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sábado, 13 de julio de 2013

ARGENTINA, CAMBIO CLIMÁTICO Y ENERGÍA NUCLEAR.


Se espera que la demanda energética del planeta para 2050 sea el doble de la presente, con el serio desafío paralelo de tener que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero quizás hasta en un 50% de las actuales. Esto sólo puede alcanzarse por medio de una combinación de energías renovables, eficiencia energética y energía nuclear. En el caso particular de la Argentina, nuestro país también necesita energía apremiantemente, y requiere incorporar miles de MWs en la próxima década que no generen gases de efecto invernadero. Sin embargo, hace años que por distintas razones se viene posponiendo una decisión tanto estratégica como urgente: la construcción de una nueva central nuclear con uno o dos módulos.
Atucha III se trata de un megaproyecto de varios miles de millones de dólares aprobado por ley a fines de noviembre de 2009. La tecnología iba a ser Candu (“Canadian Deuteriun Uranium”), pero el proceso de privatización que inició la empresa estatal AECL (Atomic Energy of Canada Limited) obligó a dar marcha atrás con el acuerdo alcanzado y abrió la posibilidad para nuevos oferentes; como así también de nuevas tecnologías.
Varias son las empresas interesadas sobre las que Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima y el Ministerio de Planificación deberán pronunciarse, aunque pareciera que tres cuentan con más posibilidades: Candu Energy (ex AECL, Canadá), Rosatom (Rusia), y China National Nuclear.
La primera opción (sería un ACR-1000) sigue usando agua pesada como moderador, y una tecnología basada en buena parte en la ya existente en la planta de Embalse. Eso implica menores costos y tiempos de adaptación y construcción, el uso del agua pesada que produce Argentina en Arroyito y la posibilidad de desarrollar en forma progresiva un programa nucleoeléctrico independiente. Pero sería una tecnología que podría considerarse relativamente atrasada en algunos campos, que no implicaría una transferencia tan importante de nuevos conocimientos, y que generaría una cantidad de residuos de alta actividad mayor que otros modelos.
Por su parte las otras dos opciones podrían aportar mayor eficiencia energética, reducirían probablemente los costos de operación y al ser la tecnología que usan la mayoría de las plantas en el mundo (agua liviana y uranio levemente enriquecido), implicaría una cantidad más amplia de proveedores posibles, como así también la posibilidad de simplificar el licenciamiento de la central al ser diseños bastante conocidos a nivel internacional. De las dos, la opción rusa (AES-2006) es una tecnología probada y segura, mientras que la china (ACP-1000) todavía se encuentra en proceso de certificación con el OIEA. La ventaja de la segunda podría estar en poder ofrecer una mejor financiación, algo que le interesa al Gobierno en general y la Secretaría de Energía en particular; más allá de que entre las dos, la rusa es mejor vista por especialistas.
Considerando estas alternativas, varios expertos y autoridades en el campo nuclear creen más factible que la Cuarta Central se construya primero con un módulo con tecnología Candu y agua pesada, y luego un segundo probablemente con uranio levemente enriquecido y agua liviana. Si bien podría ser una carga importante a nivel infraestructura, como señalan algunos, para otros sería una apuesta a futuro.
La decisión, que divide a especialistas incluso a las mismas asociaciones o empresas, la terminará tomando el Gobierno nacional, que deberá balancear las facilidades que aporta la tecnología conocida contra la posibilidad de acceder a una mayor transferencia técnica, al igual que considerar las facilidades financieras que presenten los candidatos e incluso cuestiones de índole política.
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