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martes, 5 de enero de 2016

LUC STEELS: "LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL PUEDE AYUDAR A FRENAR EL CAMBIO CLIMÁTICO".



Conforme se acerca la hora, en el vestíbulo de entrada del CCCB ya no cabe ni un alfiler. Muchos de los asistentes se han pasado antes por la exposición +Humanos y se acercan a la charla con mil dudas e inquietudes: ¿en el futuro los robots se encargarán de cuidar a nuestros hijos ? ¿Ampliaremos nuestras capacidades con implantes robóticos? ¿Cuáles son los límites éticos de la inteligencia artificial? ¿Habrá ejércitos formados solo por robots humanoides? Y así, una ristra interminable.

Para intentar contestarles, Luc Steel, experto en inteligencia artificial. Profesor de investigación Icrea, es el creador del popular perrito robot Aibo, de Sony, y ahora desde su despacho en el Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) en Barcelona, colabora con otros centros repartidos por el mundo con el objetivo de tratar de dotar de inteligencia a las máquinas para que algún día puedan llegar a convivir con nosotros de verdad.

Steels participa en un ciclo de conferencias, “Máquinas que piensan: posibilidades y dilemas de la inteligencia artificial”, organizado por Icrea y el CCCB. Antes de comenzar Steels matiza: “Esto no va del futuro de la inteligencia artificial, sino del de la humanidad”, y tras una pausa lanza al público: “¿Qué futuro queremos tener los humanos?”.
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En el futuro que nos presenta la ciencia ficción e incluso algunas compañías fabricantes de robots, la inteligencia artificial nos ayudará a cuidar a los bebés e incluso a las personas mayores.

Espero que ese no sea el futuro que nos espera, sinceramente. ¿Qué sentido tiene tener un bebé si no lo cuidas tú mismo, si no disfrutas de pasar tiempo con él, de verlo crecer, de jugar, interaccionar? Y lo mismo ocurre con la gente mayor. Es cierto que la población está cada vez más envejecida y que en algunos casos los hijos están lejos y los ancianos están solos, pero aún así me parece un mal camino a seguir por la sociedad si relega el cuidado de los mayores a máquinas. Hay que enfatizar una aproximación a la tecnología orientada a los humanos, a nuestra sociedad.

¿Cómo?

Existe demasiada presión para que usemos la última tecnología, para automatizar todos los procesos, para trabajar a través de internet, comunicarnos a través de internet. Ahora los niños se sientan delante de una pantalla todo el tiempo. Debemos controlar la exposición que tenemos a la tecnología.
¿Tendremos compañeros robots amigos, como los que aparecen en Star Wars, por ejemplo?

Es fantástico soñar con mundos como los que propone la ciencia ficción. Pero no deja de ser eso, sueños, y en el fondo son una forma de pensar en nosotros mismos, de reflexionar sobre nuestra sociedad. Los niños pueden jugar con un perro robot, con Aibo por ejemplo, y está bien, porque saben que no es de verdad, como cuando juegan con un muñeco. Y aún así, sabiendo que no son reales, pueden tenerle cariño. Ahora bien, los humanos vivimos a través de las emociones, somos capaces de sentir el dolor, la alegría, el sufrimiento, la tristeza de otros. El problema de que la tecnología llegue a ser dominante es que haremos todo a través de máquinas, sin contacto humano. Y eso puede ser peligroso.

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Póngame un ejemplo.

Paypal. Esta compañía usa inteligencia artificial para detectar fraude en operaciones que realizan los usuarios. Es un software muy bueno pero el problema es que la inteligencia artificial no es super inteligente, no es mejor que un humano. Lo que hace simplemente es revisar un montón de cosas e intentar detectar un patrón. Al final, acaba señalando a muchas personas que no han cometido ninguna acción fraudulenta y los penaliza porque el programa cree que sí la han cometido. Y entonces resulta muy complicado como usuario quejarte y evitar la penalización. Además, la inteligencia artificial no es capaz de entender los significados. Busca entre grandes cantidades de información sin tener ni idea de lo que significa aquello que lee.

En la ciencia ficción se nos presenta a la inteligencia artificial con emociones.

Las máquinas pueden pretender tener emociones. Las puedes programar para que sean capaces de detectar expresiones faciales, ciertas entonaciones, gestos, movimientos corporales y así interpretar que cuando eso se da la persona está contenta o enfadada. El programa aprende a generalizar. Pero eso no es tener una emoción.
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¿Qué podemos esperar de la inteligencia artificial?

Que nos ayude a manejar e interpretar ingentes cantidades de información de forma inteligente. Y en ese sentido, la web es un buen ejemplo. Hay miles de millones de páginas, si tuvieras que hacer una búsqueda manualmente, sería totalmente imposible. En ese caso la inteligencia artificial es muy útil, capaz de buscar palabras clave, de leer textos de forma inteligente, de manejar errores tipográficos, de realizar sugerencias si escribes algo aproximado. En situaciones de emergencia también podrían ser muy útiles, por ejemplo en desastres naturales, como en terremotos o incendios. O para la exploración espacial. También para el entretenimiento, puedo imaginarme una obra de teatro con actores robots.

De hecho, escribió junto al neurocientífico Òscar Villarroya una ópera, ‘Casparo’, con un robot como protagonista.

Así es pero Casparo estaba interpretado por un humano. La tecnología está muy bien, pero al final siempre tiene que estar el humano, en todos los pasos finales. Por ejemplo, cuando buscamos algo en Google obtenemos una respuesta y valoramos con nuestra inteligencia si es o no lo que buscábamos. La decisión última está en manos de los humanos.


¿Y no es siempre así?

Imagínate una web que pudiera hacer diagnósticos médicos. Que pudieras introducir tus síntomas y el programa buscara casos similares al tuyo y pudiera diagnosticarte, decirte que tienes tal o cual. Y que pretendiera que ése es el diagnóstico adecuado y que pudieras comprar vía internet simplemente apretando un botón el medicamento que te prescribe, que te llega a casa por Amazon. A esto me refiero. Siempre en el último paso tiene que intervenir el ser humano. La intuición, la empatía, el respeto por el otro, sólo lo podemos tener las personas, no un robot. Pero es que la inteligencia artificial se puede usar para cosas más interesantes. Podemos con ella tener un impacto muy positivo en el planeta.

¿Cómo qué?
Para conseguir la paz o frenar el cambio climático. Aunque eso implica que debemos dejar de destinar recursos a investigar cómo usarla con fines bélicos, y comenzar a dedicarlos a la gestión de la energía, a temas de movilidad, al mantenimiento de ecosistemas, entre otros. Aquí la inteligencia artificial realmente podría significar un cambio. Por ejemplo, podemos usarla para evitar desastres ecológicos, para llevar a cabo una agricultura sostenible, una mejor distribución de la comida.
También a la hora de fomentar el diálogo entre culturas. Las guerras suelen producirse cuando no hay suficiente comunicación entre dos grupos, se deshumaniza al otro y entonces sientes que le puedes hacer cualquier cosa. Eso se evitaría con diálogo, intercambio cultural y de ideas, y en eso la inteligencia artificial puede ser muy útil.

FUENTE:  La  Vanguardia ,     

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