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jueves, 18 de mayo de 2017

PARADOJA DEL CAMBIO CLIMÁTICO: "SUDAMÉRICA HIZO LAS COSAS BIEN, PERO LE PUEDE IR MAL"





¿Quién paga los platos rotos? Desde que el calentamiento global y sus poderosos efectos se instalaron en la agenda, el tema de la equidad es uno de los más controversiales y el que más desencuentros genera en las cumbres mundiales. De hecho, aún es un dilema sin resolver. "Los países que menos contribuyen con gases de efecto invernadero son los que más sufrirían el impacto del cambio climático". Doris Knoblauch, especialista alemana en políticas medioambientales del Instituto Ecológico de Berlín, necesitó solo una frase para poner sobre la mesa una piedra caliente en el Climate Change Training Course for Journalists que se desarrolla en la capital germana.

Todos están de acuerdo en que debe ponerse un límite a las emisiones contaminantes, pero ¿cuál? ¿a quiénes? ¿de qué manera? Distintas organizaciones piden desde hace tiempo que en las negociaciones se tenga especial atención hacia los países menos desarrollados y con menor responsabilidad histórica en las emisiones de gases de efecto invernadero, para de esa manera establecer una posición equitativa para establecer los topes a las emisiones de cada nación. Aunque es una responsabilidad global, algunos tendrían un compromiso de mayor relieve que otros.

La especialista recuerda la concepción aristotélica de la equidad, en la que vendría a ser como una especie de correctora de la ley, en pocas palabras: que no puede ser algo legal si no está en relación a los principios de igualdad. Así, la cuestión de los límites pasa a ser un tema que va más allá de los fundamentos científicos.

Los datos del organismo europeo EDGAR (Emission Database for Global Atmospheric Research) muestran que la población de Asia (incluye a Rusia y Turquía) representa el 61,7% del total a nivel mundial, la de África el 16,1%, la de Europa 8,1%, la de Sudamérica y Centroamérica (incluye a México) 8,6%, la de América del Norte 4,9% y la de Oceanía 0,5%.

Sin embargo, a la hora de contabilizar las millones de toneladas de gases de efecto invernadero que emiten, encontramos que Asia concentra el 60,3%, Norteamérica 15,9%, Europa 11%, Sudamérica y América Central 4,9%, África 3,4% y Oceanía 1,3%. Pero, sorpresa: Sudamérica y el Caribe (junto con África) serían uno de los continentes más afectados por el cambio climático.

El tema ya había quedado reflejado en un reciente informe del Banco Mundial, que advertía que "pese a que Latinoamérica y el Caribe han tenido poco o nada que ver en su gestación, el cambio climático es una amenaza clara y terrible". De hecho, como se destacaba en el escrito, por estos lados hemos conservado más bosques que cualquier otra región, es la más biodiversad del mundo, posee las reservas de agua dulce más grandes y alberga a la Amazonia, una verdadera esponja de dióxido de carbono. Además, históricamente tuvo la matriz energética más limpia.

Tomando como referencia los datos históricos de emisiones de dióxido de carbono desde 1850, nuestra región apenas roza el 4%, contra un 30% de América del Norte y similar proporción europea.

Estas cifras son algunas de las que circulan en las cumbres del clima y seguramente volverán a discutirse este año. Más teniendo en cuenta que los avances del último encuentro en París están amenazados de muerte por la postura negacionista del presidente de EEUU, Donald Trump.

Knoblauch resume los cuatro posibles enfoques que ha tenido la controversia hasta el momento, sin poder hallar un criterio mayoritario para definir si los límites a las emisiones deben resolverse:

• De acuerdo a los ingresos per cápita.

• Relacionada a la responsabilidad histórica que tuvo cada nación.

• Inversamente relacionada a la capacidad de pago.

• Teniendo en cuenta las posibilidades de desarrollo de cada país.


Cuanto antes llegue el acuerdo, mejor. Mientras tanto, lo mejor será tomar precaucione y definir medidas de y mitigación y adaptación. Si finalmente el aumento de 2° por encima de los niveles preindustriales se produce, nuestra región deberá afrontar una verdad incómoda con, al menos, un tridente de máxima peligrosidad:

• La cantidad de huracanes severos aumentará un 40%.

• El volumen de pesca en algunas zonas disminuirá hasta 50%.

• Estarán amenazadas las cosechas de soja y maíz.


FUENTE:  Ambito.com ,  Por Carlos Pagura.- 18 de Mayo de 2017

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