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viernes, 15 de abril de 2016

ASTRONÓMICA CIFRA LE ESTÁ COSTANDO AL MUNDO EL "CAMBIO CLIMÁTICO".


Corregir el rumbo y evitar un aumento de 2° C en la temperatura costaría US$ 5,3 billones anuales.

Sequías que matan los cultivos y el ganado, inundaciones que arrasan el campo, temperaturas que obligan a usar la calefacción o el aire acondicionado... Entonces, el precio de los alimentos sube, se hacen obras para mitigar los daños, y las enfermedades aumentan. El cambio climático le sale caro al mundo.
 “Con el incremento en la temperatura, mucha del área ecuatorial será inhabitable y habrá desplazamientos masivos de personas, con los conflictos que eso suele traer”. Ese es el vaticinio de Nicholas Stern, miembro de la junta del Instituto del Cambio Climático de la London School of Economics (LSE), ex vicepresidente de desarrollo económico y execonomista en jefe del Banco Mundial.
 

La transformación debe ser rápida, pues la meta es evitar que la temperatura global se incremente dos grados antes de que finalice este siglo. De lo contrario, las consecuencias serán catastróficas no solo para el medioambiente, sino para la economía mundial.
Stern asegura que para reducir en 25 % las emisiones de aquí al 2050, se requieren tres acciones: controlar las emanaciones de carbono mediante impuestos, regulaciones o cargas, para que las empresas se autorregulen; invertir en el uso e innovación de energías bajas en carbono y, como tercera medida, educar y eliminar las barreras de la eficiencia energética.

¿Cuánto vale tomar las medidas necesarias? Según Climate Action y el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Unep), se requiere una inversión de 5,7 billones de dólares –unos 17.100 billones de pesos– solo en infraestructura verde. Esto superaría al producto interno bruto que Alemania tendría en el 2030. Pero los esfuerzos de hoy son insuficientes: actualmente, la inversión anual global es apenas de 360.000 millones de dólares anuales, unos 1.084 billones de pesos.

Si se corrige el rumbo –lo que será difícil por el monto que se requiere–, el beneficio económico será evidente. Según el análisis de Naciones Unidas para la reunión COP21 en París el año pasado, se calcula que con la promesa de Europa a reducir el 40 % de sus emisiones para el 2030, ese continente generaría 70.000 empleos de tiempo completo, evitaría la muerte de 6.000 personas y se ahorrarían 33.000 millones de dólares en combustibles fósiles.
Y el solo acuerdo entre Estados Unidos y China para reducir emisiones generaría medio millón de empleos y salvaría 100.000 vidas en el país asiático. En EE. UU. se generarían 650.000 empleos y se impedirían 27.000 muertes por contaminación.
 
Costo de no hacer nada

Nicholas Stern advirtió en su ensayo Economía del cambio climático, publicado por LSE, que “los niveles de los gases de efecto invernadero alcanzaron el equivalente a 430 partes por millón de dióxido de carbono, comparado con las 280 que había antes de la Revolución Industrial. Las actividades humanas han propulsado la acumulación de gases entre 2 y 3 partes por millón, cada año”.

Norteamérica y Europa han generado el 70 % de los gases de efecto invernadero, desde 1850. Pero China e India los sobrepasarán si no se hace nada antes.

Hay por qué preocuparse: de acuerdo con cifras de LSE, cada año muere en India un millón de personas por la contaminación ambiental. Y según la revista Latin America Green Inves-tment de la organización del COP21, en Sur y Centroamérica hubo 16.000 muertes en 630 eventos climáticos (deslizamientos, inundaciones, etc.) provocados por el cambio climático.

Y si la temperatura global aumenta 2 grados centígrados, dentro de 70 años los glaciares montañosos a alturas superiores a los 5.500 metros sobre el nivel del mar desaparecerán.

Así, en Colombia desaparecerán todos los nevados, por ejemplo. La consecuencia directa es que los páramos podrían descomponerse por exceso de humedad y se desregularía el clima.
Las consecuencias económicas para América Latina serán nefastas, pues las pérdidas en exportaciones agrícolas equivaldrán a entre 30 y 52 millones de dólares –entre 90.300 millones y 156.600 millones de pesos–, por la baja productividad del campo y las pérdidas que generen las catástrofes ambientales.

¿Cómo mejorar? Lo primero es tener información y datos de los países y ciudades, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió que son pocas las mediciones estandarizadas de la calidad del aire, si es que existen.

“Las ciudades que recolectan y publican información sobre polución en espacios abiertos y cerrados deben ser felicitadas por ello. Es un paso crucial para identificar los problemas y emprender acciones para corregirlos”, dice la ONG en su portal.

FUENTE: El Tiempo, Bogotá, 14 / abril / 2016

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