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martes, 18 de julio de 2017

CAMBIO CLIMÁTICO: "EL FINANCIAMIENTO VERDE ES LA CLAVE PARA PRODUCIR UN DESARROLLO SUSTENTABLE"






Desde hace algún tiempo el mundo se ha vuelto consciente de los desafíos que una mala gestión ambiental puede traer a nuestro futuro —amenaza la salud humana, la paz y la sostenibilidad económica a largo plazo.

El 2016 fue el año más caliente jamás registrado debido al cambio climático provocado por el hombre. La contaminación atmosférica afecta cada vez a un mayor número de ciudades y se estima que alrededor de 18,000 personas mueren a diario a causa de la polución. Según algunas estimaciones, la erosión y la contaminación han afectado un tercio de las tierras cultivables del mundo en los últimos 40 años, mientras que la demanda por alimentos aumenta a medida que crece la población. Y estas son solo algunas de las estadísticas inquietantes sobre este tema.

La buena noticia es que el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y muchos otros procesos internacionales demuestran que ahora estamos abordando el problema de frente. No obstante, para que estos procesos —y muchos otros a nivel municipal, regional y nacional— funcionen, necesitamos financiarlos.

Según un informe reciente de la OCDE, encargado por el gobierno alemán, necesitamos invertir 6,9 millones de dólares en infraestructura cada año de aquí al 2030 para alcanzar el objetivo de calentamiento global de 2°C acordado en París. Solo en América Latina, se estima que las necesidades de inversión climática son entre $75 y $80 millones de dólares al año, casi tres veces el volumen actual de ese tipo de inversión.

Esta es la brecha que las finanzas verdes, un movimiento mundial en crecimiento, pueden llenar. En términos generales, las finanzas verdes incluyen el financiamiento de inversiones amigables con el medioambiente, así como prácticas que incorporan la sostenibilidad de manera más amplia en toda la industria. El G7 reconoció que este tipo de financiamiento es “fundamental” para alcanzar los objetivos climáticos y ambientales. Resulta alentador ver que se ha ido progresando en todos los frentes.

Desde junio de 2016 se han introducido más medidas relacionadas con las finanzas verdes en comparación con cualquier otro período de un año desde el 2000. Como consecuencia, se han incrementado los flujos de financiamiento verde, especialmente en la emisión de bonos verdes, los cuales aumentaron en un 100% a US$81 mil millones en 2016. Un reporte exhaustivo que va más allá de las finanzas verdes y en cambio evalúa el financiamiento sostenible de manera más amplia indica que los activos globales bajo gestión de inversión sostenible han aumentado en un 25% desde 2014.

Las acciones que nos han traído hasta aquí son muchas como para enumerarlas, pero entre los ejemplos de país se destaca Brasil, donde el Banco Central publicó lineamientos para el manejo integral de riesgos, incluyendo el riesgo ambiental, en marzo de 2017. En Estados Unidos, el Comisionado de Seguros del Estado de California lanzó la base de datos en línea del Climate Risk Carbon Initiative, con el fin de proporcionar información acerca de inversiones de alto carbono de grandes aseguradoras.

De igual forma, se ha evidenciado una rápida expansión en las alianzas relacionadas con las finanzas verdes en lo relacionado con banca, seguros e inversión. Por ejemplo, los Principios para la Inversión Responsable (PRI por sus siglas en inglés) han sumado a más de 185 miembros de 30 países desde junio de 2016, y ahora representan más del 50% de los activos globales bajo gestión.

El recientemente lanzado “Informe de progreso de las finanzas verdes” de la Consulta de ONU Medio Ambiente sobre el Diseño de un Sistema Financiero Sostenible, una contribución al Grupo de Estudio de Finanzas Verdes del G20, descubrió decenas de políticas alentadoras y desarrollo de productos financieros.

Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo se ha fijado la meta de aumentar la financiación para el cambio climático hasta un 30% de las aprobaciones para el 2020. Esto se logrará con una combinación de instrumentos innovadores, como los bonos verdes, y de productos financieros tradicionales, incluyendo préstamos, cooperaciones técnicas, garantías e inversiones de capital.

Estas medidas son muy alentadoras. Ahora, con la caída de las emisiones globales de carbono y de los costos de tecnología para energías limpias, la tarea pendiente es acelerar el ritmo. A continuación, se destacan algunas medidas prácticas para alcanzar los billones de capital requerido:
  1. Desarrollar hojas de ruta de financiamiento sostenible a nivel nacional, lo cual ya está ocurriendo en países como Argentina e Italia.
  2. Enfocarse en el esfuerzo público cuando las fuerzas de mercado no logren ser suficientes —por ejemplo, mediante el uso de incentivos temporales focalizados (como las feed-in tariffs) para vencer las preocupaciones de los inversionistas acerca de nuevos sectores y temas, como la eficiencia energética y la adaptación climática.
  3. Fomentar una convergencia real a nivel internacional en términos de las “reglas del juego” que dan forma a los mercados financieros, tales como los estándares de mercado y las regulaciones financieras.
El sistema financiero se está transformando para alinearse con los imperativos del desarrollo sostenible del siglo XXI. Pero todos debemos empujarlo.

FUENTE: BID  @BIDcambioclima ,  18 / julio / 2017

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