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martes, 16 de mayo de 2017

IMPASSE A LAS ACCIONES FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO


Como dice el dicho, el tiempo se nos viene encima y, desafortunadamente, en materia climática esto no es bueno porque la temperatura sigue elevándose. El Ártico se calienta el doble de rápido que el resto de la Tierra y en África ya hay varias regiones que enfrentan graves sequías. México, junto con otros países emergentes y Estados insulares, está entre los más vulnerables a los efectos del cambio climático.

Para acabarla de amolar, el gobierno de Estados Unidos decidió poner en un impasse su permanencia en el Acuerdo de París. Tan es así que la administración Trump decidió enviar a una pequeña delegación de representantes a Bonn, donde se llevan a cabo reuniones preparatorias y de análisis técnico rumbo a la COP23, a realizarse justo en esta ciudad alemana en noviembre próximo.

Alemania y Francia, por separado, han conminado a EU a continuar con la cooperación internacional tanto en materia económica como en los avances logrados hasta el momento con el Acuerdo de París.
Y lo que haga o deje de hacer la todavía nación más poderosa del planeta inexorablemente tendrá efectos en el combate global al cambio climático.

Por eso es importante su permanencia, pues junto con las demás naciones firmantes del compromiso deben acelerarse las acciones para topar a 2ºC la temperatura, financiar a los países que lo requieren, iniciar la transferencia tecnológica, disminuir la quema de hidrocarburos y adoptar energías renovables, así como agilizar la construcción de comunidades resilientes a la inestabilidad del clima.

Si decide retirarse, entonces, quizá China tomaría el liderazgo. Aunque esta idea, en el escenario de la especulación, que EU pudiera ser desbancado por un país no grato —y al que le achaca que el cambio climático sea su invento—, probablemente no le guste al señor Trump.

Mientras, como dicen los analistas sobre la Casa Blanca, hay que esperar a saber cuál de los dos bandos gana, si el encabezado por Ivanka Trump, los secretarios de Estado y Energía, Rex Tillerson y Rick Perry, respectivamente, quienes están a favor de que EU continúe en el acuerdo sobre el clima; o el de Stephen Bannon, estratega de la Presidencia, y Scott Pruitt, titular de la Agencia de Protección Ambiental, quienes consideran que el permanecer sería “mal negocio”.

En tanto, en las reuniones preparatorias rumbo a la COP23 se examinan los avances de cada país en la instrumentación de los compromisos nacionales para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, así como ir solventando cuestiones financieras y de intercambio tecnológico, según refirió al inicio de éstas, la mexicana Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Es importante decir que, a pesar de EU, hay optimismo, porque muchos de los países ya tienen leyes para frenar el cambio climático y esa base jurídica permitirá construir acciones en el corto y largo plazos.

De acuerdo con el diario británico The Guardian, un estudio realizado por el Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment de la London School of Economics, desde 1997 se han creado mil 200 leyes en materia de clima. A partir del Acuerdo de París se elaboraron 14 nuevas legislaciones y 33 políticas ejecutivas.

Así, ya son 164 países que cuentan con leyes climáticas con alcances en generación de energía, transporte, uso de la tierra, adaptación y resiliencia.

Pero hay diferencias. Los países desarrollados tienen legislaciones más eficientes y en algunos menos desarrollados —como los africanos— sus leyes tienen huecos o bien aún no cuentan con ellas. Y es justo a esas naciones a las cuales se debe apoyar.

El cambio climático es un urgente desafío para todos, porque además de dañar ecosistemas y exacerbar fenómenos climatológicos como El Niño, acentúa la pobreza, merma la salud de la población, dificulta la producción de alimentos y frena el crecimiento y desarrollo económicos.  

Muy probablemente la 23ª reunión de la Conferencia de las Partes de Bonn sea crucial para el futuro de la humanidad. Por ello, el compromiso de los países debe ser mucho más ambicioso, de lo contrario, la temperatura seguirá subiendo.

Es sensato reconocer que los gobiernos no pueden solos, necesitan de la colaboración de todos los sectores. La voluntad de las empresas e industrias para reducir su huella de carbono y una sociedad más participativa y menos contaminante.

Un tema que tenemos pendiente tanto en México como en otras naciones en desarrollo es impulsar a la educación para hacer frente al cambio climático.
Y sí, en la educación ambiental para niños y jóvenes está la respuesta para un porvenir.

FUENTE:  Excélsior ,  16 / 05 / 2017 , Lorena  Rivera

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