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jueves, 18 de mayo de 2017
PARADOJA DEL CAMBIO CLIMÁTICO: "SUDAMÉRICA HIZO LAS COSAS BIEN, PERO LE PUEDE IR MAL"
¿Quién paga los platos rotos? Desde que el calentamiento global y sus poderosos efectos se instalaron en la agenda, el tema de la equidad es uno de los más controversiales y el que más desencuentros genera en las cumbres mundiales. De hecho, aún es un dilema sin resolver. "Los países que menos contribuyen con gases de efecto invernadero son los que más sufrirían el impacto del cambio climático". Doris Knoblauch, especialista alemana en políticas medioambientales del Instituto Ecológico de Berlín, necesitó solo una frase para poner sobre la mesa una piedra caliente en el Climate Change Training Course for Journalists que se desarrolla en la capital germana.
Todos están de acuerdo en que debe ponerse un límite a las emisiones contaminantes, pero ¿cuál? ¿a quiénes? ¿de qué manera? Distintas organizaciones piden desde hace tiempo que en las negociaciones se tenga especial atención hacia los países menos desarrollados y con menor responsabilidad histórica en las emisiones de gases de efecto invernadero, para de esa manera establecer una posición equitativa para establecer los topes a las emisiones de cada nación. Aunque es una responsabilidad global, algunos tendrían un compromiso de mayor relieve que otros.
La especialista recuerda la concepción aristotélica de la equidad, en la que vendría a ser como una especie de correctora de la ley, en pocas palabras: que no puede ser algo legal si no está en relación a los principios de igualdad. Así, la cuestión de los límites pasa a ser un tema que va más allá de los fundamentos científicos.
Los datos del organismo europeo EDGAR (Emission Database for Global Atmospheric Research) muestran que la población de Asia (incluye a Rusia y Turquía) representa el 61,7% del total a nivel mundial, la de África el 16,1%, la de Europa 8,1%, la de Sudamérica y Centroamérica (incluye a México) 8,6%, la de América del Norte 4,9% y la de Oceanía 0,5%.
Sin embargo, a la hora de contabilizar las millones de toneladas de gases de efecto invernadero que emiten, encontramos que Asia concentra el 60,3%, Norteamérica 15,9%, Europa 11%, Sudamérica y América Central 4,9%, África 3,4% y Oceanía 1,3%. Pero, sorpresa: Sudamérica y el Caribe (junto con África) serían uno de los continentes más afectados por el cambio climático.
El tema ya había quedado reflejado en un reciente informe del Banco Mundial, que advertía que "pese a que Latinoamérica y el Caribe han tenido poco o nada que ver en su gestación, el cambio climático es una amenaza clara y terrible". De hecho, como se destacaba en el escrito, por estos lados hemos conservado más bosques que cualquier otra región, es la más biodiversad del mundo, posee las reservas de agua dulce más grandes y alberga a la Amazonia, una verdadera esponja de dióxido de carbono. Además, históricamente tuvo la matriz energética más limpia.
Tomando como referencia los datos históricos de emisiones de dióxido de carbono desde 1850, nuestra región apenas roza el 4%, contra un 30% de América del Norte y similar proporción europea.
Estas cifras son algunas de las que circulan en las cumbres del clima y seguramente volverán a discutirse este año. Más teniendo en cuenta que los avances del último encuentro en París están amenazados de muerte por la postura negacionista del presidente de EEUU, Donald Trump.
Knoblauch resume los cuatro posibles enfoques que ha tenido la controversia hasta el momento, sin poder hallar un criterio mayoritario para definir si los límites a las emisiones deben resolverse:
• De acuerdo a los ingresos per cápita.
• Relacionada a la responsabilidad histórica que tuvo cada nación.
• Inversamente relacionada a la capacidad de pago.
• Teniendo en cuenta las posibilidades de desarrollo de cada país.
Cuanto antes llegue el acuerdo, mejor. Mientras tanto, lo mejor será tomar precaucione y definir medidas de y mitigación y adaptación. Si finalmente el aumento de 2° por encima de los niveles preindustriales se produce, nuestra región deberá afrontar una verdad incómoda con, al menos, un tridente de máxima peligrosidad:
• La cantidad de huracanes severos aumentará un 40%.
• El volumen de pesca en algunas zonas disminuirá hasta 50%.
• Estarán amenazadas las cosechas de soja y maíz.
FUENTE: Ambito.com , Por Carlos Pagura.- 18 de Mayo de 2017
EL CAMBIO CLIMÁTICO OBLIGA A LOS GIGANTES DEL CHAMPÁN FRANCÉS A TRASLADARSE A INGLATERRA.
Feliz alianza. Pierre-Emmanuel Taittinger y el viticultor inglés Patrick Mc Grath celebran su asociación para producir el Domaine Evremond (Domaine Evremond)
Francamente, lo que nos faltaba a los extranjeros. En plena fiebre del nacionalismo inglés, del hagamos Inglaterra grande otra vez –y además sin necesidad de alguien tan vulgar como Donald Trump–, ahora resulta que este país tiene una industria vinícola que produce cinco millones de botellas al año, que sus blancos y espumosos ganan premios de oro en los concursos internacionales, y que hasta las grandes maisons champenoises francesas están comprando como locas centenares de hectáreas en los condados de Sussex y Kent.
Para los británicos partidarios del Brexit, que son la mayoría y no tienen necesariamente el don de la objetividad, la lectura es muy sencilla: el terroir inglés le da cien mil vueltas al francés.
El clima de Hampshire y Cornualles es más favorable que el de Reims y la Borgoña, el suelo gredoso de Somerset es mejor que el de Aquitania, y las piedras de calcáreas de Somerset y Devon son de calidad superior a las del Languedoc-Rousillon. Como consecuencia, los espumosos de Nytiember y Chapel Down son mejores que los Moët&Chandon y Veuve Clicquot. Si Theresa May dice que es así es que es así, y si alguien lo discute es que es un enemigo del pueblo, como los jueces, políticos y periodistas que tienen las narices de poner en tela de juicio el Brexit.
Podría argumentarse que no es que lo inglés sea por definición mejor que lo continental, que las casas francesas de champán están comprando viñedos en Inglaterra porque son mucho más baratos (15.000 euros el acre comparado con 400.000 euros en Épernay), que el cultivo de viñedos en Inglaterra es una consecuencia del cambio climático, y que en cualquier caso los enólogos que deciden sobre la acidez y el volumen de alcohol de la uva no son vicarios y coroneles retirados del partido conservador, sino australianos, argentinos y neozelandeses. Pero todo eso da igual, let’s make England great again...
A los franceses, todo hay que decirlo (y menos mal que ha ganado Macron en vez de Le Pen) se les puede acusar en este caso de un cierto colaboracionismo. Porque la casa Taittinger, por ejemplo, compró hace dos años (antes del Brexit) sesenta hectáreas de manzanos, perales y ciruelos a la familia Gaskain, de Kent, para cortar los árboles y plantar en su lugar vides de pinot noir y chardonnay.
Y las cepas han resultado tan fructíferas que desde entonces la producción de uva se ha triplicado, y ya está en marcha la primera botella de un espumoso inglés que se llamará Domaine Evremond (en honor de un hedonista y crítico literario del siglo XVII que se exiló en la corte del rey Carlos II e introdujo en Londres la afición al buen vino).
“La opération Angleterre no representa tanto un objetivo económico como de adaptación al cambio climático, y las 300.000 botellas anuales que venderemos a mediados de la próxima década estarán dirigidas no a la exportación sino al mercado doméstico”, dice Damien Le Sueur, director general de Taittinger.
Dado que los espumosos ingleses son muy caros (alrededor de cuarenta euros) para lo que ofrecen, el concepto de mercadotecnia es que los compren sobre todo aquellos que sientan curiosidad por lo exótico o quieran hacer patria comprando productos nacionales. O Theresa May para fardar de su terroir en las cenas que ofrezca en Downing Street a Trump, Angela Merkel o Emmanuel Macron.
Igual que en el Brexit, las cosas se ven de manera distinta según de qué lado del Canal de la Mancha. Para Taittinger, Pommery y otros gigantes del champán, las viñas del sur de Inglaterra son una póliza de seguro. Por el momento las de Reims siguen disfrutando de la cantidad perfecta de lluvia y el frescor necesario por las noches, pero la acidez de la uva ha disminuido y su potencial alcohólico ha aumentado con el cambio climático. Por cada grado que suben las temperaturas de promedio, el terreno ideal para el cultivo se traslada 400 kilómetros al norte.
Los ingleses hacen ya las cuentas de la lechera. En el 2040 Manchester será el nuevo Burdeos, Birmingham la nueva Rioja, y la Ribera del Támesis suplantará a la Ribera del Duero, y será su gran revancha sobre los europeos... Y ya se ven brindando con espumoso de Kent. ¡Viva el Brexit! ¡Viva Inglaterra! Chinchín ...
FUENTE: La Vanguardia Internacional, 16 / 05 / 2017
CIENTÍFICOS INVESTIGAN EL CAMBIO CLIMÁTICO EN ECOSISTEMAS DIMINUTOS

El próximo siglo, el cambio climático alterará los ecosistemas de los cuales depende la humanidad. Sin embargo, dada la complejidad del mundo viviente, ¿cómo se puede saber qué podría pasar?
Así es como un equipo de científicos australianos busca la respuesta: ecosistemas miniatura diseñados para simular el impacto del cambio climático. Los experimentos ya están revelando algunos peligros que no se habrían detectado si los investigadores hubieran intentado estudiar a las especies individuales de forma aislada.
“Si ponemos un pez en un tanque y vemos cómo responde a la temperatura, es una simplificación enorme de la realidad”, afirmó Ivan Nagelkerken, un ecologista de la Universidad de Adelaida que dirige la investigación.
No obstante, todo un ecosistema en la naturaleza, construido a partir de miles de especies, también tiene sus propias desventajas. “En la naturaleza hay mucha complejidad, y nunca se sabe cuál es el factor que realmente está provocando el resultado que se está observando”, comentó Nagelkerken.
Entre estos dos extremos, Nagelkerken y sus colegas han intentado crear un término medio. Llenaron doce tanques de agua marina: en cada uno había 1798 litros y un ecosistema sencillo del océano.
Pusieron arena y rocas en el fondo de los tanques, junto con hierba marina artificial sobre la cual pudieran crecer las algas. Llenaron sus ecosistemas a menor escala, llamados “mesocosmos”, de especies locales de crustáceos y otros invertebrados para que se alimentaran de las algas. Para cumplir con el segmento de los depredadores agregaron un pez pequeño conocido en Australia como “gobio de cola larga del sur”, el cual se alimenta de invertebrados.
Para observar los efectos del cambio climático, Nagelkerken y sus colegas manipularon el agua de los tanques. Los investigadores elevaron cinco grados la temperatura de tres de ellos, una proyección conservadora de qué tan tibia llegará a estar el agua en la costa sur de Australia.
Los científicos también estudiaron el efecto del dióxido de carbono que está elevando la temperatura del planeta. Ese gas se está disolviendo en los océanos, con lo cual se vuelven más ácidos y lo que puede provocar daños potenciales a las plantas y los animales marinos. Sin embargo, las algas pueden utilizar el dióxido de carbono adicional para hacer más fotosíntesis.
Para medir el impacto total, Nagelkerken y sus colegas bombearon el gas en tres tanques que tenían la temperatura actual del océano.
Y en otros tres tanques, los investigadores realizaron los dos cambios: calentaron el agua y bombearon el dióxido de carbono. Los científicos no alteraron los tres tanques restantes para que sirvieran como controles en la medición de los cambios en los otros nueve tanques.

Nagelkerken y sus colegas encontraron que el dióxido de carbono beneficiaba las tres capas de la red alimentaria. Las algas crecieron más rápido, así que proporcionaron más comida a los invertebrados, los cuales a su vez aumentaron la cantidad de comida para los gobios.
No obstante, la combinación de más dióxido de carbono con agua más caliente aniquiló ese beneficio. Incluso con más algas para comer, los invertebrados no crecieron más rápido, tal vez porque las algas proporcionan menos nutrientes cuando crecen en temperaturas altas. También es posible que los invertebrados estén bajo mucho estrés en el agua caliente como para crecer más.
Los invertebrados también enfrentaron mayor presión que sus depredadores. El agua tibia aceleró el metabolismo de los gobios, con lo cual tuvieron más hambre y devoraron más invertebrados. Con todo ese impacto, las poblaciones de invertebrados colapsaron.
Nagelkerken y sus colegas publicaron los resultados iniciales de estos estudios con los mesocosmos en la revista Global Change Biology. En otro trabajo que se publicó en el número de febrero de la revista Oikos, Nagelkerken y sus colegas brindaron evidencia de que la acidificación también puede interferir con la capacidad que tienen los peces para cazar.
En ese estudio, los investigadores criaron algunas especies de tiburones en agua marina tibia y acidificada. Encontraron que los tiburones buscaban más erizos de mar, una de las especies que comen por las temperaturas altas. Sin embargo, tuvieron menos éxito para detectar a las presas, probablemente porque la química alterada del agua marina interfirió con sus sistemas nerviosos.
Nagelkerken dijo que estos experimentos tienen implicaciones ominosas para los ecosistemas de los océanos, así como para las 3,1 mil millones de personas en el mundo que dependen del pescado para obtener 20 por ciento o más de sus proteínas.
“A medida que uno se mueve hacia arriba en la red alimentaria, hay más disparidad entre la necesidad de comer y la cantidad de comida”, dijo Nagelkerken. Y nosotros pescamos las especies que se encuentran en la parte superior de las redes alimentarias del océano.
La vulnerabilidad de los peces dependerá de sus ecosistemas individuales. Nagelkerken dijo que espera que los estudios que está realizando inspiren a otros investigadores para que los implementen con diversas especies y condiciones de otras partes del mundo.
“Este tipo de experimentos son herramientas esenciales para entender los cambios en la naturaleza”, dijo Mary O’Connor, una ecologista de la Universidad de Columbia Británica que no fue parte de la investigación australiana.
Agregó que la investigación de Nagelkerken “no es una predicción del futuro, pero es una buena demostración de lo que podemos esperar que suceda en la reorganización de la red alimentaria mientras continúen la acidificación y el calentamiento de los océanos”.
FUENTE: New York Times es , 15 / 05 / 2017
martes, 16 de mayo de 2017
ALERTA ROJA PARA EL CAMBIO CLIMÁTICO: CIENTÍFICOS ADVIERTEN "QUE ES UNA CARRERA CONTRA EL TIEMPO"

El año que pasó batió su tercer récord anual consecutivo de calor (Foto NASA)
Las pésimas estadísticas de 2016 terminaron por calar bien hondo en los científicos abocados a analizar los desencadenantes del cambio climático y sus consecuencias. Un resumen del año que pasó muestra que batió su tercer récord anual consecutivo de calor (con una temperatura que supera por cerca de un grado a la media de la era preindustrial), la porción abarcada por el hielo en el Ártico fue la segunda más reducida de la historia (4,4 millones de km2) y la Antártida perdió casi 2 millones de km2. Si esto no bastara, la concentración del temible dióxido de carbono (CO2) a escala mundial superó por primera vez la barrera de las 400 partes por millón.
"Es inequívoco y está sucediendo, es una carrera contra el tiempo", sintetiza Stefan Rahmstorf, profesor alemán de Física de los océanos -del Instituto para el Impacto del Clima de Postdam- durante la primera jornada del Climate Change Training Course for Journalists que se celebra en Berlín.
El problema no es nuevo. Rahmstorf recuerda que ya se hablaba de la influencia del dióxido de carbono en la temperatura en el año 1896. Pero en las últimas décadas todo se precipitó. El especialista, que se dedica entre otras cosas a verificar cómo el CO2 acidifica los océanos, señala que la década pasada fue la más calurosa de la que se tenga registro, con sonados récords en 2002, 2004, 2006, 2007 y 2010. Y la tendencia continúa. Como muestra, expone el que tuvo lugar en Estados Unidos en febrero de 2015, cuando mientras en la costa oeste se registraban temperaturas máximas que superaban todas las marcas, en la costa este sucedía lo mismo... pero con las mínimas.
Otra consecuencia a tener en cuenta es el cambio en el régimen de las lluvias. El efecto se siente en todos los continentes. Por eso el sudeste de España puede convertirse en un terreno desértico para fin de siglo. Por eso también la gran barrera de coral australiana está desapareciendo sin remedio. "El diagnóstico, como pueden ver, no es nada bueno; tenemos que impedir que suban las temperaturas y el acuerdo de París es claro: debe empezar ahora", sentencia.
A su turno, el Dr. Carl-Friedrich Schleussner, investigador germano que estudia la ciencia del clima y sus impactos, afirmó que los efectos del cambio climático impactarán de lleno en los "procesos socioeconómicos".
Dónde y cómo depende de distintos factores, pero dos de los principales a tener en cuenta son la vulnerabilidad, es decir, qué posibilidades tiene un país de verse afectado, y su exposición, que registra cuántos ecosistemas y procesos económicos sufrirán, y cuánta infraestructura se encuentra en los lugares que pueden ser afectados. Así, Sudamérica puede ser golpeada en su producción de alimentos, y también sentir coletazos en sus glaciares, sus lagos y sus sistemas de agua. "Es un problema multidimensional", aclara el especialista. Pero mejor será estar preparado. En el peor de los escenarios, las economías de nuestras regiones sufrirían importantes tracciones para fin de siglo, con daños en cultivos clave como el maíz, la soja y el arroz. Por otro lado, las naciones que basan buena parte de economía en la pesca, como Ecuador, Costa Rica o Indonesia, podrían enfrentar un embate de proporciones.
El resultado lógico sería una escalada de la pobreza a nivel global. El escenario menos desfavorable llevaría la cantidad de necesitados a los 142 millones, al tiempo que la hipótesis más sombría elevaría esa cifra a 900 millones. Aunque los científicos prefieren ser cautos con las pérdidas económicas por desastres naturales, las estimaciones del Banco Mundial suponen que ascenderían a los u$s 520 mil millones anuales.
Por eso también apela a aunar los esfuerzos para cumplir con el acuerdo de París. Sellado en la 21ª sesión de la Conferencia de las Partes en diciembre de 2015, fue tildado como "histórico", ya que además de reimpulsar la idea de mantener el aumento de la temperatura en este siglo por debajo de los 2º, redobló la apuesta y se propuso limitarlo por debajo de 1,5° sobre los niveles preindustriales.
"Ese medio grado que separa una suba de la temperatura de 1,5° o 2 es una gran diferencia. Por tomar un ejemplo, el crecimiento del nivel de los mares: con 1,5° llegaría a 40 centímetros en 2080 y a 40 milímetros por año en 2100. Mientras que si sube 2° podría empeorar la crecida hasta los 50 centímetros y los 55 milímetros anuales", concluye.
FUENTE: Ambito.com, Carlos Pagura, 16 / 05 / 2017
IMPASSE A LAS ACCIONES FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO
Como dice el dicho, el tiempo se nos viene encima y, desafortunadamente, en materia climática esto no es bueno porque la temperatura sigue elevándose. El Ártico se calienta el doble de rápido que el resto de la Tierra y en África ya hay varias regiones que enfrentan graves sequías. México, junto con otros países emergentes y Estados insulares, está entre los más vulnerables a los efectos del cambio climático.
Para acabarla de amolar, el gobierno de Estados Unidos decidió poner en un impasse su permanencia en el Acuerdo de París. Tan es así que la administración Trump decidió enviar a una pequeña delegación de representantes a Bonn, donde se llevan a cabo reuniones preparatorias y de análisis técnico rumbo a la COP23, a realizarse justo en esta ciudad alemana en noviembre próximo.
Alemania y Francia, por separado, han conminado a EU a continuar con la cooperación internacional tanto en materia económica como en los avances logrados hasta el momento con el Acuerdo de París.
Y lo que haga o deje de hacer la todavía nación más poderosa del planeta inexorablemente tendrá efectos en el combate global al cambio climático.
Por eso es importante su permanencia, pues junto con las demás naciones firmantes del compromiso deben acelerarse las acciones para topar a 2ºC la temperatura, financiar a los países que lo requieren, iniciar la transferencia tecnológica, disminuir la quema de hidrocarburos y adoptar energías renovables, así como agilizar la construcción de comunidades resilientes a la inestabilidad del clima.
Si decide retirarse, entonces, quizá China tomaría el liderazgo. Aunque esta idea, en el escenario de la especulación, que EU pudiera ser desbancado por un país no grato —y al que le achaca que el cambio climático sea su invento—, probablemente no le guste al señor Trump.
Mientras, como dicen los analistas sobre la Casa Blanca, hay que esperar a saber cuál de los dos bandos gana, si el encabezado por Ivanka Trump, los secretarios de Estado y Energía, Rex Tillerson y Rick Perry, respectivamente, quienes están a favor de que EU continúe en el acuerdo sobre el clima; o el de Stephen Bannon, estratega de la Presidencia, y Scott Pruitt, titular de la Agencia de Protección Ambiental, quienes consideran que el permanecer sería “mal negocio”.
En tanto, en las reuniones preparatorias rumbo a la COP23 se examinan los avances de cada país en la instrumentación de los compromisos nacionales para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, así como ir solventando cuestiones financieras y de intercambio tecnológico, según refirió al inicio de éstas, la mexicana Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Es importante decir que, a pesar de EU, hay optimismo, porque muchos de los países ya tienen leyes para frenar el cambio climático y esa base jurídica permitirá construir acciones en el corto y largo plazos.
De acuerdo con el diario británico The Guardian, un estudio realizado por el Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment de la London School of Economics, desde 1997 se han creado mil 200 leyes en materia de clima. A partir del Acuerdo de París se elaboraron 14 nuevas legislaciones y 33 políticas ejecutivas.
Así, ya son 164 países que cuentan con leyes climáticas con alcances en generación de energía, transporte, uso de la tierra, adaptación y resiliencia.
Pero hay diferencias. Los países desarrollados tienen legislaciones más eficientes y en algunos menos desarrollados —como los africanos— sus leyes tienen huecos o bien aún no cuentan con ellas. Y es justo a esas naciones a las cuales se debe apoyar.
El cambio climático es un urgente desafío para todos, porque además de dañar ecosistemas y exacerbar fenómenos climatológicos como El Niño, acentúa la pobreza, merma la salud de la población, dificulta la producción de alimentos y frena el crecimiento y desarrollo económicos.
Muy probablemente la 23ª reunión de la Conferencia de las Partes de Bonn sea crucial para el futuro de la humanidad. Por ello, el compromiso de los países debe ser mucho más ambicioso, de lo contrario, la temperatura seguirá subiendo.
Es sensato reconocer que los gobiernos no pueden solos, necesitan de la colaboración de todos los sectores. La voluntad de las empresas e industrias para reducir su huella de carbono y una sociedad más participativa y menos contaminante.
Un tema que tenemos pendiente tanto en México como en otras naciones en desarrollo es impulsar a la educación para hacer frente al cambio climático.
Y sí, en la educación ambiental para niños y jóvenes está la respuesta para un porvenir.
FUENTE: Excélsior , 16 / 05 / 2017 , Lorena Rivera
LAS INUNDACIONES DEJAN AL MENOS DOS MUERTOS EN COLOMBIA.
Al menos dos muertos e inundaciones han causado las fuertes lluvias que azotaron Colombia en las últimas horas, y que llevaron a interrumpir por breve tiempo la operación del aeropuerto El Dorado de Bogotá, según autoridades y medios locales.
Bogotá sufrió igualmente inundaciones tras un aguacero registrado este domingo que obligó a cerrar durante 36 minutos la operación del aeropuerto El Dorado, que el sábado también se había visto afectado por las lluvias y tormentas eléctricas.
“Tuvimos aguaceros muy intensos. Registramos 36 milímetros de lluvia en 40 minutos, eso es una intensidad muy alta, casi un tercio de lo que llovió en todo el mes de abril”, señaló el director del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger), Richard Vargas, en un comunicado.

Desbordamiento del río Cauca en barrio de Cali (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán Jr.
Precisó que las lluvias causaron “encharcamientos en diferentes puntos, problemas viales y afectaciones en sótanos de edificaciones”, pero con el paso de las horas el nivel de las aguas ha ido bajando.
En el municipio de Quetame, departamento de Cundinamarca, del que Bogotá es capital, se desbordó el río Contador y cuatro puentes fueron arrasados, uno de ellos peatonal, lo que dejó incomunicada a esa población, que además quedó sin servicio de agua potable.
También se registraron emergencias en el departamento de Valle del Cauca (suroeste), en especial en su capital, Cali, donde, según medios locales, al menos mil viviendas están anegadas.
El río Cauca afectó asimismo la localidad de Achí, en el departamento de Bolívar (norte), y Guaranda, en la vecina región de Sucre.
Las lluvias también han causado daños en Antioquia (noroeste) y en Norte de Santander (noreste), donde la vía que comunica la población de Ocaña con Cúcuta, la capital de ese departamento, fue taponada por un derrumbe.
Este año Colombia ha sufrido dos tragedias causadas por las lluvias, que dejaron más de 340 muertos, un centenar de desaparecidos y millonarias pérdidas materiales.
FUENTE: Efeverde, 15 / 05 / 2017
LA SOLUCIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO TERRESTRE NO PASA POR EMIGRAR A MARTE

La humanidad aquí en la Tierra está teniendo un impacto enorme en el medio ambiente. Hay quien opina que el equilibrio natural se ha roto, lo que ha dado lugar a una nueva etapa geológica: el Antropoceno. Las temperaturas continúan subiendo y los polos se derriten a un ritmo cada vez mayor.
De seguir así, el nivel del mar podría aumentar tanto que nos obligaría a crear nuevos mapas.
¿Deberemos emigrar a Marte? Aunque podría ser una solución (que ya están mirando varios científicos), el director del Goddard Space Flight Center (NASA) Gavin Schmidt piensa que no vale la pena. Y así lo hizo saber en el Congreso Internacional de Cambio Climático de Huelva.
Schmidt, que lleva trabajando como director de la NASA tres años, dijo que cada viaje a la estación espacial, con aprovisionamiento y demás, cuesta entre los 200 y los 250 millones de euros. Un viaje a Marte costaría mucho más. Esa es una cantidad de dinero que no podemos hacer frente, al menos por el momento. Para el experto, ”emigrar a Marte es pura fantasía” y, además, ”la Tierra seguirá siendo mucho más habitable que otros planetas”.
El problema radica en que no todos los países cuentan con los recursos suficientes para adaptarse. Hay unos que tienen más dinero y otros que tienen menos. Mientras que los primeros podrán tomar las medidas necesarias para seguir adelante, los otros no lo tendrán tan fácil.
Para poder hacer frente al cambio climático, Schmidt dijo que se deben presionar a los gobiernos con conciencia crítica. ”Hay gente que niega el cambio climático o que se aproxima a él desde una perspectiva ingenua. Cambiar los hábitos personales de todo el mundo no va a cambiar la trayectoria del cambio climático. Hace falta más, que se tomen decisiones a mayor nivel”.
FUENTE: Meteorología en Red , Monica Sanchez el
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