causa. Recordemos, como hacen los economistas ecológicos, que la estrategia de “primero la economía y luego el medio ambiente” se ha demostrado falsa. Y tampoco se puede obviar que, además del proceso de desposesión de la población por las élites, con éste confluye una intensa actividad del movimiento negacionista financiado sobre todo por empresas del sector energético.
Veamos. El mayor peligro que identificaban los poderes respecto al papel de la ciencia climática era que sus informes oficiales iban directamente a reflejarse en los textos del proceso de negociación internacional de la Conven­ción Mar­co de la ONU, lo que se traducía con cierta fidelidad en compromisos internacionales de obligado cumplimiento. Existía, por tanto, una cadena que deseaban cortar que iba desde la ciencia climática hasta la disminución de los beneficios empresariales de los sectores vinculados a los combustibles fósiles, pasando por los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Proba­blemente el momento en el que dicho peligro se hizo más evidente para la industria fósil se produjo cuando en la Cumbre de Bali (2007) se escenificó la celebración de la concesión del Premio Nobel al IPCC, y en los mismos días sus descubrimientos fueron insertados casi literalmente en los textos oficiales de compromiso de la Cumbre, pasando por encima de la resistencia de la delegación de EE UU, que fue abucheada en el plenario.
Además, en ese momento se decidió que dos años después, en Copenhague 2009, se establecería un nuevo compromiso con objetivos más restrictivos para los combustibles fósiles que el Protocolo de KiotoLa industria entonces redobló sus esfuerzos para hacer fracasar esta cumbre, y para ello presionó a los gobiernos mediante lobbies y a la opinión pública a través del negacionismo. Aso­cia­ciones empresariales, think tanks, sobornos y compra de científicos, puertas giratorias… y cantidades ingentes de dinero de las empresas energéticas para torcer el resultado del encuentro. Como es bien sa­bido, lo consiguieron. Cope­nhague supone un punto de inflexión a partir del cual el cambio climático salta de la agenda política y desaparece de los medios. Desde 2009, el proceso internacional languidece bajo el control del poder económico, y sólo impulsa opciones para alimentar a los mercados.
Aunque sepultado por una agenda política ajena en muchas ocasiones a la realidad, “el mayor reto al que se enfrenta la humanidad” sigue existiendo y, el IPCC, con todos los defectos de una ciencia convencional dependiente, lo ha seguido recordando hasta ahora.
FUENTE: Diagonal Global , 19/ oct / 2014

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