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sábado, 20 de diciembre de 2014

CAMBIO CLIMÁTICO: "LA MAYOR FUENTE DE DESIGUALDAD SOCIAL".



Hace un par de décadas este fenómeno parecía tan lejano y ajeno, sin embargo, hoy ya estamos sufriendo las consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, con el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, como las grandes lluvias, las inundaciones o los huracanes que han aumentado en frecuencia e intensidad. En la última década del siglo XX, los desastres naturales relacionados con las condiciones meteorológicas produjeron aproximadamente 600.000 muertes en todo el mundo, el 95% de ellas en países pobres. Asimismo, la escasez de agua afecta ya a un 40% de la población mundial, lo que también golpea más duramente a las zonas más empobrecidas. La erosión del suelo se está acelerando en todos los continentes y está degradando unos 2.000 millones de hectáreas de tierra de cultivo y de pastoreo, lo que representa una seria amenaza para el abastecimiento global de víveres. Cada año la erosión de los suelos y otras formas de degradación de las tierras provocan una pérdida de entre 5 y 7 millones de hectáreas de tierras cultivables.
El Papa Francisco, conocedor de esta realidad, ha manifestado desde el inicio de su pontificado una gran preocupación por la situación ambiental en el mundo, está consciente de que se trata probablemente del mayor desafío de cara a la lucha mundial contra la pobreza y la desigualdad. De hecho, personeros del Vaticano han adelantado que la primera encíclica social del Papa, a publicarse el primer trimestre del 2015, abordará de lleno la situación del cambio climático y el calentamiento global.
El tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando… Existe, por tanto, un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar”. El Papa Francisco, enfatizó también cómo la ecología de nuestro planeta da cuenta de que todos estamos interconectados y que lo que sucede a cualquier parte de este ecosistema afecta a los demás. A modo de metáfora, señaló que así como la corriente de Humboldt unía en “un abrazo simbólico” a tres continentes: América, Asia y Oceanía, también la familia humana está unida por lazos de solidaridad que traspasan fronteras y generaciones.
También ha puesto el acento en otras intervenciones, sobre la importancia del cuidado de la “ecología humana”, ya que si no hay preocupación genuina por los demás, un trato respetuoso y justo, será muy difícil que se tomen medidas contundentes para contrarrestar el cambio climático. Ello, porque la motivación detrás de éstas es altruista. Busca el bien del otro y un bien a largo plazo. Esto sólo es posible si dejamos a un lado nuestros egoísmos y un estilo de vida cómodo y consumista, que son la base de la “cultura del descarte”. Es imperativo que nos replanteemos nuestro modo de consumir, de trasladarnos, de utilizar, de desechar. Esto no es fácil de hacer, sobre todo porque los beneficios de este cambio no los percibimos directamente, en el corto plazo. De hecho, beneficia a personas que quizás no conoceremos nunca. Beneficiará a nuestros nietos, que de otro modo, tendrán una vida llena de obstáculos inimaginables para nosotros. Este desafío medioambiental es, quizás, la prueba más grande y final a nuestra capacidad de amar y a nuestra humanidad.
FUENTE:  el mostrador, Fundación Voces Católicas @vocescatolicasc, 20 / dic / 2014


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