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lunes, 5 de octubre de 2015

EL TRÁFICO EN LAS REDES SOCIALES CONTRIBUYE AL CAMBIO CLIMÁTICO



Mirar otro episodio de una serie en Netflix, leer los diarios online o descargar aplicaciones no parecen ser formas de contribuir a la contaminación del planeta, pero si se las suma resulta que nuestro creciente apetito por los servicios digitales es responsable de alrededor del 2% de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, la misma cantidad que la de toda la aviación.
Independientemente del tamaño de los centros de procesamiento de datos de los servicios digitales -pueden ir desde una pequeña habitación hasta gigantescas granjas de 150.000 metros cuadrados-, son enormes consumidores de energía. Es que no sólo necesitan del suministro eléctrico para hacer funcionar los equipos que almacenan la nube y nos proveen de música, películas y entretenimiento a pedido. Los servidores también generan gran cantidad de calor, y por lo tanto consumen otro tanto de energía para mantener su temperatura al límite. Por eso, los grandes usuarios de datos, como Facebook, ahora instalan este tipo de centros en lugares fríos, como el norte de Suecia.
Facebook también divulgó sus propias cifras de promedio anual por navegante: 269 gramos, casi lo mismo que la huella de carbono anual de una taza de café.Cada una de nuestras búsquedas en Internet tiene un impacto mínimo. Google, en respuesta a quienes afirman que cada búsqueda en su sitio genera tanto dióxido de carbono (CO2) como hervir la mitad del agua necesaria para una taza de café (siete gramos de CO2), calculó que la verdadera cifra era mucho menor(0,2 gramos). Mirar un video sobre gatos en YouTube arrojó un resultado mayor (un gramo de CO2 cada 10 minutos), mientras que usar Gmail durante un año genera alrededor de 1,2 kilos por usuario.
Pero con los miles de millones de usuarios que tienen esos gigantes tecnológicos en todo el mundo, la cifra final escala vertiginosamente. La huella de carbono de Google durante 2013 fue de 1.766.014 toneladas de CO2, la mayor parte generadas por los centros de datos.
Al igual que ocurre con el tráfico aéreo, el verdadero problema de los centros de procesamiento es la velocidad a la que están creciendo.
"El crecimiento de la información es exponencial", dice Sophia Flucker, directora de Operational Intelligence, una consultora del Reino Unido que asesora a los centros de datos sobre el uso de la energía.
"Aunque la tecnología de la información es cada vez más eficiente y cada vez hacemos más con menos cantidad de energía, la demanda no afloja", dice. "Todo lo que se gana por el lado de la eficiencia se lo come inmediatamente la demanda. Es un proceso en trayectoria ascendente", agrega la especialista.
En tanto, la industria asegura que las mejoras en eficiencia y tecnología energética significan que se puede "desacoplar" el crecimiento económico del problema de la emisión de gases, para que sea posible seguir creciendo y al mismo tiempo lograr que para 2030 la participación del sector informático en la emisión de gases global se mantenga en los mismos niveles que ahora.
Pero Greenpeace, que desde hace años realiza informes sobre el desempeño medioambiental de los centros de datos, asegura que la eficiencia energética puede mejorarse hasta cierto punto. Para la organización, en cuestión de cambio climático el punto clave es cómo se alimentará de energía a los centros de datos del futuro.
"Por supuesto que la eficiencia energética es muy importante", dice Gary Cook, analista en jefe de tecnología de la información de Greenpeace. "La eficiencia es crucial, pero también es totalmente insuficiente por sí sola. Si se mira el crecimiento de la demanda en los centros de datos en nuestro mundo digital, tal vez la eficiencia logre desacelerar la curva, pero ésta sigue apuntando a la Luna", indica.
Cook señala que los centros de datos pueden convertirse en los villanos de la película, al ser una creciente fuente de emisiones, o pueden transformarse en impulsores de una búsqueda de energías limpias, como la eólica y la solar.

"Si los construyeran bien, podrían ayudar en la transición hacia energías renovables. Pero si los diseña mal, nos van a empujar en el sentido opuesto, y vamos a ser cada vez más dependientes de fuentes de energía que tenemos que abandonar si queremos frenar el cambio climático", concluye.

FUENTE: La Nación, Arg., 2 / 10 / 2015







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