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martes, 2 de octubre de 2012

EL ARTICO SE DERRITE Y DESATA OTRA GUERRA FRÍA ENTRE VARIOS PAÍSES.


Hace tres décadas, la capa de hielo polar en el océano Ártico recubría ocho millones de kilómetros cuadrados durante los meses de verano. Científicos estadounidenses comprobaron este mes que la capa congelada apenas llega a los 3,4 millones -su mínimo histórico- debido a los efectos del cambio climático.
Este acelerado deshielo del Ártico deja al descubierto un área marina abundante en recursos naturales y de gran atractivo económico, lo que ha abierto paso a lo que se perfila como una de las mayores carreras geopolíticas del último siglo, en la que China está dispuesta a dejar todo por partir en primer lugar.
Por un lado, se calcula que esta región podría contener -según una investigación del Servicio Geológico estadounidense- hasta un 30% de las reservas desconocidas de gas natural en el mundo y 13% de las de petróleo, así como vastos depósitos de tierras raras. Por otra parte, el Ártico podría resultar revolucionario para la navegación marítima, ya que el gradual deshielo permite pensar que pronto será factible el tránsito a través del extremo norte del globo durante el verano, lo que podría reducir los costos de transporte hasta en un 20% y acortar las distancias para el comercio. Si bien la exploración de recursos naturales en la región apenas comienza, la magnitud de sus posibles yacimientos la ha puesto en la mira de las grandes potencias.
Hasta ahora, la diplomacia regional había pasado por el Consejo del Ártico, un organismo que agrupa a los ocho países más nórdicos del globo, pero cuyas decisiones no son vinculantes. Con el descubrimiento de su potencial económico, sin embargo, surgieron diferencias territoriales y económicas entre sus miembros y se sumaron nuevos actores. China, que no cuenta con ningún territorio en la región polar, se ha convertido en uno de los más interesados en que esta región se abra al comercio y a la explotación internacional. Su argumento es que la gestión de una zona tan importante a nivel global no puede recaer en tan pocas manos. Una posición similar han expresado Japón, Corea del Sur y la Unión Europea.
Como prueba de la importancia que le concede al Ártico, China ha destinado un presupuesto mayor que el de Estados Unidos a la investigación polar. Pekín, además, cuenta con una estación científica en el archipiélago noruego de Svalbard y en abril su rompehielos Xuelong -el más grande del mundo- se convirtió en el primer navío chino en atravesar el Ártico. Hay razones económicas de peso detrás del interés chino.
Además de la necesidad que tiene de aumentar sus fuentes de abastecimiento de petróleo y gas, el régimen está detrás de la gestión de las tierras raras. Solamente Groenlandia estima que en su territorio podrían encontrarse hasta un 20% de la demanda mundial de algunos de estos 17 minerales, fundamentales para nuevas industrias como las de los teléfonos móviles, de las turbinas eólicas y de los autos híbridos. Actualmente, Pekín controla hasta el 90% de la producción de algunos materiales como el disprosio, el terbio, el neodimio, el europio y el itrio.
Para conseguir un asiento en la diplomacia ártica, China está realizando un intenso lobby, que es acompañado por la suscripción de generosos acuerdos comerciales para sus nuevos socios. Entre abril y junio, el premier chino, Wen Jiabao, visitó Suecia e Islandia, mientras que el presidente Hu Jintao se convirtió en el primer alto funcionario chino en visitar Dinamarca, que ya apoya las aspiraciones árticas de Pekín. El mayor escollo parece ser Noruega, con quien China congeló las relaciones diplomáticas desde la concesión del Premio Nobel de Paz a Liu Xiaobo, en 2010.
Groenlandia, que posee uno de los mayores depósitos de tierras raras en el mundo y podría acabar con el monopolio chino de estos metales valiosos en la tecnología de punta, se transformó en uno de los rincones más cortejados, y no sólo por los chinos. Su cambio de estatus internacional es evidente. "Nos tratan ahora muy diferente a como lo hacían hace apenas unos años. Somos conscientes de que se debe a que tenemos algo que ofrecer", señalaba Jens Frederiksen, el vicepremier de la isla, a The New York Times. Los nuevos actores y la ausencia de una institución que pueda regular, mediante compromisos vinculantes, el acceso al Ártico dejaron en evidencia la urgencia de establecer un nuevo orden en la región.
"Un nuevo conjunto de convenios y regulaciones internacionales similares al tratado que rige en la Antártida podría separar determinadas áreas del Ártico para el desarrollo y la navegación, así como proteger otras para la investigación científica", señala a LA NACION Elizabeth Plantan, una investigadora en política medioambiental de la Universidad de Cornell. "Creo que es el único mecanismo que aseguraría la gestión sostenible de la región", agrega.

FUENTE: Andrés Bermúdez Liévano, La Nación. 30/09/2012

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