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domingo, 26 de mayo de 2013

RESILIENCIA Y CAMBIO CLIMÁTICO (por Juan José Olivieri)



En los tiempos que corren, donde las personas sufren de profundas angustias, vacíos emocionales, pérdida de valores tradicionales, fragilidad en las relaciones afectivas, el concepto de “resiliencia” merece ser tenido en cuenta como una capacidad que pueden aprender los seres humanos para hacer frente a situaciones en la cuales ya todo parece “perdido y sin sentido”.

El concepto de resiliencia refiere a la capacidad de las personas de sobreponerse a tragedias o períodos de fuerte dolor emocional. Esta idea también aplica y se extiende a los grupos humanos, o  sociedades que logran superar situaciones de tanto dolor, en las cuales se tiene la idea de que no habrá posibilidades de ningún tipo de recuperación.

Es interesante aprender de los ecosistemas, los cuales pareciera que disponen de esta capacidad de resiliencia para hacer frente a profundos cambios, y entonces poder desarrollar procesos de recuperación luego de períodos de intensa contaminación.  

Muchas veces, las personas creen que esta capacidad de recuperarse a profundos desgarros emocionales, es un don con el cual se nace. Particularmente, la psicología ha mostrado que la resiliencia no es una capacidad genética sino que puede ser adquirida, y todas las personas tienen la posibilidad de “aprender” y construirse una herramienta tan vital y potente que les servirá para llevar en su mochila  a lo largo de toda su vida.

Este trabajo de aprendizaje es individual, pero también requiere de contextos, y acompañamientos sociales adecuados que apoyen el proceso de enseñanza, en esa dialéctica tan necesaria que posibilita “transmitir y adquirir” capacidades. No puedan producirse los aprendizajes fuera de un ámbito social y cultural.   
Actualmente, aquellas sociedades que ya están sufriendo las consecuencias del cambio climático, que sufren inundaciones permanentes en sus territorios, desertización de sus suelos, smog en sus ciudades, dolencias respiratorias y dermatológicas, están aprendiendo a adquirir y reconocer esta capacidad de resiliencia como una herramienta potente para sobreponerse a las vigentes y futuras catástrofes ambientales.

En cambio aquellas otras sociedades que no sufren, en el presente, los vaivenes del cambio climático, no toman conciencia de lo que algunos científicos definen como un cáncer que avanza silenciosamente, y que cuando se manifiesta ya es tarde.

Quizá sea el tiempo en que las sociedades, puedan aprender y disponer de esta herramienta, de manera preventiva, para hacer frente a los inevitables cambios climáticos que serán moneda corriente en este siglo XXI que hemos comenzado a transitar. 

FUENTE:  Juan José Olivieri, 26/ 05/ 2013 

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