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lunes, 10 de junio de 2013

CAMBIO CLIMÁTICO AMENAZA EL CARIBE


El antiguo camino costero de este pueblo de pescadores en el este de Granada pasa a escasos metros de turbias aguas saladas, que a menudo rebasan una barrera improvisada de neumáticos de camión y madera flotante con la que los lugareños tratan de contener el avance del océano Atlántico.-

Para Desmond Augustin y otros pescadores que viven en la costa de esta isla del sur del Caribe, la subida del nivel del mar no es una teoría distante.

“El mar se va a llevar todo esto”, dijo Augustin, parado junto a una de tantas palmeras arrancadas de raíz que abundan en esta zona costera de casas con techo de estaño construidas sobre pilotes. “No hay mucho que podamos hacer, excepto adentrarnos más en tierra firme”.

Los habitantes de esta región del este de Granada han visto cómo el mar se ha ido comiendo la costa en las últimas décadas, consecuencia de prácticas destructivas como la extracción de arena para la construcción y de feroces tormentas agravadas por el cambio del clima, según investigadores de la organización estadounidense Nature Conservancy, que ayudó a los granadinos a evaluar la magnitud de la erosión de la costa.

Decenas de familias están considerando la posibilidad de mudarse a departamentos construidos en una loma a diez minutos caminando de la costa, una perspectiva difícil de digerir para gente que ha residido toda su vida en la playa y que no concibe otra forma de vida.

Si los pronósticos sobre el cambio climático se hacen realidad, científicos y una creciente cantidad de funcionarios oficiales temen que esta faja de tierra de Granada ofrezca un adelanto de lo que le espera a otras zonas del Caribe, donde el 70% de la población vive en regiones costeras.

De hecho, un informe del 2007 de la Comisión Intergubernamental sobre Cambio de Clima, que ganó el Premio Nobel, dijo que la devastación sufrida por Granada durante el paso del huracán Iván en el 2004 “ilustra vívidamente la realidad de la vulnerabilidad de las islas pequeñas”. El huracán mató a 28 personas y causó destrozos por el doble del producto interno bruto, dañando el 90% de las viviendas y de los hoteles y debilitando una economía que había estado creciendo casi un 6% al año, según el informe de los expertos en cuestiones climáticas.

Las tormentas y la erosión de las playas no son nada nuevo, pero los expertos dicen que la crecida del nivel de los mares y tormentas más fuertes pueden transformar dramáticamente las costas en las próximas décadas, generando grandes costos sociales y económicos. El Caribe, con su dependencia del turismo, es considerado una de las regiones más vulnerables del mundo.

“Es una amenaza enorme a las economías de estas islas”, sostuvo Owen Day, biólogo marino del Caribsave Partnership, una organización sin fines de lucro basada en Barbados que está a la cabeza de los esfuerzos por hacer frente al cambio climático. “Diría que las regiones costeras van a verse muy afectadas en los próximos 50 a 100 años”.

Los científicos y modelos de computadora calculan que el nivel de los mares podría subir hasta un metro (3,3 pies) de aquí al 2100, a medida que un clima más cálido expande las aguas y derrite las capas de hielo de Groenlandia y la Antártica. El nivel de los mares ha subido un promedio de 3 centímetros por década desde 1993, de acuerdo con muchos científicos, y el efecto de esto puede ser más grave según la topografía y otros factores.

En las 15 naciones que conforman la Comunidad Caribeña, esto podría forzar el desplazamiento de 110.000 personas y la pérdida de unos 150 complejos turísticos, según un análisis que Caribsave preparó para el Programa de Desarrollo de las Naciones unidas y otras organizaciones. Se cree que 21 de 64 aeropuertos de la región podrían verse inundados.

En la región oriental de Granada residentes en zonas costeras degradadas que alguna vez estuvieron protegidas por mangles dicen que fluctuaciones más pronunciadas de las mareas han generado olas inusualmente altas que hacen que el agua del mar suba río arriba. Los agricultores se quejan de que sus cosechas se arruinan por la presencia de agua salada.

Adrian George es uno de los residentes de la costa que piensa mudarse a un complejo de departamentos en el interior de la isla construido por el gobierno chino tras la devastación causada por Iván.

“Me voy a las colinas”, dijo George en el pueblo de Soubise, que frecuentemente se ve inundado por agua marina y desechos traídos por las mareas altas. “Las olas están cada día más carca y un día van a barrer con todo”.

En la vecina Barbados, que es más pudiente, construyeron un malecón de un kilómetro y un paseo para proteger la costa. En la mayoría de los casos, el dinero que llega del exterior es para costear la restauración de barreras naturales como mangles y césped y árboles de raíces profundas, como la uva de mar. Algunos dicen que es la forma más barata y efectiva de combatir la crecida del mar.

A largo plazo, no obstante, “necesitamos desplazar nuestros centros de población, infraestructura, etc, lejos de las zonas que van a ser vulnerables a las crecidas de los mares”, declaró Anthony Clayton, experto en cambio climático y director de un instituto de sustentabilidad de la Universidad de las Indias Occidentales.

El cambio climático afectaría no solo las zonas costeras sino también la agricultura y la disponibilidad de agua potable.

“Ya están bastante duras las cosas”, expresó Allison Charles, campesina de Telescope. “Nuestras plantas son quemadas por el agua salada que traen los ríos. No quiero imaginarme lo que va a pasar en el futuro”.

FUENTE: Diario lasaméricas.com, 6/ 06/ 2013

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