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martes, 31 de octubre de 2023

¿Es posible lograr cero emisiones netas?

Las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas están provocando el cambio climático, incluido el calentamiento global. Para retardar el cambio climático es necesario reducir estas emisiones. Es tecnológicamente factible lograr grandes reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero en los Estados Unidos durante la próxima década, y lograr cero emisiones netas en los Estados Unidos y en todo el mundo para el 2050 tendría un gran impacto en el cambio climático futuro.

Lograr cero emisiones significa no liberar ningún gas de efecto invernadero a la atmósfera, es decir, ni dióxido de carbono (CO2), ni metano, ni óxido nitroso ni otros gases de efecto invernadero. Lograr cero emisiones netas significa que todavía se emiten algunos gases de efecto invernadero, pero estos se compensan retirando una cantidad equivalente de gases de efecto invernadero de la atmósfera y almacenandolos permanentemente en el suelo, las plantas o los materiales. Debido a que la eliminación total de algunas fuentes de emisiones resultaría prohibitivamente costosa o disruptiva, se considera más factible lograr cero emisiones netas que lograr cero emisiones a escala nacional.

Muchos gobiernos y empresas se han fijado el objetivo de lograr cero emisiones netas para el 2050. Actualmente, los Estados Unidos producen 6 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año. La cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero se mide en términos de COequivalente, que es la cantidad de CO2 que tendría un impacto de calentamiento global equivalente al de otro gas de efecto invernadero (por ejemplo, metano u óxido nitroso). Para lograr cero emisiones netas en todo Estados Unidos, sería necesario reducir las emisiones netas en un promedio de 0.2 gigatoneladas de CO2 equivalente por año por los próximos 30 años. Si los Estados Unidos lograran este objetivo, reduciría las emisiones globales de gases de efecto invernadero en aproximadamente un 10 %.

¿Qué tecnologías se necesitan para lograr este objetivo?

 

Lograr cero emisiones netas requeriría cambios importantes en la producción y el uso de energía en los EE. UU. y una mayor eliminación de gases de efecto invernadero de la atmósfera. Los caminos más factibles hacia las cero emisiones netas incluyen cuatro estrategias principales:

1. Generar electricidad sin emisiones. El uso de fuentes como la energía eólica, solar, nuclear e hidráulica combinado con los avances en el almacenamiento de electricidad puede proporcionar gran parte de la electricidad del país con emisiones mínimas de CO2. Junto con estas fuentes de energía, se pueden usar otras fuentes de energía bajas en carbono para garantizar que la electricidad esté siempre disponible.  

2.  Utilizar vehículos y equipos que funcionen con electricidad en lugar de combustibles fósiles. Muchas de las mayores fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero se pueden reemplazar con equipos alimentados por electricidad. En particular, cambiar a automóviles y camiones eléctricos y utilizar calefacción eléctrica en edificios reduciría en gran medida las emisiones.

3. Utilizar la energía de manera más eficiente. Las tecnologías y los procesos más eficientes que reducen el uso de energía también pueden reducir significativamente las emisiones. El cambio a equipos eléctricos suele mejorar la eficiencia. Además, las tecnologías "inteligentes", que detectan cuándo se necesita energía y cuándo no, pueden ayudar a optimizar la forma en que se genera y utiliza la electricidad, ayudando a minimizar el desperdicio.

4. Eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera. Para compensar las emisiones que son demasiado costosas o difíciles de evitar, es necesario eliminar el CO2 de la atmósfera y almacenarlo de forma permanente. Esto se puede realizar con tecnologías que capturan directamente el CO2 del aire y lo atrapan para que no pueda volver a ingresar a la atmósfera. Las plantas y los suelos ya eliminan el CO2 de la atmósfera y ciertas prácticas de manejo de la tierra pueden aumentar su capacidad para absorber y almacenar el carbono.

Las tecnologías existentes pueden respaldar todas estas estrategias, pero deberán implementarse rápidamente a gran escala para lograr cero emisiones netas en todo el país para el 2050. Esto requerirá nuevas políticas e inversiones, así como también una cuidadosa atención a los compromisos sociales y económicas involucrados. También requerirá la participación y el compromiso del gobierno, la industria y las personas. La innovación adicional puede mejorar aún más las soluciones tecnológicas y reducir los costos.

Fuente: National Academies

 


La relación entre el biodiesel y el cambio climático


Los combustibles fósiles comprenden gran parte de la demanda actual de energí­a a nivel mundial, siendo su consumo una de las fuentes de emisiones globales más importantes de gases de efecto invernadero. Y, junto con el crecimiento en las actividades antropogénicas, la quema del combustible está creciendo a una velocidad sin precedentes, derivando en un incremento de la capacidad de retención de calor de la atmósfera, lo que eleva de forma significativa la temperatura del planeta.

El biodiesel se presenta como una alternativa y una estrategia al agotamiento de los hidrocarburos y como medio de mitigación del cambio climático, a través de la disminución de emisión de GEIs por los automóviles y maquinarias industriales.

El término biodiesel se refiere en particular a un combustible producido a partir de material renovable, como los aceites vegetales o las grasas animales. Este combustible puede degradarse hasta cuatro veces más rápido que el diesel fósil, y puede usarse directamente puro o mezclado con el diesel tradicional. 


En virtud de la legislación vigente en la República Argentina, existe una mezcla obligatoria de biocombustibles con combustibles fósiles, dictada actualmente por la Ley 27640, promulgada de hecho el dí­a 2 de agosto de 2021. Esto implica que las naftas comercializadas en nuestro paí­s deben ser mezcladas con bioetanol, hasta alcanzar una determinada concentración del compuesto. Mismo caso funciona para el diesel, el cual debe ser combinado con un cierto volumen de biodiesel.

Gracias a esta medida, se tiene un efecto positivo de gran importancia a nivel de cambio climático. En concreto, por cada litro de combustible que se consuma se van a emitir menos cantidades de los denominados Gases de Efecto Invernadero.

No obstante, el marco regulatorio existente antes de la nueva ley era más exigente con las mezclas de biodiesel - diesel. Especí­ficamente, el mí­nimo aceptable de biodiesel pasó de un 10% a un 5% de volumen en volumen, pudiendo llegar a un 3% en casos puntuales.


En términos de cambio climático, dicha modificación implica un aumento de poco más del 5% de las emisiones netas de GEIs. Esto quiere decir que, por cada 1000 litros de combustible que se consuman, se emitirán alrededor de 13kg más de Dióxido de Carbono equivalente.

A modo de ejemplo, según el inventario de GEI de Argentina publicado para el año 2016, en dicho perí­odo se consumieron 14 mil millones de litros dentro del sector energí­a. En virtud de la nueva ley, este consumo implicarí­a la emisión de un total de casi 2 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente para años venideros, considerando un mismo consumo.


Si bien el uso de biodiesel ha abierto un gran debate a nivel global, sigue siendo un combustible alternativo con mucho potencial. No obstante, ya que un análisis ambiental requiere una perspectiva global de todos los impactos asociados, este análisis se limita a los fines del cambio climático, resultando como una gran alternativa frente al diésel de origen fósil.

La eficiencia energética y las energí­as renovables son una gran herramienta a la hora de buscar soluciones para cumplir los objetivos del clima en el sistema energético pero siempre se las debe acompañar de otras medidas que fomenten la reducción del impacto negativo de las actividades en el ambiente. 

Fuente: Red Argentina de municipios frente al Cambio Climático

lunes, 30 de octubre de 2023

¿Qué puede hacer una empresa para frenar el cambio climático?


Una vez más, la información ambiental se ha colado en las portadas de todos los medios y en primera línea de la agenda política en los últimos días debido a la celebración de la COP26 en Glasgow.

La cumbre del clima, que enfrenta ya sus últimas horas, ha servido sin duda para dar visibilidad mundial al principal desafío que tenemos como humanidad: frenar el cambio climático para moderar sus efectos sobre las personas, los ecosistemas y el planeta en su conjunto.

Hay más dudas respecto a si habrá servido de algo ‘en la práctica’, si de ella saldrán medidas que de verdad representen un avance firme hacia ese objetivo complejo y urgente. Pero lo que está claro es que la sociedad no puede quedarse sentada a esperar que los políticos decidan qué hacer. ¿Seguimos hablando de ello, o pasamos a la acción?

Las empresas tienen un importante papel en esta misión. La industrialización ha sido una de las principales causas del calentamiento global, y según un informe de CDP, solo un centenar de grandes compañías de todo el mundo son responsables del 71% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero generadas desde 1998.

La descarbonización de la economía es fundamental para invertir la tendencia, y muchas organizaciones están trabajando ya en este sentido para reducir su huella de carbono (el Observatorio de la Sostenibilidad estima que España redujo sus emisiones de CO2 un 21% en 2020 respecto al año anterior). Pero hay otras medidas que cualquier empresa puede adoptar para contribuir a combatir el cambio climático.

Medición, reducción y compensación de CO2

El primer paso sería medir sus propias emisiones y calcular su huella de carbono, e impulsar estrategias para reducirla, como el uso de energías renovables, sistemas de iluminación LED, viajes y flotas a base de vehículos no contaminantes…

Y después, elegir de qué manera compensar esa huella, destinando recursos a iniciativas que se dedican a impulsar la reforestación, la eficiencia energética o el tratamiento de residuos, entre otras.

Circularidad y distribución responsable

Las cadenas de suministro representan una de las actividades que más emisiones genera, por lo que las empresas han de elegir a sus proveedores con responsabilidad, seleccionando a aquellos que hayan integrado la sostenibilidad en su negocio.

Asimismo, también deben hacer una apuesta por la circularidad, sustituyendo en sus procesos las materias primas vírgenes por otras recicladas, incorporando procesos productivos más sostenibles, apoyando los productos ecológicos, optimizando sus sistemas de abastecimiento y distribución a partir de vehículos impulsados por energías verdes.

La sostenibilidad como esencia del negocio

A la sociedad ya no le sirve el greenwashing; exige empresas auténticas y responsables. Y para conseguirlo solo hay una vía: integrar el compromiso con el desarrollo sostenible en el corazón del negocio, como una decisión estratégica transversal que forma parte de la propia estrategia de negocio y de la cultura corporativa.

A la sociedad ya no le sirve el ‘greenwashing’; exige empresas auténticas y responsables. Y para conseguirlo solo hay una vía: integrar el compromiso con el desarrollo sostenible en el corazón del negocio.

Es recomendable que como punto de partida se realice un análisis de materialidad, para identificar los aspectos en los que debe incidir la compañía para focalizar su contribución y alinearla con su propósito corporativo.

Así, la empresa no solo será más sostenible, sino también más eficiente, y mejorará su reputación y su atractivo hacia la sociedad y hacia potenciales inversores.

Digitalización y automatización

No podríamos plantearnos el desarrollo sostenible sin la innovación, que es la que hace posible avanzar hacia nuevas formas de consumo, de producción, de suministro energético, de reciclaje y aprovechamiento de los recursos…

A nivel de procesos internos, la digitalización y la automatización también permiten optimizar la actividad de las organizaciones, ganando en eficiencia y evitando malgastar todo tipo de recursos.

En este sentido, cabe destacar la importancia de las propias herramientas tecnológicas que permiten gestionar, medir y reportar las estrategias de sostenibilidad, mejorando la transparencia y facilitando la elaboración de los informes de actividad no financiera.

Divulgación y concienciación

Las empresas son un importante altavoz para dar visibilidad a sus propias iniciativas y campañas de concienciación, con las que motivar a la sociedad y a sus grupos de interés a ser parte del cambio, a remar en una misma dirección para aportar un impacto positivo al planeta.

Empezando por sus propios empleados y continuando por sus clientes y usuarios, sus proveedores, sus accionistas e inversores…

Frenar el cambio climático es tarea de todos, y las empresas deben aprovechar su posición estratégica para influir en la sociedad, mostrándose como ejemplo de buenas prácticas y creando tendencias que contribuyan a conseguir ese gran reto.

Mostrar lo que es posible conseguir con un poco de responsabilidad y esfuerzo resulta de lo más motivador para captar más adeptos y seguir avanzando.

Fuente: Revista HAZ


CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS EFECTOS EN LA EROSIÓN COSTERA (PLAYAS DE HONDURAS)

Honduras de acuerdo al Index Global de Riesgos Climáticos, es el país mas afectado por el cambio climático entre 1992 al 2011. Ante el estado fallido en que nos encontramos, la gravedad de la problemática ha sido totalmente desatendida. Mientras las playas se las come el mar, la mayor preocupación de la elite de poder, es ver como rematan el país por pedazos.


La pérdida acelerada de las playas del Caribe hondureño, como consecuencia del incremento de la erosión costera y el cambio climático, han colocado en peligro a buena parte de las comunidades Garífunas. El avance de la linea más alta de las mareas y la ausencia de las barreras naturales de protección, colocan en riesgo aquellas comunidades localizadas en cordones litorales y deltas.

La desaparición del coco en la gran mayoría del litoral Caribe, como consecuencia de la enfermedad viral conocida como amarillamiento letal del coco, es una de las mayores problemáticas que ha sufrido el pueblo Garífuna, sin que se logrará concretar un plan de recuperación de las 6.000 hectáreas de coco que existían en Honduras.

El coco fue introducido a la costa del caribe mesoamericano por los españoles, los cuales importaron la nuez desde África occidental y paulatinamente remplazó a las especies vernáculas, como los icacos y las uvas de mar. Durante siglos las plantaciones de coco fueron uno de los pilares de la economía informal Garífuna, además de conformar la barrera natural mas importante de protección del litoral.

El Huracán Mitch, la desaparición del coco y de las playas

Podemos señalar el arribo del huracán Mitch, como el inicio de la hecatombe en el caribe mesoamericano. A partir de noviembre de 1998, comenzaron a aflorar una serie de graves indicios en relación al desequilibrio de los habitantes costeros y marítimos, que reflejaron el ecocidio existente durante décadas. La enorme deforestación y sedimentación de los ríos del istmo, causó miles de muertos además de las pérdidas económicas.

No obstante la destrucción causada por el Mitch, el Estado de Honduras poco o nada ha hecho para remediar la deforestación y lograr la recuperación de cuencas hidrográficas. De ahí que cualquier fenómeno meteorológico, tenga resultados catastróficos.
A partir del Mitch, se hizo efectiva la desaparición de los cocos, comenzado a concretarse un avance de la linea mas alta de las mareas y algunas de las comunidades sufrieron marejadas de forma mas frecuente. El paulatino fenómeno de erosión costera, en muchas ocasiones ha pasado desapercibido, y es solamente cuando se presentan las mareas de tormentas, cuando la alarma cunde entre nuestro pueblo.

Estrategias de adaptación y mitigación al cambio climático

El fenómeno de erosión costera no ha sido estudiado adecuadamente en Honduras. A nivel de Centroamérica Cathalac ha realizado un estudio sobre el mismo; no obstante, las comunidades desconocen la gravedad de la problemática que confrontan y la cual se agudizará a medida que los niveles oceánicos aumenten. En el informe "Bajemos la Temperatura" del Banco Mundial (BM) indica que en zonas tropicales el aumento de los niveles oceánicos será de un 20% mayor que en otras regiones del globo. El interesante documento del BM es una contradicción con la política de esa institución financiera de apoyar plantas de energía sucia.

El pronóstico sobre la costa caribe mesoamericana no es halagüeño: buena parte de las comunidades Garífunas se encuentran en cordones litorales, los que ya sufren además del embate de la erosión costera y el aumento de los niveles oceánicos, un proceso de salinización de los humedales costeros, ante la disminución de los caudales de los ríos que discurren hacia la costa. Las lagunas de Tocamacho, Bacalar, Micos y Alvarado, se encuentran en enorme peligro, al ceder la fina barrera que separa a las lagunas del mar, lo que generará resultados desastrosos.
Ante la ausencia de un plan concreto de replantación de los cocos, proyecto que fue abandonado por el estado y la cooperación, la OFRANEH viene creando viveros de icacos y uvas de mar como una respuesta rápida a la perdida de las playas, con la intención de crear barreras naturales de protección. El proyecto es en una escala mínima, ante el imperativo existente de proteger el hábitat costero.

Desde los bejucos de playa (ipomea pes capare y la canavalia rosae) los que cumplen una función de estabilización de las playas - y que se encuentran casi en extinción-, pasando por el espartillo y la hierba de costa (Jouvea pilosa, Heliotropium curassavicum), los diferentes tipos de mangles (Avicennia germinanis, Laguncularia racemosa, Rhizophora mangle), los icacos y uvas de mar (Chrysobalanus icaco, Coccobola uviera), y los almendros de malabar (Terminalia catappa), son herramientas necesaria para lograr frenar el avance de la erosión costera.
Desafortunadamente en Honduras cuando se habla de cambio climático, el Estado simplemente se refiere a las falsas soluciones como los Mecanismos de Desarrollo Limpio (alias destrucción de los ríos) y los proyectos de Reducción de las Emanaciones creadas por la deforestación y degradación del Bosque (REDD).

En cuanto a los pueblos indígenas, el Estado ha iniciado un proyecto piloto, el que fue municipalizado, por ende politizado. De ahí que de antemano se diluyó las buenas intenciones ya que las alcaldías en ningún momento responden a los intereses de los pueblos indígena, sino de aquellos vinculados con las caricaturas de caudillos que controlan el país.
Honduras de acuerdo al Index Global de Riesgos Climáticos, es el país mas afectado por el cambio climático entre 1992 al 2011. Ante el estado fallido en que nos encontramos, la gravedad de la problemática ha sido totalmente desatendida. Mientras las playas se las come el mar, la mayor preocupación de la elite de poder, es ver como rematan el país por pedazos.

FUENTE: ecoportal.net (REPOST)

Los espacios verdes: un recurso indispensable para lograr una salud sostenible en las zonas urbanas


Las enfermedades no transmisibles y el cambio climático son dos de los desafíos más importantes del siglo XXI, ya que ambos representan una importante amenaza para la salud y el desarrollo sostenible. Las enfermedades no transmisibles, entre ellas el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas, la diabetes y los trastornos mentales y neurológicos, son responsables actualmente del 68% de la mortalidad mundial, al mismo tiempo que, según se prevé, el cambio climático causará varios cientos de miles de muertes al año para 2030. Entre los factores de riesgo vinculados a las enfermedades no transmisibles está la exposición a la contaminación atmosférica y la inactividad física. 

El 88% de los habitantes de zonas urbanas están expuestos a unos niveles de contaminación del aire exterior superiores a lo establecido en las Guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Calidad del Aire, y en 2012, 3,7 millones de muertes en todo el mundo fueron atribuibles a la contaminación atmosférica. Además, la urbanización conlleva cambios en la ocupación y en los estilos de vida asociados a unos niveles más bajos de actividad física y a un mayor uso del automóvil. La OMS atribuye 3,2 millones de muertes anuales a la inactividad física y 1,3 millones a las lesiones causadas por el tráfico por carretera.

Estos factores de riesgo tienen algunos orígenes y soluciones en común con el cambio climático, en particular en los sectores de la energía y el transporte, y son especialmente importantes a medida que aumenta la urbanización. La rapidez de la urbanización y del crecimiento demográfico contribuye enormemente a las enfermedades no transmisibles y al cambio climático. Las zonas urbanas facilitan la actividad en múltiples sectores en los que pueden realizarse intervenciones. Así pues, además de plantear enormes desafíos, las zonas urbanas ofrecen grandes oportunidades de lograr un cambio positivo y sostenible.

El mundo reconoció recientemente la importancia de estas cuestiones con la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con la que los Gobiernos se comprometieron a garantizar el progreso respecto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus 169 metas. El avance en las metas relativas a las enfermedades no transmisibles y al cambio climático dependerá del progreso alcanzado en otras muchas esferas prioritarias, y vice versa. En el futuro, será fundamental elegir intervenciones dirigidas a lograr diferentes metas y objetivos al mismo tiempo, a fin de lograr la máxima repercusión.

La función de los parques, los espacios verdes y los cursos de agua como soluciones para la salud urbana

Los parques, los espacios verdes y los cursos de agua son importantes espacios públicos en la mayoría de las ciudades. Ofrecen soluciones a la repercusión de la urbanización rápida y poco sostenible en la salud y el bienestar. Los beneficios sociales y económicos de los espacios verdes urbanos son igualmente importantes, y deben estudiarse en el contexto de cuestiones de interés mundial como el cambio climático y de otras prioridades establecidas en los ODS, incluidas las ciudades sostenibles, la salud pública y la conservación de la naturaleza.

La literatura científica describe varios modos en los que el entorno natural puede afectar positivamente a la salud y el bienestar humanos, ya que las zonas naturales ofrecen oportunidades de realizar actividad física, mantener el contacto social y reducir la tensión. Cada vez hay más estudios epidemiológicos que demuestran los diversos efectos positivos que conlleva mantener espacios verdes urbanos, por ejemplo la mejora de la salud mental y la reducción de la depresión, la mejora de los resultados de los embarazos y la reducción de las tasas de morbilidad y mortalidad cardiovascular , obesidad y diabetes.

Los grupos desfavorecidos suelen vivir en barrios con poco espacio verde disponible, mientras que los estudios muestran que las personas socioeconómicamente desfavorecidas suelen ser las que más se benefician de la mejora del acceso a los espacios verdes urbanos. Por tanto, reducir las desigualdades socioeconómicas en la disponibilidad de espacios verdes urbanos puede ayudar a reducir las desigualdades en la salud vinculadas a los ingresos, la pertenencia a minorías, la discapacidad y otros factores socioeconómicos y demográficos9

Aumentar el número y la calidad de los espacios verdes puede mitigar los contaminantes climáticos de corta vida que producen un fuerte efecto de calentamiento global y contribuyen notablemente a más de 7 millones de muertes prematuras al año relacionadas con la contaminación atmosférica. Las fuentes, los estanques, los lagos y los jardines en tejados en las zonas urbanas también moderan los extremos de temperatura y reducen el efecto urbano de isla térmica, lo que ahorra energía y mejora la calidad del clima en las ciudades. La contaminación atmosférica contribuye al aumento de las temperaturas y a episodios de olas de calor, que conllevan mayores tasas de mortalidad por infarto de miocardio o derrame cerebral a causa de la fatiga térmica, en particular en personas con enfermedades no transmisibles preexistentesPor cada árbol plantado estratégicamente para proporcionar sombra, podrían reducirse directamente alrededor de 10 kg de emisiones de carbono de las centrales eléctricas al reducir la demanda de aire acondicionado. Solo en Europa se producen 400.000 muertes prematuras por año a causa de la contaminación atmosférica, lo que conlleva un costo de entre 330.000 millones y 940.000 millones de euros.

Además de los beneficios evidentes de la mitigación del cambio climático y la reducción de la contaminación atmosférica, los parques, los espacios verdes y los cursos de agua ayudan a reducir la exposición a un factor de riesgo muy importante vinculado a las enfermedades no transmisibles, la inactividad física, que causa 3,2 millones de muertes al año. Los parques y los espacios verdes brindan a la gente la oportunidad de caminar y desplazarse en bicicleta más a menudo y realizar actividades físicas de ocio. Por tanto, las inversiones en los parques urbanos, los espacios verdes y los cursos de agua son un modo eficaz y económico de promover la salud y mitigar el cambio climático.

Fuente: Naciones Unidas

domingo, 29 de octubre de 2023

El calor extremo en América del Norte, Europa y China en julio de 2023 es mucho más probable debido al cambio climático


Un nuevo estudio de atribución determinó que las olas de calor extremo que recientemente azotaron a América del Norte, Europa y China fueron mucho más probables e intensas por el cambio climático.

El estudio, realizado por World Weather Attributions, utilizó modelos climáticos para mostrar la probabilidad de que estas olas de calor sucedan en un mundo con y sin el cambio climático causado por el hombre. El resultado fue que en este último caso, estos eventos hubieran sido extremadamente raros.

 

La probabilidad de tener una ola de calor como la de  julio 2023 del sur de Europa, América del Norte y China fue hasta 50 veces mayor de lo que hubiera sido en un mundo sin el calentamiento extra producto de la emisión de gases de efecto invernadero.

 

En China, por ejemplo, el estudio encontró que una ola de calor de esas características solo ocurría cada  250 años sin cambio climático. Pero con el clima actual pueden ocurrir una vez cada 5 años. 

 

Mientras que lo que ocurrió este mes en EEUU, México y Europa, son eventos que sin el cambio climático serían prácticamente imposibles. Pero gracias a la actividad humana, un evento como este es esperable aproximadamente una vez cada 15 años en América del Norte; y cada 10 años en el sur del Viejo Continente. 

El estudio también encontró que las olas de calor fueron aproximadamente 2,5 °C más cálidas en el sur de Europa, 2 °C más cálidas en América del Norte y aproximadamente 1 °C en China en el clima actual de lo que hubieran sido en el pasado. 

 

En julio de 2023, Europa experimentó temperaturas superiores a los 40 °C, incendios forestales, cortes de energía y se reportaron decenas de víctimas. En China, las temperaturas superaron los 45 °C en el suroeste, con trágicas consecuencias para la vida, los ecosistemas y la producción del país.  En América del Norte, las altas temperaturas superaron los 50 °C en el oeste, y en el estado de Arizona, algunas ciudades llevan más de 25 días con temperaturas que no descienden de los 35°C.

 

El estudio identificó que la ola de calor fue causada por una combinación de factores, pero el cambio climático fue el más determinante. A menos que el mundo deje de quemar combustibles fósiles rápidamente, estos eventos serán aún más comunes y el mundo experimentará olas de calor aún más calientes y duraderas. Una ola de calor como las recientes ocurriría cada 2 a 5 años en un mundo 2 °C más cálido que el clima preindustrial.


Las olas de calor se encuentran entre los peligros naturales más mortíferos. Miles de personas mueren cada año por causas relacionadas con el calor. Sin embargo, el impacto total de una ola de calor rara vez se conoce hasta semanas o meses después, una vez que se recopilan los certificados de defunción o los científicos pueden analizar el exceso de muertes. Muchos lugares carecen de un buen registro de las muertes relacionadas con el calor, por lo que es probable que las cifras de mortalidad global actualmente disponibles están subestimadas.


Fuente: Servicio Meteorológico Nacional (Argentina)

Las lluvias son cada vez más fuertes mientras el planeta se calienta, ¿por qué?






Las lluvias extremas lo son cada vez más a medida que aumentan las temperaturas. Puede parecer contradictorio, pero la física que lo explica es muy clara.

Uno de los efectos secundarios más extraños del cambio climático es su efecto sobre las precipitaciones. Aunque la mayoría de la gente piensa en el calentamiento global en términos de calor extremo, el tipo de desastre natural más mortífero en Estados Unidos, también hay un riesgo creciente de precipitaciones extremas. Por término medio, lloverá más en la Tierra, y las tormentas individuales serán más intensas.

El sudor de la Tierra

Intuitivamente, no tiene demasiado sentido. Pero la física es clara y tiene grandes consecuencias, dado lo destructivas y mortales que ya eran las inundaciones antes del cambio climático.

Piensa en la lluvia como en el sudor de la Tierra. Cuando tu cuerpo suda y la humedad se evapora de tu piel, arrastra calor con ella. Del mismo modo, el agua que se evapora de la tierra y los océanos se lleva el calor de esas superficies. Este enfriamiento realiza aproximadamente la mitad del trabajo total de dispersión del calor de la superficie del planeta, manteniéndolo en equilibrio con la luz solar entrante. Cuando la humedad sube, se condensa y luego cae en forma de lluvia.

Los gases de efecto invernadero de la atmósfera son como una cobija que dificulta a la Tierra la dispersión del calor hacia el espacio. Cuantos más gases de efecto invernadero contiene, más "gruesa" se vuelve esta cobija. En respuesta, la Tierra utiliza más la refrigeración por evaporación, del mismo modo que se suda más bajo un edredón de plumas que bajo una sábana de algodón.

"Es una cuestión básica de equilibrio energético", explica Liz Moyer, científica atmosférica de la Universidad de Chicago que estudia la influencia del cambio climático en las precipitaciones. "La misma física que nos da el efecto invernadero también hace que el planeta pierda más energía por evaporación. Y como todo lo que sube tiene que bajar, eso significa que también llueve más".

Aire más húmedo

Los científicos atmosféricos se basan en la ecuación de Clausius-Clapeyron, que dice que por cada grado centígrado de calentamiento, el aire puede contener entre un 6% y un 7% más de agua. Si no cambia nada más, cabría esperar el mismo aumento en la cantidad de lluvia de una tormenta determinada.

Sin embargo, advierte Moyer, "el hecho de que una atmósfera más cálida retenga más humedad no indica que vaya a aumentar la precipitación media. Ese cambio viene determinado por una física diferente. Incluso se podría imaginar una atmósfera que retuviera más humedad pero no aumentara la precipitación media. En ese caso habría tormentas más intensas, pero llovería con menos frecuencia". En otras palabras, más humedad podría dar lugar simplemente a más humedad sin lluvia.

Según Yoo-Geun Ham, climatólogo de la Universidad Nacional de Chonnam, en Corea del Sur, un país que ha sufrido inundaciones, a los científicos les ha resultado siempre difícil distinguir entre la variabilidad natural de las lluvias y la influencia del cambio climático. Las precipitaciones son, por naturaleza, un fenómeno muy complejo y variable. Un año puede ser naturalmente más húmedo o más seco que el siguiente, independientemente del cambio climático. "La precipitación tiene una variabilidad natural muy alta en comparación con otras variables meteorológicas", ilustra Ham. "La precipitación en sí misma es una variable muy difícil para detectar señales de calentamiento global".

Así que en un estudio reciente, Ham y sus colegas utilizaron un modelo de aprendizaje profundo para analizar los datos de precipitación, desentrañando la señal del cambio climático en las últimas décadas. "Estamos teniendo muchos casos de eventos de precipitaciones más intensas, en particular este año en el este de Asia y el este de EE.UU.", comenta Ham. "Podemos concluir que ese tipo de aumento en la ocurrencia de eventos de precipitaciones intensas se debe al calentamiento global".

La influencia del calentamiento global sobre las lluvias extremas

La costa oeste de EE UU también se va a empapar. Allí, las tormentas de "río atmosférico " que la atraviesan se alimentan de humedad a medida que avanzan por el Pacífico. "Cuando la superficie del océano se calienta un grado o algo así, aumenta la cantidad de agua que llega a California a través de los ríos atmosféricos", refiere Rao Kotamarthi, científico del Laboratorio Nacional Argonne quien estudia las precipitaciones y el cambio climático.

Las lluvias extremas se vuelven especialmente peligrosas cuando el agua se vierte con rapidez. El paisaje no tiene tiempo de absorber el diluvio, lo que provoca inundaciones repentinas. Si una tormenta sigue a otra, el suelo puede estar ya demasiado húmedo para aceptar más agua.

Este tipo de peligro es cada vez mayor en zonas donde la nieve es habitual, como las zonas altas. A principios de este año, un estudio reveló que las precipitaciones extremas aumentan un 15% por cada grado centígrado de calentamiento en las regiones montañosas y las latitudes altas. Es más del doble de lo que sugiere la ecuación de Clausius-Clapeyron.

"Cuando hablamos de precipitaciones extremas, y nos fijamos en el impacto que tienen en términos de graves inundaciones y daños a las infraestructuras, lo que realmente importa es si las precipitaciones caen en forma de lluvia o de nieve", sostiene Mohammed Ombadi, climatólogo de la Universidad de Michigan y autor principal del artículo. "Lo que vemos es que el calentamiento global no solo está aumentando las precipitaciones debido a que hay más vapor de agua en la atmósfera, sino que una mayor proporción de esta presentación extrema está cayendo en forma de lluvia en lugar de nieve".

Ciudades más permeables

Los peligros se multiplican cuando hay más lluvia y menos nieve. La nieve se acumula lentamente y puede tardar meses en fundirse del todo. Los aguaceros liberan toda esa agua de golpe. En las regiones montañosas, la lluvia también puede desencadenar corrimientos de tierra, como los que asolaron el Himalaya en agosto. "Según algunos datos preliminares que se han recogido", destaca Ombadi, "parece que el hecho de que una mayor proporción de precipitaciones caiga en forma de lluvia en lugar de nieve fue realmente un factor clave que condujo a lo que ocurrió el mes pasado".

Las infraestructuras actuales simplemente no están preparadas para estos diluvios cada vez mayores, y eso pondrá vidas en peligro. En general, los urbanistas han diseñado los sistemas de drenaje de las ciudades para evacuar el agua de lluvia lo más rápidamente posible y evitar así las inundaciones. Pero a medida que las precipitaciones son más intensas, los canales y alcantarillas no pueden evacuar el agua con la rapidez suficiente.

Por eso, la atención se está centrando en hacer las ciudades más "esponjosas", con menos superficies impermeables donde pueda acumularse el agua, como el concreto, y más espacios verdes para que el agua pueda filtrarse a los acuíferos subyacentes para su uso posterior. "Definitivamente, tenemos que cambiar la forma en que diseñamos las nuevas infraestructuras para que sean coherentes con el cambio que está provocando el calentamiento global", indica Ombadi, "y con lo que ocurrirá dentro de 10, 20 y 30 años".

Fuente: Wired 

Qué es el cambio climático subterráneo y cómo afecta a las grandes ciudades del mundo

En múltiples zonas urbanas, el calor se difunde constantemente desde sótanos, aparcamientos, redes de calefacción y los propios materiales de construcción.

Los científicos definen el cambio climático subterráneo como un “peligro silencioso” que acecha por debajo de grandes ciudades. Hasta hace poco, sus efectos en la infraestructura civil no habían sido investigados con profundidad. Sí se conocían sus vínculos con la contaminación de agua subterránea e incluso con afecciones de salud como el asma y los ataques al corazón.

Pero, un estudio reciente de la Universidad Northwestern en Estados Unidos relaciona por primera vez este fenómeno con la transformación del suelo debajo de zonas urbanas.

El suelo se deforma como resultado de las variaciones de temperatura y no existen estructuras civiles diseñadas para soportar estas variaciones”, dice el líder del estudio, el profesor de ingeniería civil y medioambiental Alessandro Rotta Loria.

De esta amenaza también se puede sacar provecho. De acuerdo a Rotta Loria, este calentamiento puede utilizarse como recurso energético si se captura en las condiciones adecuadas.

¿Qué es el cambio climático subterráneo?

“Es un término que se usa para describir el aumento de temperatura por debajo de la superficie” resume Rotta Loria en conversación con BBC Mundo. “Se le llama así porque implica cambios en las condiciones climáticas subterráneas, pero este no tiene que ver con el cambio climático de la superficie aunque sea otra muestra del impacto humano en la Tierra”, añade el experto.

En múltiples zonas urbanas del mundo, el calor se difunde constantemente desde sótanos, sistemas de transporte subterráneo, aparcamientos, redes de calefacción y los propios materiales de construcción, que absorben y retienen calor durante el día y lo liberan durante la noche.

Es por ello que las ciudades son en general más calientes que las zonas rurales y están más expuestas a las consecuencias de este fenómeno.

¿Cómo afecta a las ciudades?

Las primeras investigaciones sobre el cambio climático subterráneo comenzaron hace unos 25 años. Estas variaciones de temperatura pueden afectar el crecimiento normal de las plantas, la forma en que fluye el agua subterránea, la salud de las personas y el estado de las vías de transporte subterráneo, provocando disrupciones costosas cada año.

Los estudios de Rotta Loria son los primeros que rastrean los efectos de este fenómeno en la infraestructura civil. Y hallaron que deformaciones severas del subsuelo pueden provocar problemas en la estética y función operativa de los edificios, potencialmente necesitando reparaciones económicas costosas.

La seguridad de las personas, de momento, no parece estar comprometida. “No es que un edificio vaya a colapsar de repente. Las estructuras se están hundiendo lentamente. Las consecuencias podrían ser muy malas, pero tomará un largo tiempo para verlas”, dice el experto.

“Es muy probable que el cambio climático subterráneo ya haya causado grietas que no asociamos a este fenómeno porque no éramos conscientes de ello”, añade. Muchos edificios, incluso modernos, no fueron diseñados para tolerar las variaciones de temperatura actuales.

En cualquier caso, Rotta Loria dice que los edificios modernos lidiarán mejor que estructuras más viejas, por ejemplo en los cascos históricos de Europa, donde persisten muchos cimientos de origen medieval. Cada ciudad necesitaría una evaluación individual y más estudios, pero en el caso de América Latina, Rotta Loria apunta que “las más densas, sobre terrenos inestables y blandos, serán más propensas a sufrir daños producto del cambio climático subterráneo”.

Según simulaciones hechas por el equipo de Rotta Loria, las temperaturas más cálidas pueden hacer que el suelo se hinche y se expanda hacia arriba una docena de milímetros. También provocarían que el suelo se contraiga y hunda varios milímetros bajo el peso de un edificio, hasta 8 milímetros.

Y aunque esto pueda parecer sutil, es más de lo que muchos componentes de construcción y sistemas de cimentación pueden manejar sin comprometer sus requisitos operativos.

Ante la amenaza… Oportunidad

Rotta Loria pide que nuevas construcciones tengan en cuenta este fenómeno para que las estructuras sean más resistentes y se mitiguen sus peligros a largo plazo. También dice que es posible instalar aislantes térmicos en edificios existentes y minimizar la cantidad de calor que entra al suelo.

Por último, señala la oportunidad energética que este calentamiento supone si se aprovecha de forma adecuada. “Hay tecnologías geotérmicas que pueden recoger el calor y administrarlo en la calefacción de edificios, seguramente suficiente para cubrir su demanda”, explica el investigador.

Chicago, un laboratorio vivo

El equipo de la Universidad Northwestern instaló una red inalámbrica de más de 150 sensores de temperatura en un barrio de Chicago.


Para comparar, también enterraron sensores en Grant Park, un espacio verde lejos de edificios y metros. Los datos indicaron que las temperaturas subterráneas en el barrio de Chicago eran hasta 10 grados más cálidas que las de Grant Park.

“Usamos Chicago como nuestro laboratorio vivo, pero el cambio climático subterráneo es común a todas las áreas urbanas densas por el mundo”, dice Rotta Loria. Ahora falta que se repliquen estos estudios en otras ciudades del mundo para evaluar cada caso por separado.

Fuente: La Nacion